7 señales que revelan que tienes una familia tóxica

La familia debería ser una fuente de amor, apoyo y comprensión. Debería ser el refugio donde nos sentimos a salvo. Debería. Tiempo condicional del modo indicativo que indica una acción futura e hipotética que, cuando se frustra, deja paso a una familia disfuncional que le arrebata el oxígeno psicológico a sus miembros.

Se trata de hogares donde la manipulación, el drama, las críticas, las humillaciones, los celos, el hipercontrol o la indiferencia afectiva se han convertido en pan cotidiano. Estas familias tóxicas siguen patrones de comportamiento que no solo lastran las potencialidades de algunos de sus miembros, sino que incluso llegar a afectar su equilibrio mental. En esos casos, como dijo Hermann Hesse, “la familia es un defecto del que no nos reponemos fácilmente”.

Cada miembro de la familia debe encontrar su lugar. [Foto: Getty]

Los 2 obstáculos que nos impiden ver nuestra familia con objetividad

Detectar y aceptar que nuestra familia puede ser tóxica no es fácil. Hay que sortear dos obstáculos: la idealización de la familia y los vínculos emocionales.

A nivel social se ha idealizado la familia, entendiéndola única y exclusivamente como un núcleo positivo, de manera que cualquier persona que no la vea así es catalogada como la “oveja negra”. Esa creencia está tan arraigada que muchas personas soportan estoicamente los maltratos familiares simplemente porque “no se perdonan el ofender la idea que se ha formado del amor familiar y los deberes que impone”, como apuntó el filósofo Max Stirner. Creen que ellas son el problema, no la dinámica familiar.

El otro obstáculo para deshacernos de esas ataduras tóxicas es el vínculo emocional que hemos establecido en el seno familiar. Muchas veces nos negamos a reconocer que estamos siendo manipulados, dominados o maltratados por las personas que más queremos. Reconocer esa realidad implica aceptar que la supuesta fuente de seguridad y protección representa un peligro para nuestra salud mental, lo cual puede dejarnos sin asideros, desconcertados frente a un mundo que comienza a parecernos más hostil y amenazante.

Las emociones no mienten: Céntrate en lo que sientes

¿Qué sientes cuando estás con tu familia? [Foto: Getty]

Las emociones pueden actuar como señales de alarma para obligarnos a prestar atención a un problema que nos negamos a reconocer. Estos estados emocionales son comunes en las personas que se sienten aplastadas bajo el peso de su familia:

1. Te drenan emocional y físicamente

¿La mera perspectiva de tener que pasar tiempo con tu familia te resulta agotadora? Si cada reunión familiar te roba la energía, dejándote exhausto física y emocionalmente, es probable que se deba al esfuerzo que estás haciendo para contenerte en su presencia o a las expectativas que te sientes obligado a cumplir. La paciencia y la fuerza de voluntad no son recursos infinitos, por lo que si cada encuentro está marcado por la tensión, es normal que termine agotando tus reservas de energía.

2. Te sientes culpable en su compañía

Si sientes que no importa lo que digas o hagas, porque tu familia no lo valorará y pensará que está mal, es probable que vivas en un hogar tóxico. Cuando se instaura este tipo de dinámicas, te resultará difícil decir “no” y hacer valer tus derechos sin sentirte culpable. La frase que quizá hayas escuchado hasta la saciedad es: “¡Con todo lo que he hecho por ti y así me pagas!”. Este tipo de comentarios encierran una manipulación encubierta para que creas que eres una persona horrible y desagradecida. Después de esos encuentros te sentirás mal contigo mismo, culpable y/o avergonzado, aunque en lo profundo de tu interior sepas que tienes la razón.

3. Te enfadan continuamente

A veces, las personas que más queremos pueden ser las que más nos enfaden. Es normal. Cuando existe un vínculo afectivo muy intenso, se desatan emociones intensas. Sin embargo, si cada vez que pasas tiempo con tu familia terminas irritándote o enfadándote por algo que dicen o hacen, es probable que tengas que revalorar esa relación, por el bien de tu equilibrio mental.

4. Priorizas sus necesidades, olvidándote de las tuyas

En ocasiones, la familia demanda sacrificios. Después de todo, el amor también es saber anteponer las necesidades de quienes queremos a las nuestras. Pero cuando eso se convierte en la norma – día sí y día también – cuando te sientes “obligado” a anteponer continuamente las necesidades de tu familia a las tuyas, de manera que terminas relegándote a un segundo o tercer plano, es porque se ha instaurado una relación de dependencia en la que tú das continuamente sin recibir nada a cambio, a veces ni siquiera las gracias.

5. Te sientes anestesiado a su alrededor

Si no te sientes feliz cuando ves a tu familia, sino que simplemente entras en piloto automático es porque esa relación ha perdido su razón de ser, dejando de ser una fuente de satisfacción y un estímulo positivo para convertirse en una pesada obligación. A menudo, ese vacío emocional es el resultado del vencimiento interno; o sea, has dejado de luchar contra aquellas cosas que te afectaban y, para hacerlas más llevaderas, simplemente te desconectas de la situación.

6. Sientes que no eres auténtico

Deberías poder ser tú mismo con las personas que amas, porque el auténtico amor es incondicional. Si no puedes ser auténtico con tu familia y cada vez que les ves sientes que estás interpretando el personaje que se espera de ti, es probable que se deba a que has cedido a la presión familiar para encajar en el rol que te han asignado. Quizá en el pasado tu familia reprendió duramente muchos de tus comportamientos, opiniones o actitudes, de manera que percibiste que no eras aceptado por la persona que eras y has tenido que construir una máscara.

7. Sientes que controlan la relación

En muchas familias se establece un desequilibrio de poder en el que algunos de sus miembros son sometidos por el resto y se ven obligados a acatar las decisiones de los demás, sin tener voz ni voto. En esos casos, la familia es quien decide las cosas importantes, sin tener en cuenta tus deseos ni necesidades, simplemente debes acatarlos. Ese control no siempre se impone por la fuerza y amenazas, muchas veces se trata de un mecanismo de manipulación más sutil que hace leva en tu sentido de la responsabilidad o incluso en el amor y respeto que sientes por ellos.

¿Cómo lidiar con una familia tóxica?

Protegerse de una familia tóxica es una cuestión de supervivencia emocional. [Foto: Getty]

Una familia no es la simple suma de sus miembros, es un conjunto de interacciones, lo cual significa que de poco sirve buscar un “culpable” a quien achacar todas las culpas. Lo más constructivo e inteligente es analizar la dinámica de las relaciones que se han establecido para buscar cuáles de tus conductas o reacciones están alimentando esa relación tóxica. Quizá eres demasiado complaciente. O nunca les has dicho cómo te hacen sentir sus comportamientos.

Ten en cuenta que una familia tóxica es simplemente aquella que no cuenta con los recursos psicológicos para afrontar la convivencia de manera asertiva y desarrolladora para sus miembros. Esto significa que, si todos se comprometen, esa dinámica se puede revertir. A menudo es más sencillo si hablas con cada miembro de la familia por separado y, en vez de asumir una actitud acusadora simplemente le dices cómo te sientes y qué te gustaría que cambiara.

En caso de que no sea posible y tu equilibrio emocional esté en juego, necesitas establecer límites, líneas rojas que los demás miembros de la familia no deben sobrepasar bajo ningún concepto.


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