5 claves para reencontrar la confianza cuando crees que no eres suficiente

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Vivimos en una sociedad donde reencontrar la autoconfianza puede convertirse en una carrera de obstáculos. [Foto: Getty Images]

 

Temía no sentirme querido y fallar”, reconoció Jaime Lorente, uno de los actores españoles más famosos en el mundo, en el programa Salvados. Al mismo tiempo, la cantante Amaia Romero afirmaba que le daba miedo "decepcionar a la gente" y que se dieran cuenta de que no valía.

No son los únicos. Vivimos en una sociedad donde reencontrar la confianza en uno mismo puede convertirse en una carrera de obstáculos. Es una misión tan difícil que ni siquiera tras lograr el reconocimiento social nos damos permiso para sentirnos satisfechos y a gusto con nosotros mismos.

¿De dónde surge esa sensación de insuficiencia?

La sociedad de la productividad y el rendimiento genera la necesidad de justificar nuestra existencia. [Foto: Getty Images]
La sociedad de la productividad y el rendimiento genera la necesidad de justificar nuestra existencia. [Foto: Getty Images]

La sensación de insuficiencia suele tener sus raíces en nuestro entorno. Unos padres demasiado exigentes pueden habernos transmitido la impresión de no estar a la altura, sobre todo si en casa los elogios eran escasos y siempre nos exigían que nos esforzáramos más porque nunca era suficiente. Si nuestros padres nos hacían notar que debíamos ser más inteligentes, tranquilos, sociables… es probable que hayamos crecido pensando que teníamos una carencia que jamás vamos a solventar.

La falta de amor incondicional durante los primeros años de vida también puede ser el origen de esa sensación de insuficiencia. Cuando el amor de nuestros padres o los adultos que nos rodeaban estaba condicionado a nuestros logros, terminamos creyendo que no tenemos un valor intrínseco, sino que solo valemos por lo que hacemos y los resultados que alcanzamos. En esos casos, el miedo a no ser suficientes no nos abandona porque equivale a perder el cariño, el amor y la aprobación de los demás.

Aunque seamos adultos, nos resulta difícil desprendernos de esas ideas y creencias porque ya las hemos introyectado. Es probable que terminemos desarrollando un “yo” demasiado crítico y perfeccionista que nunca se da por satisfecho. Ese “yo” nos machaca continuamente recordándonos que no somos suficientes y que jamás lo seremos.

En el fondo, esa sensación de insuficiencia tan extendida es el resultado de una sociedad que se ha olvidado de ser para priorizar el hacer y el tener. La sociedad de la productividad genera la necesidad de justificar nuestra existencia. No basta con ser, tenemos que hacer y demostrar que lo hacemos bien para poder acaparar - cuanto más, mejor. La sociedad del rendimiento crear una presión tremenda por “estar a la altura”, que a menudo significa cumplir con los estándares de éxito que otros han establecido.

De la parálisis al síndrome del impostor, las consecuencias de sentirnos insuficientes

Cuando las personas que no confían en sí mismas alcanzan un logro importante, se sienten como impostores. [Foto: Getty Images]
Cuando las personas que no confían en sí mismas alcanzan un logro importante, se sienten como impostores. [Foto: Getty Images]

La sensación de no ser suficiente es una trampa terrible porque no implica reconocer conscientemente que tenemos ciertas deficiencias - quizá no somos buenos oradores o nos falta iniciativa - sino que es sentirse pequeño e incapaz. No es un problema a corregir o una habilidad a desarrollar. No es un defecto, es sentir que somos defectuosos.

Esa sensación puede conducirnos por dos caminos. Para algunas personas es simplemente paralizante. Lastra su autoestima y aniquila la motivación para emprender cualquier proyecto. Como resultado, se refugian en una zona de confort demasiado estrecha donde suele crecer la desesperanza y la depresión.

En otros casos, cuando las personas alcanzan un logro importante, se sienten como farsantes. No son capaces de reconocer sus logros y valía, creen que no merecen ese éxito y lo achacan a circunstancias externas, como la buena suerte, minimizando su esfuerzo y capacidades. Eso les hace sentir como si fueran un fraude, de manera que viven con miedo a ser descubiertos y defraudar a los demás. Sufren lo que se conoce como “síndrome del impostor”, el cual acarrea una gran inseguridad y tensión constante.

Las claves para reencontrar la confianza en ti

Decirte que no vales nada o que no eres suficiente no te hará sentir más valioso o seguro. [Foto: Getty Images]
Decirte que no vales nada o que no eres suficiente no te hará sentir más valioso o seguro. [Foto: Getty Images]

Sentir que no eres suficiente es como mirarte en un espejo empañado. No verás una imagen clara de quién eres en realidad, sino un reflejo distorsionado que pasa a través de los filtros que otras personas te han transmitido. Para recuperar la autoconfianza necesitas limpiar ese espejo. Solo así podrás apreciarte tal como eres.

