Las series están viviendo una revolución queer y no hay quien las pare

Hay un momento en el primer episodio del nuevo reality de HBO We’re Here en el que las drag queens protagonistas anuncian su llegada en una tienda de Gettysburg, conservadora localidad de Pensilvania. Después de verlas marcharse del establecimiento, la cámara capta a un cliente indignado diciendo “Dígale a la señora que no voy a comprar más aquí. Malditos depravados”. Es una escena tan dolorosa como real, una muestra de la homofobia cotidiana a la que se enfrentan muchas personas a diario, y que la televisión lleva tiempo mostrando e intentando cambiar

'We're Here' (cortesía de HBO)

Ha sido (y es) una lucha a contracorriente, pero está dando sus frutos. A finales de 2019, la organización GLAAD (Alianza de gays y lesbianas contra la difamación) publicó su estudio anual, en el que se desvelaba que en Estados Unidos había más personajes LGBTQ en televisión que nunca (concretamente un 10,2%), un récord que, más que un caso aislado, parece haberse convertido en una tendencia al alza, puesto que 2020 ha continuado apostando por la representación queer en televisión. Por supuesto, todo esto no habría sido posible de no ser por los pioneros que se atrevieron a salir del armario en televisión (y en la vida real) antes que los demás

Aunque podríamos remontarnos más atrás para encontrar casos anteriores, los años entre finales de los 90 y principios de los 2000 marcaron un antes y un después en lo que a representación LGBTQ en televisión se refiere. En 1997, Ellen DeGeneres conmocionaba a la sociedad estadounidense saliendo del armario en su sitcom Ellen, en 2000 Will y Jack se daban el primer beso entre dos hombres homosexuales en prime time en Will y Grace, y poco después, el drama adolescente Dawson crece nos ofrecía el primer beso gay en contexto romántico de la historia de la televisión. Los años siguientes estuvieron caracterizados por un aumento en número de personajes gays en la ficción y una mayor libertad a la hora de explorar la sexualidad, con transgresoras y explícitas series como Queer as Folk o The L Word rompiendo moldes en este sentido.

Casi dos décadas después, el panorama televisivo se ha transformado profundamente gracias a esos y otros pioneros que allanaron el camino. Aunque aun queda mucho por recorrer, la representación LGBTQ en televisión es ahora más frecuente que nunca y empieza a abarcar un espectro más amplio y plural en todos los sentidos (raza, edad, identidad de género, orientación, etc), reflejando más fielmente el mundo en el que vivimos. Y no solo en Estados Unidos, también en España (el éxito de series como Vis a Vis, Veneno o el spin-off lésbico de Amar es para siempre, #Luimelia, así lo indican). Pese a que las series protagonizadas por personajes heterosexuales siguen siendo la aplastante mayoría, poco a poco, las personas queer se van abriendo camino hacia lugares que anteriormente parecían inaccesibles para ellas.

Miguel Ángel Silvestre en 'Sense8' (Murray Close/Netflix)

Aunque en el cine la cosa va mucho más lenta (recordemos el alboroto que se monta cada vez que Disney anuncia un pequeñísimo personaje gay en una de sus películas, como ocurrió recientemente con Onward), en 2020, la cantidad de series, películas de streaming y programas de telerrealidad centrados en la comunidad LGBTQ se ha disparado considerablemente, dando paso a una verdadera revolución queer en televisión. Si hace veinte años era muy raro para una persona homosexual verse representada (positivamente) en televisión, ahora es más fácil que nunca encontrar títulos que nos muestren la riqueza y diversidad dentro de esta comunidad, así como las dificultades y obstáculos con los que sigue lidiando.

EL IMPORTANTE PAPEL DE LAS DRAG QUEENS Y NETFLIX

El pasado 20 de abril se estrenaba el reality con el que comenzaba este artículo, We’re Here, cuyo título proviene del popular lema “We're here. We're queer. Get used to it” (“Estamos aquí, somos queer, acostúmbrate”). HBO no es precisamente conocida por producir telerrealidad, por lo que la existencia de este programa es un claro ejemplo de cómo la comunidad queer se está abriendo camino en todos los rincones de la televisión.

