Sergi López: "Woody Allen y yo nos hemos entendido súper bien"

Por Rosa Villacastín. Foto: Ana Ruiz. Ayudante: Fran Gilarranz.
Photo credit: Ana Ruiz HEARST

From Diez Minutos

Nadie diría, al ver a Sergi López vestido de negro, con la sonrisa a flor de piel, que estoy con uno de los actores más importantes de España y Francia. No sólo porque se lo rifan los directores más prestigiosos, ya que tiene ese algo especial que caracteriza a quienes dan veracidad a sus personajes, sino porque es el único actor español que ha ganado el César en Francia, así como el premio de la Academia de Cine Europeo, que solo tienen Javier Bardem y él. Protagoniza la ópera prima de Lucía Alemany, 'La inocencia', en la que comparte estrellato con la joven promesa Carmen Arrufat, y en la que abordan problemas de actualidad cómo la difícil relación de padres con hijos adolescentes.

¿Es cierto que desde muy joven tenía claro que quería ser actor?
Bueno, yo hacía teatro amateur en mi pueblo porque en los estudios iba mal y, como soy bastante práctico, pensé en ponerme a trabajar de mecánico o de camarero, porque con 18 años y sin estudios no podía aspirar a más, pero tuve una especie de revelación.

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¿En qué sentido?
Yo ensayaba con unos amigos, y mi padre, que como el padre de la protagonista de 'La inocencia' era autoritario, me había dicho que tenía que estar pronto en casa pero, ensayando, me olvidé y llegué a las 12 de la noche. Encontré a mi padre muy enfadado, ya que se levantaba a las 4 de la mañana para ir a trabajar a la fábrica de Pirelli.

¿Le zurró?
No, no, al abrir la puerta vi que me estaba esperando, y para parar la bronca se me ocurrió decirle: "Papá, no me regañes porque hoy es un día importante para mí, acabo de decidir que voy a hacer teatro". Al oírme, mi padre se quedó parado y me dijo: bueno, no me parece mal, lo importante es que hagas algo en la vida.

Una respuesta muy razonable.
Yo respiré y, al día siguiente, me apunté en una escuela de teatro de Barcelona, aunque no pensé que aquello fuera a durar más de un año. Así empecé haciendo teatro y, al cabo de unos años, cuando ya tenía un dinerito ahorrado, me fui a París.

¿A hacer qué?
Llegué sin hablar una palabra de francés y me encontré con una escuela que me cambió la vida y la manera de entender esta profesión.

¿Profesional o personalmente?
A nivel de interpretación. Yo siempre pensé que la interpretación era complicada y que había que ser muy culto para ser actor, pero allí me enseñaron que lo importante era la improvisación, y eso nos lo enseñaban cada día, en todas las clases que impartían profesores excelentes. Se trataba de desgranar los entresijos de cómo se construye una escena y eso lo puedes hacer teniendo ideas y sin necesidad de haber estudiado una carrera.

¿Sigue poniendo en práctica aquellas enseñanzas?
Sí, porque tengo una base sólida de lo que es el teatro, pero también porque estoy acostumbrado a reflexionar sobre mi personaje y sobre el conjunto de la película o de la obra.

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¿Es la razón por la que se lo rifan los mejores directores?
No lo sé, yo, Rosa, todavía me sorprendo haciendo cine en francés cuando no hablaba ni una palabra y sin haber perdido mi acento... He tenido suerte, esa es la verdad.

¿No peca de humilde?
No creo, simplemente he hecho papeles de malo, de bueno, de raro, es posible que el haber hecho teatro me haya ayudado.

Saber elegir los guiones es un arte.
En esto ocurre como con los libros, los hay que te enganchan en la página tres y otros que no eres capaz de terminar. Por ejemplo, en 'La inocencia', donde hago de padre de una adolescente, me gustó que se trata de una historia sencilla, muy bien escrita, y que es un problema real, con actores, algunos amateur y le dan una visión más realista a la historia.

Hacer de padre le habrá resultado fácil porque ya lo es en la vida real.
He creído reconocer más a mi padre que a mí, porque es un modelo de padre que parece de otra época, que tiene que estar alerta continuamente, porque ningún padre viene con las instrucciones sobre lo que debe hacer o no.

¿Debería haber escuelas de padres?
Sí, pero claro, los niños son todos diferentes. El otro día me contaba un amigo mío que había encontrado un texto, creo que de Sócrates, que decía: Parece mentira cómo está la juventud en Atenas, no se interesan por nada, sólo comer y pasarlo bien. Si el futuro va a estar en manos de éstos, vamos fatal. Imagina los siglos que han pasado y seguimos igual, porque la historia se repite.