1. Reconoce que tienes valor. Y punto.

Las personas que confían en sí mismas y en sus capacidades no bajan el listón ni se resignan a vivir en la mediocridad. Simplemente desarrollan la autoeficacia y blindan su autoestima ante los fracasos. Tampoco son personas llenas de sí o arrogantes. Saben que no son perfectas, tienen defectos y cometen errores, pero confían en su habilidad para alcanzar sus metas, crecer y recuperarse tras un descalabro.

Conviértete en una de esas personas y no permitas que los demás juzguen tu valor. No entres en el juego de la vida esperando que los demás puntúen tu desempeño. No tienes nada que demostrar porque tu valía como persona no está vinculada a tus logros profesionales ni en cualquier otra área de tu vida. Necesitas comprender que tienes un valor intrínseco, que ya eres suficiente. No permitas que la presión social te haga olvidarte de la persona única y maravillosa que eres.

2. Abandona las “competiciones de valor”

¿Crees que no eres suficiente respecto a qué o a quién? La sensación de insuficiencia a menudo surge de una comparación. Sin embargo, es probable que olvides que siempre serás más capaz que alguien y menos hábil que otros. La tendencia a compararse es normal, pero no olvides que en la era de las redes sociales, si te obsesionas con ello, se convierte en arma de doble filo que puede hundir tu autoestima.

Como confesó la propia Amaia: "me comparaba con otras chicas y me sentía fea". Siempre habrá una persona más exitosa, más guapa, más inteligente – o al menos alguien que proyecta esa imagen. Compararte con los demás es un ejercicio estéril que solo conduce a la insatisfacción. En su lugar, asume que la única comparación realmente importante es con tu “yo” pasado. Olvídate de esas competiciones de valor. Cada persona es valiosa y especial a su manera.

3. Deshazte de las creencias limitantes que no te pertenecen

La sensación de no ser suficiente es como una mochila que llevas en tus hombros llena de creencias, estereotipos y prejuicios que determinan cómo te ves y valoras. Quizá muchas de esas etiquetas ni siquiera te pertenecen, sino que te las han colocado otras personas a lo largo de tu vida. Sin embargo, si las aceptas y te identificas con ellas, se convertirán en un peso que lastra tu desarrollo y te hace sentir mal.

De hecho, si escuchas con atención tu crítico interior, es probable que descubras palabras de otras personas significativas en tu vida. Simplemente estás repitiendo lo que otros han dicho sobre ti. Mirar dentro de esa mochila te permitirá descubrir, por ejemplo, que estás cargando las inseguridades de tus padres, las expectativas de antiguos profesores o las exigencias desmedidas de tus superiores. Deshacerte de esas creencias limitantes te permitirá darte cuenta de quién eres realmente y comenzar a construir tu nuevo “yo”.

4. Busca lo que te hace feliz y date permiso para disfrutarlo

La sensación de no ser suficiente a menudo genera un bucle tóxico de búsqueda de aprobación, de manera que puedes terminar atrapado en proyectos laborales que no te satisfacen, grupos de amigos con los que no tienes mucho en común o pasatiempos que te hacen quedar bien, pero no te hacen sentir bien. Cuando crees que no eres suficiente, simplemente te resignas. Puedes llegar a sentirte contento, pero no feliz.

Jaime Lorente lo vivió en primera persona. Contó: “yo no ganaba un duro y era feliz”. Sin embargo, “La casa de papel revienta y yo soy una persona triste. Me digo, ¿ahora que estoy consiguiendo lo que siempre he pensado que quería conseguir, al pozo […] He luchado por un sueño que no era mío”.

Por eso, es importante que te preguntes cuándo fue la última vez que hiciste algo que disfrutaste de verdad, no para ponerlo en tu currículum vital. Dedicar tiempo a lo que te gusta te ayudará a verte desde otra perspectiva. Te permite experimentar y disfrutar de ti mismo sin la presión del desempeño, el rendimiento, los juicios y las expectativas. Es una experiencia liberadora que te recuerda que ya eres suficiente.

5. Piensa en lo que cambiarías si confiaras en ti ¡Y hazlo!

Terry Crews, el talentoso atleta y actor, resumió el secreto de su éxito en tres palabras: “Ya soy suficiente”. Todo cambia cuando cambias tu manera de verte. Decirte que eres un fracaso no te volverá más exitoso. Decirte que no vales nada o que no eres suficiente no te hará sentir más valioso o seguro. Cuando cambias ese diálogo interior pesimista y crítico por palabras más amables, compasivas y optimistas, tendrás más fuerza para afrontar las cosas buenas y malas de la vida.

Un pequeño ejercicio de empoderamiento consiste en preguntarte qué harías si ya confiaras en ti. ¡Atrévete a hacerlo! A fin de cuentas, “un viaje de mil millas comienza con el primer paso”, como apuntara Lao-Tse. Si nunca te atreves, no sabrás cuán lejos puedes llegar y seguirás pensando que no eres suficiente.

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