'Seven' iba a ser una película diferente: el final de la caja fue pura casualidad

Atención: si eres de los pocos que jamás vio Seven te recomiendo que no sigas leyendo. Este artículo habla del final con spoiler incluido.

No hay mejor manera para sentirse muy (pero muy) mayor que los aniversarios de clásicos de cine. Las décadas que van sumando esas películas que hicieron mella en nuestra retina cinéfila son muestra de que por mucho que nos pese, el tiempo pasa ¡y muy rápido! Y un ejemplo es que este año Seven cumplirá nada menos que 25 añazos desde su estreno en salas (24 en España donde no la vimos hasta 1996).

Todavía recuerdo cuando la vi por primera vez. Era apenas una adolescente y salí pasmada del cine sin poder decir palabra durante un buen rato. Ese final había que digerirlo, y a mí me llevó unos cuantos minutos. ¿Pero si les dijera que este thriller de David Fincher no iba a terminar con la sorpresa macabra en la caja al final? Pues esa esa es la anécdota que les traigo hoy.

(© 1995 - New Line Cinema)

25 años después resulta imposible imaginar Seven sin aquella revelación final que le da sentido a toda la historia. Fue un final que no hizo falta ver más de una vez. Con un solo visionado recordamos para siempre el impacto, angustia y horror que nos provocó cuando descubrimos que John Doe (Kevin Spacey), el asesino en serie que pretende aleccionar a la población con asesinatos que sentencian los siete pecados capitales, había planificado el plan de forma tan meticulosa que el detective Mills (Brad Pitt) era el que iba a demostrar el último pecado que faltaba, la ira, y asesinar a Doe. Porque el asesino había matado a su esposa embarazada, Tracy (Gwyneth Paltrow) y había colocado su cabeza en una caja para él.

Ese final sentenció la película como un clásico rotundo, un thriller referente para el género y elevó a David Fincher como uno de los directores más meticulosos del séptimo arte. Sin embargo, si no hubiera sido por una pura casualidad del destino, la película jamás hubiera tenido este resultado. Quien sabe, quizás jamás se hubiera convertido en clásico o incluso nunca se hubiera hecho.

El guionista Andrew Walker escribió el libreto cuando trabajaba como vendedor en Tower Records, inspirado por el bullicio, ruido y opresión que experimentó viviendo en la ciudad de Nueva York. Al terminar el guion se mudó a Los Ángeles decidido a vender la historia, y gracias a contactar a otro guionista, David Koepp (responsable de éxitos como Jurassic Park, Misión Imposible), logró que los ejecutivos de New Line Cinema compraran los derechos. Corría el año 1991 y pasarían otros 3 hasta que el proyecto se puso en marcha.

En un principio iba a ser dirigido por Jeremiah S. Chechik, que tras dirigir comedias de éxito como ¡Socorro! Ya es Navidad, quería hacer algo diferente. Pero su visión, y la del estudio, distanciaba de Walker y le pidió que hiciera varios cambios al libreto, sobre todo al final, quitando la cabeza en la caja. Básicamente querían un thriller de detectives más clásico, con elementos tradicionales del género y el macabro final original no encajaba con esta visión. Al Pacino iba a interpretar el papel del detective Somerset (el rol que ocupa Morgan Freeman), pero terminó dejando el proyecto en favor de City Hall: la sombra de la corrupción, mientras Denzel Washington y Sylvester Stallone pasaron del papel de Mills, y Robert Duvall y Gene Hackman le dijeron que no al rol de Somerset. Evidentemente habían retocado un guion para hacerlo más liviano y muchos intérpretes no estuvieron interesados. El proyecto se quedó estancado y estuvo una larga temporada en el abismo, pasando por diferentes versiones y retoques.

Pero un buen día, New Line le envió el guion a David Fincher para que considerara la idea, quien ya sumaba una larga carrera dirigiendo videoclips musicales (de Madonna, Rolling Stones, Aerosmith, Michael Jackson, etc.) y tan solo había dirigido la muy mal recibida Alien 3 (1992). Curiosamente, por aquel entonces, Fincher no quería dirigir nunca más un largometraje tras la mala experiencia de la secuela; no había accedido a leer un guion en año y medio y llegó a decir que “preferiría morir de cáncer de colon que hacer otra película” (Sight and Sound, vía BFI).

Pero por esas cosas del destino, quien fuera que le envió el guion se equivocó, y en lugar de enviar el último libreto retocado con todos los cambios que quería el estudio, le enviaron el original. Imagínense la sorpresa cuando los ejecutivos del estudio se dieron cuenta que le habían enviado el guion equivocado. “Fincher expresó cierto interés, mencionando la cabeza en la caja” explicó Walker en una entrevista a The Hollywood Reporter. “Y le dijeron ‘no, no, no. Te enviamos el boceto equivocado’. Y a continuación le enviaron el guion vastamente rescrito, el de Jeremiah Chechik, que tenía un final completamente diferente y Fincher les dijo ‘No, no estaría interesado en hacer eso’”.

El frenesí fue tal que el presidente de producción, Michael De Luca, se reunió con el director para explicarle la presión interna que había. Uno de los productores se negaba a usar el final de la caja y para conseguir convencerlos, Fincher contó con la ayuda de Brad Pitt que lo apoyó en la opinión de que debían mantener la escena de la caja al final después de su angustiosa experiencia con Leyendas de pasión, cuyo final emotivo fue recortado para satisfacer a las masas. Insistieron y lo consiguieron.

En la primera reunión entre director y guionista, Walker se llevó la primera sorpresa grata de su corta experiencia en Hollywood: por primera vez un director no le pidió que hiciera cambios a su idea. Fincher le dijo que dejara a un lado el cuaderno de notas y que hablaran, que él no iba a mandarle. Así comenzaron una relación laboral que les ha llevado a trabajar juntos en varias ocasiones (incluso en proyectos que nunca vieron la luz), y ayudó a Walker a aprender que como dueño de su historia no está obligado a rescribir sus libretos si no está de acuerdo con los cambios solicitados. Sin embargo, en el caso de Seven está convencido que “si hubiera renunciado, no habría estado para lo que vino después, con la suerte y el destino enviando a Fincher el guion equivocado. Habría recibido mi guion pero retocado con otros guionistas en el camino y habrían procedido con uno de ellos” dijo a THR.

Fincher la rodó en 55 días y el resultado fue una película aclamada que generó más de 296 millones de euros ($327 millones) en la taquilla global, permitiéndole a Walker abrirse camino en Hollywood y vender su guion de 8MM por $1.25 millones (aunque también fue un proyecto que pasó por muchos cambios). A quien le apetezca leerlo, Walker publicó el primer boceto de su idea en su página web hace un tiempo (en inglés), logrando contagiar el terror y la tensión de esa escena final tan solo con palabras. Me resulta difícil imaginar que esos productores realmente dejaran pasar semejante final con un libreto tan bien escrito.

Y lo demás es historia. Un clásico que no pasa de moda. Un villano que logra captar toda nuestra atención con ese monólogo en la parte trasera de la patrulla. Dos héroes caídos que dejaron huella en la carrera de Brad Pitt y Morgan Freeman. Una verdadera maravilla.

Más historias que te pueden interesar: