Sexilio, cuando te persiguen por ser LGTB+ 🏳️‍🌈

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Sexilio, cuando te persiguen por ser LGTB+ Pyrosky - Getty Images

Si tenemos en cuenta que en 70 países criminalizan a la población LGTB+ y en 11 les pueden condenar a muerte, entenderemos qué significa el sexilio: tener que huir debido a tu orientación o identidad sexual. Pero no sólo ocurre en países lejanos. En las zonas rurales de España, a veces las cosas se complican para las personas LGTB+ y la intolerancia las fuerza al desarraigo y a buscar el anonimato de las grandes ciudades. La campaña ‘Hay Ganas de Orgullo de Pueblo’ lucha contra ello.

El sexilio es un término que acuñó en 1997 el sociólogo puertorriqueño Manolo Guzmán. Se refería a las cientos de miles de personas LGTB+ en el mundo que tienen que escapar de leyes opresoras. En Arabia Saudí, Brunei, Irán, Mauritania, Nigeria y Yemen, la pena de muerte es el castigo, mientras que en Afganistán, Emiratos Árabes Unidos, Pakistán, Qatar y Somali, dejan la puerta abierta a la interpretación de la ‘sharía’, el sistema legal islámico. Una puerta muy oscura que puede acabar en latigazos o muerte.

Sin embargo, no hay que irse tan lejos para darse de bruces con la lgtbfobia. Las zonas rurales, habitualmente más conservadoras, también son más complicadas para vivir libremente tu orientación o identidad sexual. Por eso, la población LGTB+ suele emigrar a las grandes ciudades, entornos ‘friendly’ y con un anonimato que sirve de refugio. Según la Agencia de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea de 2020, tan solo el 13% de la población de la Unión Europea LGTB+ vive en un entorno rural.

“Alejarse del entorno que te ve crecer no es nada sencillo de asimilar, por la gran carga emocional que conlleva. La familia es el refugio al que todos acudimos en una circunstancia de debilidad”, explica Úrsula Mejía Melgar, directora de Marketing para el Sur de Europa en Diageo y portavoz del proyecto ‘Hay Ganas de Orgullo de Pueblo’, que quiere dar a conocer el fenómeno del sexilio y concienciar en las zonas rurales.

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La actriz Patricia Galván tuvo que abandonar su casa en plena cuarentena al salir del armario. “Allí no podía ser quién soy”, cuenta.D.R.

Este proyecto, apoyado por J&B, celebra a los pueblos y gentes que permiten que nadie se quede fuera, acogiendo la diversidad, seas quien seas y ames a quien ames. Para ello, acercan la celebración del Orgullo LGTB+ a la España rural, “para visibilizar esta realidad y homenajear a quienes abren sus puertas a la comunidad LGTB+, apostando por la inclusión y la libertad”.

Pueblos orgullosos

Este verano, su carroza Sol, inspirada en el artista y activista LGTB+ José Pérez Ocaña, ha recorrido los pueblos Cantillana (Sevilla), Algarrobo (Málaga), El Barco de Ávila (Ávila), Guadassuar (Valencia), Pola de Allande (Asturias) y Briviesca (Burgos). Además, Eduardo Casanova ha dirigido el vídeo de la campaña, con la canción ‘Volver’ en la voz de Soleá Morente. En él, aparecen jóvenes que han vivido el sexilio en su piel.

Como la de la actriz Patricia Galván, que tuvo que abandonar su casa en plena cuarentena al salir del armario. “Allí no podía ser quién soy. Como actriz, siempre supe que me tendría que marchar de Jerez para poder trabajar, pero a título personal lo necesitaba, porque era la única manera de vivir”, cuenta la intérprete.

Hoy, Patricia reconoce sentirse feliz por la decisión que tomó: “No sabéis cuánto me alegro de poder decir y ser quien soy ahora mismo, porque por fin puedo decir que estoy viviendo 100% completa.” Además, la actitud de su padre ha cambiado a mejor: ahora se siente orgulloso de que su hija esté participando en esta iniciativa.

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Ariel, joven trans para quien el sexilio fue la única salida “porque no pude aguantar estar con personas que me limitaban, minusvaloraban o controlaban, mientras no comprendían quién era yo, ni me ayudaban a entenderme".D.R:

Para Ariel, un joven trans que también participa en ella, el sexilio fue la única salida “porque no pude aguantar estar con personas que me limitaban, minusvaloraban o controlaban, mientras no comprendían quién era yo, ni me ayudaban a entenderme. Por eso, tuve que marcharme.” Ahora, aunque siente que le queda mucho por andar, está "orgullose de hacia dónde se dirige su vida".