En We’re Here, tres famosas drag queens, Bob the Drag Queen, Eureka O'Hara y Shangela, visitan pueblos pequeños de Estados Unidos, donde reclutan a varias personas para participar en su show itinerante, con el objetivo de abrir la mente de comunidades conservadoras a la realidad LGBTQ que en muchos casos ignoran o rechazan. El programa es una muestra del espíritu divertido y fabuloso de las drag queens, pero también conciencia enseñando la cara más oscura de lo que supone ser “diferente” en un entorno conservador y lanzando un necesario mensaje de tolerancia, diversidad y aceptación que todo el mundo debería escuchar.

Pero We’re Here es solo un ejemplo de los muchos títulos queer que están llegando a nuestras pantallas estos meses. Y aquí es donde tenemos que mencionar a uno de los principales responsables de esta revolución: RuPaul Charles. El famoso presentador y drag queen ha llevado la contracultura drag al mainstream con su programa RuPaul’s Drag Race, concurso de talento (disponible en Netflix) en el que varias personas compiten para convertirse en la próxima gran drag queen de Norteamérica. Convertido en un fenómeno global, Drag Race lleva doce temporadas en antena y ha creado un nuevo estilo de vida, así como un star system propio. 

Las estrellas de Drag Race están invadiendo la industria (dos de sus drag queens más populares, Shangela y Willam, tuvieron un papel en Ha nacido una estrella de Bradley Cooper). Todo el mundo quiere aparecer como jurado en el programa (la temporada actualmente en emisión ha contado en su panel de jueces con Jeff Goldblum, Leslie Jones y hasta la congresista y ferviente admiradora del programa Alexandria Ocasio-Cortez). Drag Race ha lanzado carreras estelares para muchas de sus participantes, ha inventado un nuevo lenguaje, ha generado varios spin-offs (Tailandia, UK, una versión con famosos), exitosas giras mundiales y hasta convenciones al estilo de Comic-Con. 

Muchos de los productos derivados del universo Drag Race son de cuestionable calidad y solo para fans (Super Drags, Hurricane Bianca), pero otros, como We’re Here y el revelador y agridulce documental de Netflix Moving Parts, centrado en la vida de otra de las drags favoritas del programa, Trixie Mattel, son mejores y más accesibles para el público general. En los últimos meses, RuPaul y sus reinas han se han adueñado de la televisión e Internet: tres programas de Drag Race emitiéndose simultáneamente en Estados Unidos (y la quinta edición de la temporada especial All Stars en junio), AJ and the Queen, We’re Here, Moving Parts, cameos en videoclips y series como Katy Keene (spin-off de Riverdale altamente influenciado por la cultura drag), Night Gowns, un programa en la nueva plataforma para móviles Quibi presentado por otra ex concursante, Sasha Velour… Están en todas partes.

Pero el universo de RuPaul, que tampoco se ha librado de críticas por transfobia (Shangay) o estereotipos problemáticos, no es el único ni el más importante exponente de representación queer en televisión. En mayor o menor medida, todas las cadenas y plataformas (menos Disney+) están poniendo su granito de arena en este cambio social, pero quien se ha comprometido más en este sentido es Netflix. La oferta de títulos originales LGBTQ del gigante de streaming es amplia y aumenta todos los meses. Si bien es cierto que los fans no le han perdonado las cancelaciones de Sense8 o Día a día (esta última rescatada por otra cadena, Pop TV), la plataforma está poniendo de su parte para compensarlo con abundantes estrenos centrados en la comunidad queer.

