'Sex Education' se expande y en su tercera temporada ofrece algo muy valioso

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No hace ni una semana que Sex Education ha vuelto al catálogo de Netflix que ya es lo más visto en la plataforma. Y aunque no me sorprende al tratarse de una de las series más populares del streaming, en esta ocasión es un éxito que merece con creces porque ha conseguido que su tercera temporada la confirme como una de las historias más imprescindibles para padres, maestros, adultos y jóvenes en general.

Porque Sex Education ha dejado de ser una serie sobre consejos sexuales entre adolescentes para coronarse como una verdadera clase magistral sobre educación sexual en todas sus vertientes. Una joya de temporada que ha mejorado aún más su propuesta con lecciones emocionales para poner en práctica desde ya mismo.

Asa Butterfield como Otis Milburn y Emma Mackey como Maeve Wiley en el episodio 5 de la tercera temporada de 'Sex Education2. Cr. Sam Taylor/NETFLIX © 2020
Asa Butterfield como Otis Milburn y Emma Mackey como Maeve Wiley en el episodio 5 de la tercera temporada de 'Sex Education2. Cr. Sam Taylor/NETFLIX © 2020

Diría que, básicamente, Sex Education hace justicia a su título con ocho episodios que exprimen a todos sus personajes y arcos dramáticos para abrir horizontes en el mundo del conocimiento sexual, coronándose como una masterclass en la importancia de la información en todo lo que engloba la palabra ‘sexo’. Y no solo para esos jóvenes adultos a los que se dirigía la serie en sus inicios. De esta temporada también los adultos podemos sacar lecciones importantes a la hora de lidiar con las relaciones físicas y emocionales pero, sobre todo, en las relaciones con hijos, adolescentes o jóvenes cercanos a nuestras vidas, aportando comprensión y entendimiento a la diversidad de género y la importancia del rol que podemos cumplir no solo en nuestra propia salud mental, sino también en la cotidianidad del prójimo.

Porque Sex Education estará disfrazada de serie juvenil, y quien quiera seguir viéndola de esta manera seguirá encontrando una apuesta que mantiene su volumen cómico de principio a fin, sin embargo nos regala algo mucho más valioso. Porque la serie ha crecido con sus personajes, esos jóvenes sexualmente activos descubriéndose a sí mismos, sus cuerpos y emociones en un mundo de padres, profesores y referentes adultos que, quizás, no están preparados o no saben cómo lidiar con sus descubrimientos, emociones e identidades.

Sex Education comenzó su andadura en 2019 presentándose como una serie sobre el despertar sexual de sus personajes de instituto, pero también como ejemplo de la necesidad en torno a la educación sexual para proteger el bienestar físico y emocional de cada uno de ellos. Otis, el protagonista (Asa Butterfield), y su amor platónico, Maeve (Emma Mckey), comenzaban la primera temporada creando una clínica de consejos sobre salud sexual en el colegio a raíz de los conocimientos del chico al haber crecido con una psicóloga sexual como madre (Gillian Anderson). Y entre consejos ante los miedos, inseguridades personales, desinformación y dudas sobre el sexo entre adolescentes, la serie fue creando un universo que supo expandirse más allá de la pareja protagonista, a través de personajes ricos en la representación de la diversidad, tanto sexual, socioeconómica, racial y simplemente de individualidad.

Pero con su tercera temporada, Sex Education aprovecha el crecimiento físico y emocional de sus personajes y sus experiencias para expandirse como un retrato de la sociedad desde diferentes ángulos, sirviendo de aprendizaje para todos. Si bien la serie siempre contó con diversidad sexual y racial entre sus personajes, es ahora que expande sus horizontes para ampliar la representación aún más. Pero no solo a través de personajes, sino de realidades que ofrecen una ventana empática hacia historias que quizás muchos padres, maestros y adultos en general no sepan cómo afrontar. Y es aquí, pensando en ellos, que la serie se convierte en una clase magistral para tener en cuenta.

Por ejemplo, en esta tercera temporada entra en escena una nueva directora del instituto de Moordale que no acepta la identificación no binaria entre sus alumnos. Para ella son chicas y chicos que deben llevar el uniforme que su sexo les asigna: falda o pantalones. Y punto. Exige sin comprender las consecuencias emocionales y psicológicas que su rechazo y comentarios pueden provocar en dos estudiantes que están en plena etapa de autodescubrimiento, cuando el rechazo a su identidad es lo último que deberían padecer.