Doble sexilio

Pero quizá el caso más claro con el que se ve el alcance del sexilio es el de Daya el Mansouri, una joven mujer trans de 25 años, de origen marroquí, que ha sido la pregonera de ‘Hay ganas de orgullo de Pueblo’ en Algarrobo (Málaga). Ella llegó a los nueve años a España. Su madre trabajó duro para emigrar con sus hijos en busca de una vida mejor. “Si no fuera por ella, a saber qué sería de mí allí”, señala Daya.

“Si no fuera por mi madre que me sacó de Marruecos, a saber qué sería de mí allí”. Daya el Mansouri

Abandonar su hogar le “dolió en el alma”. Luego, empezar el colegio español fue muy duro, le hicieron 'bulliying'. “Los niños se reían de mí por ser afeminado, más bajita que el resto, más morena, de otro país, por hablar otro idioma o no comer cerdo…., era una mofa para mis compañeros y los profesores no hacían por ayudar. Aún así, yo era muy feliz, pero muchas personas me quisieron hacer daño y llegué a odiarme por no ser como ellos querían que fuera”.

daya el mansouri
Daya el Mansouri, una joven mujer trans de 25 años, ha sido la pregonera de la campaña ‘Hay ganas de orgullo de Pueblo’ en Algarrobo (Málaga).D.R.

En su hogar, la cosa no era mejor. “Desde siempre tuve muchos problemas por mi identidad y, cuando decidí contarle a mi familia qué me pasaba, pensaba que iban a ayudarme, pero todo se arruinó”. En cuanto encontró trabajo, Daya se independizó, aunque admite que vivía con ansiedad “por miedo a que me pillaran.” En realidad, vivía un doble sexilio, ya que “los núcleos familiares son y seguirán siendo algo paralelo a esta sociedad. Yo me fui de Marruecos, pero seguía atrapada en Marruecos aquí en España”.

Ser quien eres

Sin embargo, Daya mantuvo el contacto con su familia y siguió luchando por ser quien es. “Al principio, aunque ya hacía mi vida como mujer, cuando iba a casa de mis padres me vestía como hombre y era muy meticulosa para que no quedar restos de maquillaje en mi cara. No imaginaba mi vida sin ellos, por eso hice ese sacrificio. Luego, quedaba con mi madre en un bar, a casa no quería subir por miedo a mi padre”. Hoy, su relación familiar ha evolucionado de forma “asombrosa. No me puedo creer la relación que tengo con ellos, es mucho mejor que todos los años de mi vida. Estoy viviendo mi vida como quiero”.

"Al principio, aunque ya hacía mi vida como mujer, cuando iba a casa de mis padres me vestía como hombre y era muy meticulosa para que no quedar restos de maquillaje en mi cara", Daya el Mansouri

“Trabajo como dependienta en una empresa guay en la que se me respeta y valora como persona. Y mis amistades, son poquitos los amigos que tengo, pero me quieren tal y como soy y con ellos puedo ser yo misma. Con el tiempo aprendí cómo es la naturaleza de las personas y me fui dando cuenta de a quien quiero en mi vida y quien no”, cuenta.

Un sueño hecho realidad

Ahora vive en un piso compartido con sus BBF, “tres chicas maravillosas las cuales voy a estar eternamente agradecida por haber estado ahí cuando llegaba a la casa rota por algún motivo relacionado con mi transición, porque un chico que me gustara me hubiera faltado el respeto por ser trans o por 'x'. Con ellas me siento una más y no me recuerdan que soy trans constantemente. Son Irene, María y Sara y no me olvido de Daniela, nuestra anterior compi. Y lo mejor para el final, nuestra perrita Rita”.

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Daya el Mansouri.D.R.

Cuando le propusieron ser embajadora de la campaña ‘Hay ganas de orgullo del pueblo’, se sintió “muy feliz de poder hacer algo tan increíble para nuestro colectivo. Que un grupo de personas se molesten en escucharme y conocer mi historia, me conmueve. Me hizo darme cuenta de que hay gente maravillosa que quiere cambiar para mejor este mundo. Ver cómo la gente se entusiasmaba con los shows y que les llegaba nuestro mensaje de tolerancia, hizo que me sintiera afortunada”.

Hoy, Daya el Mansouri ha conseguido hacer realidad su mayor sueño: “Vivir la vida que quiero en paz con la gente que amo, tengo mis objetivos y planes de futuro. Cada día, mi vida es un sueño. Ahora me siento en deuda con la vida por darme cosas tan bonitas que pensaba que no me merecía”.