Así podría ser el futuro: edificios flotantes que son como mini zepelines en la ciudad

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Photo credit: FramLab
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Hemos visto tantos diseños de coches voladores como el Cyclotech o el aerotaxi Volocopter que deberíamos haberlo visto venir. La última idea futurista que podría pasar de las películas de ciencia ficción al mundo real son los edificios voladores. De momento es un proyecto, pero si en unos años no sorteamos los atascos en una moto voladora entre edificios que vuelan será porque no queremos, no porque la ciencia no lo permita.

El arquitecto y ecologista de Framlab, Andreas Tjeldflaat, ha diseñado estos edificios flotantes para suspender, como un zepelín, sobre las calles de nuestras ciudades. De momento es un proyecto teórico en desarrollo, y a la espera de que un alcalde con ganas de pasar a la historia eche a volar su ambición, pero las maquetas digitales (los render) son asombrosos. Una mezcla entre el tetris y un cuadro de Magritte o un dibujo de Escher.

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En palabras del ecoarquitecto a FastCo, el proyecto Oversky trata de construir un “paisaje de nubes” que funcione como un nuevo tipo de plaza pública. Para volar emplea celdas de fibra de carbono llenas de gas de helio, como los globos de Up. Sin duda una elección mucho mejor que el inflamable gas de hidrógeno que en 1937 causó la tragedia del Hinderburg. La construcción en sí recuerda, ciertamente, a los zepelines y a unas nubes creadas por el hombre a las que se puede acceder por escaleras que dan a la calle. Los ciudadanos de Nube York, o como fuera a llamarse la ciudad del futuro, podrían transitar por su interior como si fueran túneles aéreos o salir a su azotea para pasear por la plataforma en los días de sol.

¿Son los edificios flotantes la última medida para aprovechar y abigarrar el espacio urbano? En principio no. Tjeldflaat reconoce que los “paneles de los módulos se pueden emplear por sí solos como parte de proyectos de infraestructura y construcción más convencionales” pero él piensa ante todo en combatir el cambio climático. Quizás por eso los edificios del futuro se parecen a las nubes.

Photo credit: FramLab
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La magia ecológica del invento se encuentra en lo que Tjeldflaat llama “ingeniera nanofotónica”, una tecnología que enfriaría los módulos flotantes mediante “una estructura similar a la espuma” con bolsas de aire a nanoescala que irradian calor hacia la atmósfera al tiempo que enfría el espacio debajo del edificio, igual que hacen los árboles de forma natural. De este modo Tjeldflaat pretende que reduzcamos el uso de combustibles fósiles y se pueda aclimatar una ciudad entera sin necesidad de encender el aire acondicionado.

Así es como se ve el futuro, fresquito y volando.

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