Kedar Williams Stirling como Jackson Marchetti, Dua Saleh como Cal en 'Sex Education'. Cr. Sam Taylor/NETFLIX © 2020
Kedar Williams Stirling como Jackson Marchetti, Dua Saleh como Cal en 'Sex Education'. Cr. Sam Taylor/NETFLIX © 2020

O las diferentes etapas de identidad sexual de cada persona, con la representación de una pareja homosexual que vive momentos diferentes en sus vidas, con formas muy distintas de afrontarlo y recibir apoyo familiar. Uno de ellos, Eric (el mejor amigo del protagonista), preparado para volar libre con su identidad, apoyado por su familia y amigos. Pero el otro, Adam, embotellando sus emociones al crecer con un padre estricto, sintiéndose rechazado y recurriendo a la violencia sin saber cómo expresar su frustración, rabia y sentimientos. A un personaje no binario que sufre marcas y moretones en la piel al no saber cómo oprimir sus pechos usando bandas elásticas ajustadas, sin referentes con los que hablar de ello (al principio) y aceptando la opresión escolar contra su voluntad ante la etapa de inseguridad que vive. Pero desbordando felicidad cuando por fin se prueba un binder (faja de pecho) simbolizando un paso más hacia el autoconocimiento.

Lo que quiero decir es que con todos los arcos dramáticos que componen cada capítulo de la serie, muchos padres y adultos pueden aprender más sobre la diversidad de género y cómo formar parte del proceso desde un rol positivo. No solo en el aporte de información que otorga la serie, sino en las lecciones sobre empatía y la importancia de sentirse escuchado, aceptado y comprendido. Porque cada uno de estos jóvenes tiene padres, profesores y adultos a su alrededor, que afectan y participan, según su aceptación o rechazo, en la formación emocional de cada uno de ellos.

Pero lo más importante es que Sex Education sirve como espejo sobre la importancia de la comunicación emocional. Desde aquellos que buscan ayuda terapéutica para tratar un trauma que frena sus vidas, a otros que simplemente tienden una mano preguntando al otro ‘¿cómo estás?’. En esta nueva temporada los personajes recurren al lenguaje emocional con mucha más frecuencia que en las temporadas anteriores, implicándose en el sufrimiento del otro, preguntando ‘¿cómo estás?’, ‘¿quieres hablar de lo que te molesta?’ o simplemente escuchando, poniendo en práctica la “escucha activa” (escuchar con la concentración puesta en la comunicación del otro, interactuando en el proceso para expresar presencia), para tender la mano o simplemente un oído amigo. Aquí no hay móviles en la mesa o en la mano cuando se habla de los sentimientos, problemas o sufrimiento del otro.

Connor Swindells como Adam Groff en 'Sex Education'. Cr. Sam Taylor/NETFLIX © 2020
Connor Swindells como Adam Groff en 'Sex Education'. Cr. Sam Taylor/NETFLIX © 2020

Y en esta historia de descubrimiento juvenil sexual, de identidad y aprendizaje emocional, se antoja como una lección maravillosa para que todos pongamos en práctica. Porque cada charla emocional da como resultado un proceso de cambio, fruto de la aceptación, de la comprensión del otro, de no sentirse solo. Haciéndose más relevante todavía cuando hablamos del crecimiento de niños, adolescentes y jóvenes en nuestras vidas.

Es probable que esta tercera temporada no convenza a quienes esperen otra tanda de episodios de una serie de tintes meramente juvenil. Pero Sex Education ha crecido. Sigue siendo cómica, divertida y muy sexual, pero ha entrado en una nueva etapa. Las secuencias sexuales y las locuras de sus personajes siguen siendo la parafernalia exterior para quien solo quiera ver la superficie, pero la serie alberga una temporada transformada en un manual de empatía, salud mental e información de género que puede ayudar a padres, maestros y adultos a comprender, comunicar y sobre todo, escuchar.

Tras devorar sus nuevos capítulos solo puedo decir que esta temporada resulta imprescindible y necesaria para ejercitar la comprensión y la empatía, así como aprender a reconocer la importancia de la comunicación emocional entre padres e hijos.

Porque un ‘¿cómo estás?’ a veces puede valer un mundo.

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