Una serie documental de Netflix logra el equilibrio que le falta a 'Dahmer'

Jeffrey Dahmer está de moda. Suena fuerte decirlo pero es la pura verdad. La historia del asesino en serie conocido como el ‘Caníbal de Milwaukee’, que asesinó y desmembró a 17 víctimas masculinas entre 1978 y 1991, se ha apoderado de la atención global a través de la serie de Netflix, Monstruo: La historia de Jeffrey Dahmer. Pero también con una segunda apuesta estrenada hace unos días. Hablo de Conversaciones con asesinos: las cintas de Jeffrey Dahmer, una serie documental que continúa la antología iniciada por el director Joe Berlinger con Ted Bundy (2019) y John Wayne Gacy (2022), que repasa los relatos recurriendo a cintas confesionales grabadas con los propios asesinos.

Y he de decir que por mucho que la serie dramatizada esté arrasando, la versión documental la supera en diferentes ángulos. Pero, sobre todo, logra el equilibrio donde la serie protagonizada por Evan Peters falla.

Ron Bush como el abogado de Jeffrey, Evan Peters como Jeffrey Dahmer en Monstruo: La historia de Jeffrey Dahmer. Cr. Courtesy Of Netflix © 2022
Ron Bush como el abogado de Jeffrey, Evan Peters como Jeffrey Dahmer en Monstruo: La historia de Jeffrey Dahmer. Cr. Courtesy Of Netflix © 2022

La serie de Netflix no solo se mantiene como la apuesta más popular en el ranking de la plataforma desde su estreno el 21 de septiembre (al momento de escribir este artículo sigue en el #1 en España, Reino Unido, Argentina y otros países), sino que también es una de las más vistas en la historia de la empresa. Por ejemplo, después de ser vista unas 196 millones de horas a lo largo de su primera semana, superó las 299 millones en la segunda (para que se hagan una idea, con todo su boom mediático, Blonde solo fue vista unas 39 millones de horas. Fuente: Top10.Netflix). Y a pocos días de su estreno, Conversaciones con asesinos: las cintas de Jeffrey Dahmer también aparece en el Top 10 de la plataforma. Está segunda en Reino Unido, séptima en España, sexta en Argentina…

No voy a presumir de comprender ambos éxitos porque, después de todo, aquí entran en juego muchos factores que llevan rondando al fenómeno de la crónica negra desde su existencia. Pero si saco una conclusión a raíz de las cifras es que el boca a boca y la conversación (tanto en redes como a pie de calle), les habrían servido de plataforma. Porque si algo consigue Monstruo: La historia de Jeffrey Dahmer es justamente dar de qué hablar. Ya sea por la exposición gráfica de la violencia, la crítica social ante la vía libre que le habría dado el racismo y la homofobia policial a lo largo de 13 años o la motivación psicológica, lo cierto es que la serie no deja indiferente.

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Sin embargo, existe un detalle que me chirría desde que la vi al completo. Y es que pretenda vender un retrato de homenaje hacia los 17 hombres asesinados, promocionándose como un repaso biográfico desde el punto de vista externo cuando, en realidad, terminamos viendo otra explotación más de la violencia dentro del 'true crime'. (El propio Evan Peters explicó en un vídeo promocional que la única regla que había impuesto el creador, Ryan Murphy, es que la historia “nunca se contara desde el punto de vida de Dahmer”) Lo vemos desde diferentes ángulos, como los planos centrados en destacar las “herramientas” -cuchillos, taladros, sonidos de motosierra- a la representación gráfica de varios asesinatos, centrándose más en plasmar el placer sentido por Dahmer al cometer sus atrocidades que en el sufrimiento de las víctimas. Creo que solo en un par de casos, de los 17, se transmite la sensación dramática del horror de la vida perdida, como hacen con Tony Hughes y Konerak Sinthasomphone. Es más, es recién en los últimos capítulos que diferentes familiares entran en escena repasando lo que vino después, pero siempre con Dahmer como el protagonista central de la historia.

Y creo que si querían homenajear a las víctimas se podrían haber ahorrado el regodeo de violencia y la extensión de la historia en diez episodios. Básicamente porque la serie roza la explotación de aquellas terribles muertes y las convierte en parte de una narrativa que rema más a favor del espectáculo. El hecho de que la serie gire tanto en torno a Jeffrey Dahmer, en buscar motivos y explicaciones, en rasgar todas las aristas posibles con una lentitud innecesaria, la lleva a convertirlo en una figura inmortal en la historia de los asesinos en serie. En resumen, Ryan Murphy y sus colaboradores pretenden hacernos creer que estamos ante una serie que alza la crítica social como bandera reivindicativa para sus víctimas pero, en el proceso, explota la violencia sufrida con mimo al detalle.

Y es aquí donde Conversaciones con asesinos: las cintas de Jeffrey Dahmer entra en juego. Esta serie documental tiene varias ventajas que la colocan en un nivel diferente. Por un lado, el contar con el relato del propio Dahmer le aporta autenticidad y horror a su historia, haciéndonos testigos de la ausencia de empatía y desinterés por el prójimo a través de su propia voz. A su vez, al tratarse del género documental se puede permitir otras licencias creativas más centradas en la aportación de información que en la recreación para el espectáculo visual, dejando que cada testimonio vaya armando los diferentes capítulos narrativos de esta historia real. De esta manera, se rompe la imagen del icono monstruoso, para dejar paso a la imagen de un hombre minúsculo y peligrosamente perturbado.

Wendy Patrickus y Jeffrey Dahmer en Conversaciones con asesinos: las cintas de Jeffrey Dahmer. Cr. Netflix © 2022
Wendy Patrickus y Jeffrey Dahmer en Conversaciones con asesinos: las cintas de Jeffrey Dahmer. Cr. Netflix © 2022

Además, Conversaciones con asesinos: las cintas de Jeffrey Dahmer es más efectiva al relatar la misma historia, e incluso profundizar y aportar detalles que no aparecen en la serie dramatizada. Y en tan solo tres episodios, siendo más eficiente, informativa y cautivante. Aunque lo que realmente la diferencia y la eleva a un plano superior es la plataforma diferencial que brinda a las víctimas. Se habla de ellas desde el plano de la pérdida de sus vidas, de la tragedia compartida entre 17 familias y la sensación de luto conjunto tras haber descubierto qué pasó con esos seres queridos que durante años habían dado por desaparecidos.

Al tratarse de una serie documental se acierta en relatar la historia desde los datos y testimonios existentes, sin explotar la violencia como fuente para la atracción del horror. Y de esa manera logra un equilibrio narrativo convincente y más eficiente.

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