La serie que se creó a la medida de Lucía Jiménez (y ella abandonó a los cinco meses)

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En las últimas semanas, la serie Al salir de clase no deja de venir a mi memoria. Si a finales de junio el trío musical Tess, que surgió bajo el paraguas de esta ficción de Telecinco, volvía a los escenarios para cantar su hit ‘De carne y hueso’ en el Sálvame MediaFest, ahora quien se ha dejado caer por televisión, en concreto por Pasapalabra, es la actriz Lucía Jiménez.

 Y es que, aunque está bastante olvidado, ella fue la primera gran protagonista de Al salir de clase, y parecía que estaba todo hecho a su medida… Hasta que a los cinco meses, ella decidió abandonarla.

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Hay que situarse a mediados de los años 90, en concreto, en 1996. Ese año, David Trueba, hermano del cineasta Fernando Trueba, estrena en cines la película La buena vida, su ópera prima. En su elenco destaca una jovencísima Lucía Jiménez, y su papel en el personaje de Lucía cala entre el público y la crítica. Tanto, que en la edición de los premios Goya de 1997 resulta nominada a la mejor actriz revelación cuando tiene los 18 años prácticamente recién cumplidos. Pronto comienza a hablarse de una de las grandes promesas de nuestro séptimo arte. Por desgracia, no logró el ansiado cabezón, que fue a parar a manos de Íngrid Rubio por su trabajo en Más allá del jardín.

Ese mismo año, en septiembre de 1997, Telecinco estrena la primera serie diaria de nuestra televisión destinada a un público juvenil: Al salir de clase. Y como estrella principal contaron con Lucía Jiménez, quien se metió en la piel de Silvia, una adolescente cuya madre murió y que no termina de aceptar que su padre haya rehecho su vida con otra mujer.

MADRID, ESPAÑA - 10 DE MAYO: Lucía Jiménez asiste a la fotollamada 'Suelta' en Cine Paz el 10 de mayo de 2022 en Madrid, España. (Foto de Juan Naharro Giménez/Getty Images)
MADRID, ESPAÑA - 10 DE MAYO: Lucía Jiménez asiste a la fotollamada 'Suelta' en Cine Paz el 10 de mayo de 2022 en Madrid, España. (Foto de Juan Naharro Giménez/Getty Images)

Lucía tenía tanto protagonismo que prácticamente todas las tramas iniciales giraban a su alrededor y al de su familia. Hasta conocíamos a su asistenta doméstica, y le cogimos cariño a su conejo, el cual un día se escapó y temimos que hubiera acabado guisado al ajillo. Uno de los escenarios habituales de la serie en su origen era el salón de su casa, la cocina de la misma o su dormitorio. Hasta tenía una antagonista, la citada madrastra (interpretada por Pilar Velázquez), quien parecía más interesada en el dinero del hogar que en darle a su padre el amor que se merece.

Dentro del amplio ramillete de personajes de la pandilla que formaba la serie, el de Silvia era el más jugoso. Tuvo tramas familiares sonadas (con secretos del pasado y falsas identidades), vivió una relación amorosa con Íñigo (Mariano Alameda), tonteó con otros chicos, e incluso fue la cantante de un grupo, Sylvanos, que siempre cantaba en bucle un único tema que hasta sonaba en los créditos finales de Alsa. Sus guiones eran más interesantes, por ejemplo, que los de Elsa Pataky (que interpretaba a Raquel), pero a Lucía la serie no le terminó de convencer, y pidió salir de la serie para buscar nuevos proyectos. Los guionistas justificaron su marcha con un nuevo trabajo con su padre, que se trasladó a Australia con su mujer, con Silvia y con su hermano Javi (interpretado por un jovencísimo Miguel Ángel Muñoz).

Eso sucede muchas veces en nuestra televisión: la marcha de un actor concreto provoca que otros tengan que irse también, por el propio peso de las tramas. Recordemos, por ejemplo, cómo en la serie Compañeros Concha Velasco y su familia tuvo un gran peso en la primera temporada, y que como ella decidió no seguir, tampoco volvimos a ver a su marido (Manolo Zarzo) o a su hijo (Antonio Zabálburu).

Es difícil imaginar qué habría sido de Al salir de clase si Lucía Jiménez hubiese decidido continuar. Probablemente, los guionistas no tendrían que haberse sacado de la chistera algunas de las tramas inverosímiles que nos vendieron, como la mano negra que soltaba anónimos en el instituto, o la de aquel profesor que acosaba (y hasta mataba) a las alumnas. Es más, cuando Lucía trabajaba en esta serie, el centro de estudios de los chicos, el Siete Robles, no tenía ninguna importancia, y a lo sumo les veíamos en los pasillos o la puerta, pues en su origen, como bien decía el título, nos contaban lo que pasaba al salir de clase. Sin profesores, ni suspensos, ni nada que se le parezca.

Al salir de clase permaneció en antena hasta 2002, casi cinco años ininterrumpidos (salvo por un break de un mes en el primero de los veranos). Realmente, Lucía estuvo poco, 111 episodios, que parecen una anécdota al lado de los más de 400 de su compañera Pilar López de Ayala, los más de 500 de Rodolfo Sancho o los más de 600 del ya mencionado Mariano Alameda. Pero Lucía, con su buen trabajo y su indudable belleza, dejó una profunda huella en el público, sobre todo, al de su quinta. . “Fueron seis meses de trabajo, pero eso me marcó para siempre”, explicó en una entrevista a Vertele, concedida en el año 2008. “Me gusta porque me dio a conocer, aprendí mucho, me dio mucha frescura y rapidez”, comentaba entonces.

Aunque siguió haciendo cine y televisión (Apaches, 14 de abril. La República, Amar es para siempre o Madres. Amor y vidason algunas de sus series), el tiempo ha demostrado que Lucía sigue guardando también su trabajo en Al salir de clase en un lugar especial de su corazón. En sus redes sociales alguna vez ha compartido fotos de la época, con compañeros de reparto, y en las interacciones con los otros actores se nota que aquella magia, a pesar de los años, la magia de Alsa sigue plenamente viva.

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