¿Se puede ser amigo de los hijos?
Se puede ser amigo en algunas parcelas, pero no puedes solamente ser amigo, porque un amigo te puede aconsejar que hagas esto o aquello, pero como padre, cuesta hacerlo.

¿Qué líneas rojas no deberían sobrepasar los padres?
Lo único que puedes hacer es quererles y acompañarles. Lo peligroso es cuando los padres utilizan a sus hijos para proyectarse en ellos, pero también tenemos derecho a equivocarnos siendo demasiado protectores, porque al final lo que no quieres es que a tus hijos les hagan daño. Hay momentos que tienes que decirles "no es no porque soy tu padre". Los jóvenes están expuestos a muchos peligros.

También los padres con las redes sociales.
Exactamente, porque ya no sabes a quién creer, ni quién tiene razón. Me preocupa que la violencia se haya convertido en algo normal y eso da miedo.

¿Qué le dice su padre cuando ve dónde ha llegado?
Está orgulloso: en realidad mi padre, como el padre que interpreto en 'La inocencia', repite un modelo de cómo pensaban que debía ser y comportarse un padre. También ocurría con las parejas: la que yo hago con Laia Marull es así. Son modelos reflejo de la época que les ha tocado vivir.

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Cuénteme cómo se puso Woody Allen en contacto con usted.
Me acuerdo perfectamente: yo estaba en Olot haciendo una obra de teatro y me llamó Jaume Roures, su productor, a quien yo conocía, para preguntarme qué tenía pensado hacer en julio. Le dije que tenía una cosa, y entonces me dijo que Woody Allen quería que trabajase con él en su próxima película.

¿No le temblaron las piernas?
Un poco sí, le contesté que adelante. Me dijo que me enviaría mi parte del guión porque nunca los envía completos. Yo a todo le decía que sí, y una vez más se hizo realidad esa frase que dice mi hermano de que tengo una flor en el culo. Han sido tres días de rodaje, tengo un papel pequeñito, interpreto a un pintor muy divertido, extravagante, que está un poco loco, y eso me gustó porque da más juego al interpretarlo. Un pintor casado con Elena Anaya.

¿Cómo es Woody Allen?
Me sorprendió porque pensé que sería distante, pero no, el ambiente ha sido estupendo, e incluso terminábamos las jornadas antes de lo previsto. Cuando había comedia el tío cambiaba, me decía cosas que me encantaron, nos entendimos súper bien.

¿Qué le decía?
Sobre el ritmo de la escena, a mí me gustaba mucho lo que me decía y a él lo que yo hacía porque me lo dijo, ya que al final me felicitó. Y me sorprendió, porque es como acostumbramos a verle en sus películas, va disfrazado de Woody Allen.

¿Qué le diferencia de otros directores?
Son directores como Guillermo del Toro, que tienen algo de genios, personas tan potentes, tan incomparables, que te das cuenta de que están continuamente inventando y cuando ves algo, enseguida te das cuenta de que es suyo. Le tendrías que ver cuando empieza a rodar, es impresionante.

Además de 'La inocencia', tiene otras películas por estrenar.
La de Icíar Bollain, que rodamos en agosto, y otra que he rodado en Francia. Como te digo, tengo mucha suerte de trabajar en lo que me gusta. A veces no me creo lo que me pasa, empecé en esto de broma, después me voy a Francia y trabajo, hago cosas en Inglaterra, en Italia y en España.

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¿Cómo ha conseguido que no se le suba el éxito a la cabeza?
Si te digo que ni mis hijos ni mis padres ni mi hermano ni mi novia saben cuál es la última película que he rodado, no te lo crees. De lo de Woody Allen –'Un día de lluvia en Nueva York'– se enteraron porque se lo comenté a un amigo y éste se lo dijo.

¿Alguno de sus hijos sigue sus pasos?
No, de momento mi hija está estudiando Educación Social, es monitora en un centro con chavales con dificultades, y mi hijo es un crack: en mi pueblo ya no soy Sergi López, soy el padre de mi hijo.

¿Qué le aporta Villanueva y Geltrú, su pueblo?
Va en el carácter: ahí están mis amigos, yo me fui a París para estudiar en la Escuela Internacional de Teatro, pero nunca tuve el deseo de quedarme, porque qué iba a hacer en París sin dinero. Y ahora que tengo mis hijos, mi hermano, mis padres, mi novia, voy a París de vez en cuando para ver a los amigos, o por trabajo, pero lo que más aprecio es ir al bar donde todos nos conocemos...

