Serrano se lleva la tarde en Manzanares y Luque deja su sello al natural

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Manzanares (Ciudad Real), 17 jul (EFE).- El diestro Sergio Serrano, con dos orejas, fue el triunfador de la tarde de hoy en Manzanares (Ciudad Real) en la que Daniel Luque demostró el momento que atraviesa con una gran actuación al natural pero emborronada por el mal uso de la espada.

Calor de justicia en Manzanares. Plena Mancha. Y ya se sabe lo que cae por estos lares en el mes de julio.

Cartel de jóvenes (Luque ya no tanto) con hambre en una plaza histórica. Y una ganadería en gran momento. Había, por tanto, ingredientes de interés, satisfecho no en plenitud, pero sí en parte.

El primero de Luque apenas recibió un picotazo trasero y se cambió el tercio, a buen seguro porque Daniel creyó que el de Mayalde se gastó suficientemente empujando al caballo, pero en la arena, al derribarlo. La casi ausencia de castigo con la puya la administró Luque con un abundante (y buen) quite por chicuelinas.

Con la muleta el de Gerena anduvo a placer, con un toro que gateó tras el engaño aunque se quisiera ir a tablas descaradamente. Luque, muy sereno, dejó algunos carteles de toros tanto con la derecha como al natural, pero emborronó una actuación repleta de suficiencia con una estocada muy baja antes de dejar una entera arriba sin premio tangible.

En el cuarto Luque dio un recital de toreo al natural. Ni más ni menos. No fue un toreo abigarrado, sino acariciado, a un toro encastado que posibilitó tal obra. Fue una pena que pinchara antes de dejar media arriba. Una obra que iba para -al menos- dos orejas, quedó en una de consolación.

Sergio Serrano sabía que tenía que arrear, acartelado junto a dos toreros que apuntan tan alto como Luque y Marín. Y arreó. Desde el principio. Las verónicas al segundo fueron mecidas y ceñidas; el quite por lopecinas más vistoso que lucido, y la faena de muleta, iniciada de rodillas en redondo, entregada y repleta de pundonor, con algún efectismo incluido (pasárselo por la barriga mirando al público).

El toro se movió y sirvió mucho, aunque no excedió en clase, y Serrano conectó con los tendidos. Además lo mató bien y a la primera, y las dos orejas fueron a sus manos.

El quinto quiso más que pudo. Y más después de estrellarse contra un burladero y, además de quedar algo tocado de estabilidad, se partió la punta del pitón izquierdo. Serrano entendió y asumió la condición en la que el toro le llegó al último tercio. Lo llevó a media altura en línea recta, dándole su tiempo entre pase y pase, sin apreturas.

Y el albaceteño volvió a tener feeling con los tendidos, aunque esta vez malogró su actuación con la espada, pinchando repetidamente.

El tercero clavó los pitones en la arena en el recibo de capote, se quedó a medias de la voltereta, y quedó muy mermado para el resto de la lidia. Ginés Marín se justificó en un trasteo tan digno como insulso ante la falta de pujanza de su oponente.

Cuando el sexto saltó a la arena, ya de anochecida, los tendidos lo recibieron con una ovación. Era de justicia. El toro, burraco de pelo, era una pintura. Bien puesto de pitones, bajito y con cuello. Un dije.

Sin embargo, tal estampa no tuvo un contenido acorde. El toro embistió rebrincado, defendiéndose con un molesto cabeceo y sin rebosarse. A pesar de ello Marín se mostró suficiente y profesional, sin poder brillar, logrando cortar una oreja finalmente.

FICHA DEL FESTEJO.- Seis toros de Conde de Mayalde, muy bien presentados. Primero con mucha clase aunque rajado. Segundo manejable encastado. Tercero blando. Bueno el cuarto. Blando el quinto. Sin clase ni entrega el sexto.

Daniel Luque, ovación y oreja tras aviso.

Sergio Serrano, dos orejas y ovación tras aviso.

Ginés Marín, ovación con saludos y oreja.

La plaza registró menos de media entrada.

(c) Agencia EFE

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