Son muchos los títulos del catálogo de Netflix protagonizados o con personajes LGBTQ destacados: Queer Eye, Alex Strangelove, Elisa y Marcela, Sex Education, Rétame, Esta mierda me supera, Élite, Orange Is the New Black, La casa de las flores, London Spy, Bonding, Special, Historias de San Francisco… La lista es muy larga y se ha incrementado recientemente con las incorporaciones de la serie Feel Good, la película francesa Jonas o los documentales producidos por Ryan Murphy Circus of Books y A Secret Love, que nos ofrecen una mirada real y enternecedora a la historia de la comunidad LGBTQ y su lucha.

Y como decía antes, no parece que esta tendencia vaya a frenarse pronto. El 1 de mayo se estrena Hollywood, la nueva miniserie de Ryan Murphy, que imagina una versión alternativa del Hollywood dorado, entre otras cosas con actores abiertamente gay, y que forma parte del contrato multimillonario del prolífico productor de American Horror Story con Netflix. Y el mismo día se estrena la película original Conquista a medias de la directora lesbiana Alice Wu, comedia romántica en la que una adolescente queer ayuda a su amigo a conquistar a la chica de la que ambos están enamorados.

EL FUTURO ES QUEER

A pesar de su labor indispensable, sería injusto achacar esta revolución queer televisiva solo a RuPaul y Netflix. A Ryan Murphy ya lo hemos mencionado, pero hay que hacer hincapié en su importante contribución con series imperfectas pero muy queer como Glee, American Horror Story y sobre todo la imprescindible Pose, la serie con más protagonistas transgénero de la historia de la televisión. En HBO también podemos disfrutar de ficciones con elevada carga LGBTQ como Killing Eve, Euphoria o Gentleman Jack. Muy significativos son los regresos de pioneras como The L Word y Will y Grace, ambas disponibles en Movistar+ (aunque esta última nos haya acabado decepcionando), y tampoco podemos dejar de mencionar comedias con visibilidad bisexual/pansexual como Schitt’s Creek y Brooklyn Nine-Nine o series infantiles como Steven Universe y su labor de normalización de la fluidez sexual y de género. Por citar solo unas cuantas.

Y en los próximos meses hay más. Si la crisis del coronavirus lo permite, próximamente veremos películas como Happiest Season, comedia romántica lésbica dirigida por Clea DuVall y protagonizada por Kristen Stewart y Mackenzie Davis, Ammonite, drama de época con Saoirse Ronan y Kate Winslet como pareja, o la adaptación al cine del exitoso musical Everybody’s Talking About Jamie. En streaming nos esperan Love, Victor, serie spin-off de la película Con amor, Simon, sobre un chico gay descubriendo su sexualidad, Legendary, competición de vogue de HBO Max, y más adelante, las adaptaciones de Ryan Murphy para Netflix de The Boys in the Band y The Prom, importantes obras de teatro de temática LGBTQ. También próximamente en Netflix podremos ver la miniserie Halston, en la que Ewan McGregor interpreta al mítico diseñador de moda Roy Halston Frowick, y Q-Force, comedia animada de Mike Schur (Parks and Recreation, The Good Place) protagonizada por un espía homosexual al estilo James Bond. En resumen, 2020 va a ser el año más queer de la televisión hasta ahora.

Tenemos motivos para celebrar, pero que haya mayor representación LGBTQ en televisión que nunca no quiere decir que sea perfecta o que todo esté hecho. Siguen existiendo muchos prejuicios contra los que luchar y muchas injusticias que arreglar, sobre todo ante la nueva ola de odio y conservadurismo que vivimos. Esto no ha hecho más que empezar. La televisión, y concretamente Netflix, está proporcionando un lugar seguro para que creadores queer cuenten sus historias y para que los espectadores LGBTQ se vean reflejados y escuchados, para que sepan que no están solos. Pero el resto está en nuestras manos, depende de nosotros que la liberación que vemos en pantalla se traduzca en una nueva realidad. La revolución queer no es algo temporal, nos está diciendo: “Estamos aquí y no nos vamos a ninguna parte”

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