¿Es de donde saca la energía?
No lo sé, igual sí, y mira que no es el pueblo más bonito del mundo, pero es mi pueblo. Yo me siento bien con el contacto directo con la gente, lo necesito. Yo voy a Londres una semana y el primer día saludo al conserje, al día siguiente ya sé lo que hace, cómo vive. A mí me gusta hablar con todo tipo de personas.

¿Qué no le gusta de la fama?
No sé, si voy por la calle y me reconocen, bien, pero me da un poco de miedo la repercusión mediática de salir en televisión.

¿A qué dedica su tiempo libre?
Lo que más me gusta es ir al bar o a una terraza, pedir un café, leer la prensa, cuando pasa alguien que conozco, invitarle a que se siente conmigo; después ir a comprar el pan, vivir como si estuviera jubilado.

Ya hay gobierno, ¿cómo ve el panorama?
Uff, en principio, yo soy de izquierdas, que haya una coalición de izquierdas tiene que ser una buena noticia, pero es verdad que viendo el debate de investidura, oyendo cómo se tratan, Sánchez lo va a tener complicado, pero quiero creer que servirá para algo y que en la calle no llegaremos a insultarnos.

¿Por qué es tan difícil el diálogo entre oponentes?
Tendría que ser obligatorio sentarse a hablar hasta con tus enemigos más peligrosos porque, en la vida real, hablamos con gente que no piensa como nosotros.

Durante la Transición ese diálogo se logró.
Por eso me sorprende tanto ese lenguaje de conmigo o contra mí, un lenguaje muy beligerante que se acepta como algo normal y no debería serlo.

Cuando viene a Madrid, ¿se siente cómodo?
A mí nadie me ha dicho nada que me pueda incomodar por la calle, todo lo contrario, y en Barcelona igual. Mira, cuando tuvieron lugar los altercados en Barcelona, yo estaba en Francia, y cuando vi las televisiones en las que mostraban esas imágenes, llamé a mi madre y le pregunte qué pasaba y ésta fue su contestación: "Nene, yo tenía hora con el médico, he cogido el metro, he ido por todos los sitios que salían en televisión y no he visto nada". Ocurre en todas partes, fíjate cómo está París con lo de las pensiones, yo creo que hay gente interesada en dar esa imagen de guerra y es peligroso.

Que hay conflicto no se puede negar...
Por supuesto, pero un conflicto como lo hay entre padres e hijos. Para rebajar la tensión es importante que haya diálogo, los problemas no se arreglan rompiendo la baraja.

En el debate de investidura no se habló de Cultura.
Lo primero que yo haría sería poner la palabra cultura en el Consejo de ministros. Hay que invertir más en Educación y Cultura, si queremos que el país avance.

Emocionalmente, ¿cómo es su relación con el cine o el teatro?
Muy emocional, imagino que como casi todos los actores, muy profunda, porque me permite estar ocupado. Piensa que ni en mis mejores fantasías habría soñado una vida como la que tengo.

Entrevista realizada en el Hotel NH Madrid Nacional Paseo del Prado, 48, Madrid. Teléfono: 914 29 66 29.

Mi foto favorita

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"Verte con 8 o 10 años es un espejo curioso, porque tomas conciencia de en qué te has convertido".

¿Quién es Sergi López?

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Nació el 22 de diciembre de 1965 en Villanueva y Geltrú, Barcelona.

Trayectoria Dio sus primeros pasos como actor amateur tras dejar los estudios. Estudió Interpretación en la Escuela de Teatro Internacional de París. En 1991 decidió presentarse a su primer casting para trabajar en la película 'La petite amie d´Antoni', del director Manuel Poirier, su descubridor y con quien ha rodado nueve películas. En Francia ha conseguido reconocimiento internacional con películas como 'Harry, un amigo os quiere'. Con 32 años rodó su primera película en catalán, 'Caricies', de Ventura Pons. Su siguiente incursión en el cine español fue en 'Entre las piernas', con Javier Bardem y Victoria Abril. Al éxito de 'Harry…' le siguieron 'El cielo abierto' o 'El laberinto del Fauno', de Guillermo del Toro, con la que obtuvo numerosos premios. Con Woody Allen ha rodado 'Rifkin's Festival' y tiene pendiente de estreno 'La boda de Rosa', de Icíar Bollain. Ha recibido numerosos premios: Fotogramas de Plata, Medalla del Circulo de Escritores cinematográficos, Goya por “Sólo mía”, entre otros.

Familia Tiene dos hijos de una anterior relación.