'Veneno' apela a la memoria de España para rendir un sentido homenaje a Juan Antonio Canta

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Cuando creíamos que Los Javis no iban a lograr superar el impacto emocional que provocaron con los primeros cuatro episodios de Veneno, van y estrenan un quinto que consagra la serie como su gran obra maestra. El capítulo titulado Cristina a través del espejo se estrenó el pasado domingo en Atresplayer y en poco más de una hora resume el auge y caída de Cristina como juguete roto de la tele a través de su paso por Esta noche cruzamos el Mississippi, mientras utiliza dos figuras como símbolo de advertencia, Marcela la cabra (aquel animalito que se paseaba por el plató como en su casa) y Juan Antonio Canta, el cantautor de la canción de los limones. Y no podía ser más maravilloso.

Ambos funcionan como espejo de su propia vida pero el homenaje que rinde la serie al cantautor fallecido en 1996 se antoja como el más simbólico de todos. Porque él también fue un juguete de la tele, uno que fue devorado por la vorágine mediática pero terminó escapando por la vía del suicidio con apenas 30 años.

Twitter.com/javviercalvo; Atresmedia
Twitter.com/javviercalvo; Atresmedia

Lo que logran Los Javis con este episodio es brutal. A través de un juego de imágenes y relatos crean el hilo argumental perfecto para conducir el momento clave de esta serie. El de Cristina convertida en fenómeno televisivo, su relación con la fama, el auge de un icono pero también el terremoto que provoca el olvido. Los Javis logran ahondar en la memoria colectiva de España para convertir a Cristina y Juan Antonio Canta en el reflejo más profundo de su mensaje.

Interpretado por Nacho Vigalondo, Juan Antonio Canta aparece unas pocas secuencias pero son suficientes como para convertirse en pieza clave de la historia. A mitad del capítulo vemos un momento que comparten en el plató, mientras Cristina se maquilla las huellas de una paliza de su novio y él hace referencia a sus propias marcas fruto del odio del público. Le cuenta que la audiencia solo va a sus conciertos a escuchar una sola canción, la de los limones, recibiendo insultos y agresiones cuando intenta cantar el resto de sus obras. Que, por si no lo sabían, nada tenían que ver con aquel hit del verano. Eran canciones entre poéticas y sombrías, pero que jugaban en el mundo de la sátira y el surrealismo.

Y en aquel momento le deja el consejo más importante, uno que refleja en pocas palabras su propia vivencia y que si Cristina hubiera escuchado quizás su historia habría sido diferente. Relata que el programa de Pepe Navarro le había prohibido cantar la parte que "no es estribillo para hacerla más fácil, más pegadiza" y a continuación Cristina le pide que le cante la parte que no se conoce y Juan Antonio se lanza a cantar una frase que reza "me da lo mismo que nadie la pueda entender, yo y mis limones tenemos tanto que hablar".

"Veneno, ten cuidado con la tele" le advierte Juan Antonio. "La tele te va a pedir estribillo y estribillo y estribillo y si les das estribillo pues te quedas en eso. En el estribillo" sentencia y se marcha a ensayar aquel estribillo insoportable de los limones mientras aparece la cabra Marcela como espejo de la soledad que rodeaba a Cristina.

Juan Antonio Canta nació en Córdoba en 1966 y comenzó sus andaduras artísticas formando parte de un grupo punk llamado Pabellón Psiquiátrico para luego lanzarse en solitario. Era un alma de figura melancólica y un cantautor muy entregado a sus canciones aunque el público solo llegara a conocerlo por los benditos limones. Navarro lo descubrió en un escenario y le ofreció espacio en su programa para cantar dicha canción y así, contando limones rodeado de chicas vestidas de colores, se convirtió en otro de los frikis de turno.

Pero él era mucho más que eso. Tenía una debilidad muy particular por la sátira y el surrealismo, como demuestra la portada de su disco, y así como lo homenajean en la serie, tenía mucho más que dar que un hit de verano tonto. Aquella actuación televisiva era el reflejo de ese surrealismo que le gustaba pero aquello también se fue torciendo con el trato recibido. Juan Antonio Canta se suicidó en diciembre de 1996 ahorcándose en el trastero de la casa de sus padres. Lo encontró su madre y según la policía de Córdoba, sufría depresión. Por aquel entonces la noticia se sintió con mucha pena y son muchos los que piensan que aquella decepción vivida con la fama pudo influir en su inestabilidad emocional.

No hubo ningún mensaje de despedida pero sí una carta que había enviado dos semanas antes a Martirio tras verla en un concierto. "El futuro es mujer y tiene tu nombre. Pasarán los guitarrazos y el caos y quedará la belleza" le escribió en la carta. "De mayor quisiera ser como tú, más grande, más hermoso, más caliente. [...] Sigue así y acuna las almas perdidas de los que pensaron que había que apostar por lo que no se tenía". (Radio Córdoba)

El homenaje a Juan Antonio se confirma en el tercer acto del episodio cuando, desesperada ante la posibilidad de perder su fama, Cristina se inyecta los labios a solas. Pepe Navarro la tenía en cuarentena tras pedirle que deje de prostituirse para seguir en el programa y ante la arrogancia de ella, deja de llamarla. Y es en ese momento de desesperación al ver a otra transexual tomando su lugar que la furia puede con ella, su mente y su cuerpo mientras vemos el suicidio de aquel que la advirtió. A través de un juego de imágenes somos testigos del dolor autoinfligido mientras Juan Antonio se encamina hacia su destino en las penumbras. La vemos buscando aprobación de clientes obsesionados con ella, pidiendo alabanzas que la tele ya no le da mientras Juan Antonio acaba con su vida, culminando en un plano de denigración personal que la lleva a aceptar las condiciones de Navarro y volver al programa.

Que hayan recurrido a la imagen de Juan Antonio para simbolizar un mensaje de advertencia es sencillamente redondo. Estamos ante un personaje que no vivió la fama como le hubiera gustado, que no disfrutó del reconocimiento de su música como él quería, sino que vivía encasillado en la imagen del friki televisivo. Según publicó El País en la noticia de su muerte, el músico Manuel Carrillo y otros allegados, coincidían en destacar que el cantante no estaba satisfecho con la imagen creada en televisión y que "era un hombre reservado, serio, muy educado pero hermético y poco expresivo".

El capítulo es una genialidad narrativa. Se nota el mimo y cuidado que Los Javis han dado a cada detalle para que esté todo pero sin que ningún momento pase desapercibido. Calvo lo definió así en Twitter.

Este es el retrato completo de una historia vista desde todas sus luces. Los enfrentamientos televisados de Veneno y su madre cargan con todo el dolor de ambas, pero también el rencor y la venganza que termina por separarlas. Vemos la ignorancia de Cristina, los abusos sufridos, las drogas, el hipnotismo del dinero y la fama, pero también su inocencia reflejada en su encuentro con Sara Montiel (en la piel de Ana Milán) con homenaje incluido utilizando una media para cubrir su plano, tal y como hacían las cadenas por entonces para añadir esa imagen de estrella de cine a Sara. Es más, es la media exacta que la cantante usaba, una Christian Dior número 9, color gris. Javier Calvo lo desveló en Twitter compartiendo que la directora de fotografía, Gris Jordana, “se recorrió todas las mercerías de Madrid buscándola”.

Un capítulo sencillamente maravilloso que funciona como una profunda reflexión sobre la toxicidad que esconde en sus entrañas el mundo de la televisión.

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Imagen: Twitter.com/javviercalvo/

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