Ser repartidor de comida en plena fiebre del ‘delivery’: “Las condiciones son miserables”

Marina Velasco
Jakub Porzycki/NurPhoto via Getty Images

En una de las noches más convulsas durante los disturbios de Barcelona en octubre, por un momento el foco pasó de las protestas a una foto que parecía reflejar el colapso de la sociedad actual. En ella se veía a un rider o repartidor en bicicleta, con su pedido a las espaldas, tratando de llevarlo a su destino con las llamas de fondo. A juicio de los internautas, la imagen del periodista Carlos Garfella resumía las dos caras (o tres) de nuestra sociedad de consumo: mientras todo arde, unos siguen trabajando de la manera más precaria para alimentar los deseos de otros, aparentemente, ajenos a este caos. 

Este es un caso concreto, pero para nada anecdótico. Según un informe de Comisiones Obreras (CCOO) con datos de 2016 del Instituto Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo, al año se producen más de 2.000 accidentes de moto y casi un centenar de hospitalizaciones en el sector servicios de comidas y bebidas.

“Además de estar jodido, te juegas la salud”, resume Patricia Libertad, que como Directora de Comunicación de Servicios de CCOO conoce de cerca la situación. Libertad colabora en la campaña ‘Fast & Precarios. Jugarse la vida por 394,88 € al mes’, lanzada por el sindicato para denunciar la precariedad en el sector de la comida rápida. “Porque si el sector de la hostelería es precario de por sí, el de la comida rápida, mucho más”, explica Javier Godoy, que lleva 12 años trabajando en un Domino’s Pizza de Madrid. 

Además de estar jodido, te juegas la salud

Mientras tanto, la demanda no deja de crecer. En 2018 más de la mitad de los españoles compró comida a domicilio, según el estudio Radiografía del consumo actual en Restauración & Delivery, de Kantar, y el 17% de los ingresos de bares y restaurantes ya procede del delivery. Pero frente al aumento de ingresos de las empresas, las...

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