He visto la segunda temporada de 'Emily en París' y sigo sin poder entender la atención exagerada que tiene

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Tras el éxito inicial de Emily en París en navidades de 2020, Netflix y los responsables de la serie apresuraron motores para aprovechar la tregua del verano pandémico y traernos una segunda temporada a la velocidad del rayo. El resultado ya está disponible en la plataforma con una segunda temporada que intenta corregir errores del pasado, pero olvida nuevamente los latidos de la historia.

Diez episodios que se traducen en cinco horas con una protagonista convertida en una experta saltando de drama en drama con una frivolidad pasmosa.

Lily Collins como Emily en Emily en París. Cr. Carole Bethuel/Netflix © 2021
Lily Collins como Emily en Emily en París. Cr. Carole Bethuel/Netflix © 2021

La primera temporada de Emily en París corrió con la suerte de llegar en un momento de escapismo necesario. Tras el primer año de pandemia, el público necesitaba historias que nos evadieran de la realidad y nos llevaran de viaje por rincones pintorescos contagiándonos de la vieja normalidad. Y esta serie, junto a Gambito de dama y Los Bridgerton cumplieron aquel cometido.

Sin embargo, más allá de las postales parisinas, un vestuario colorido y el escapismo visual, Emily en París no tenía profundidad dramática para ofrecer. Y con su segunda temporada menos todavía.

La historia comenzó en 2020 presentándonos a Lily Collins en la piel de una experta en marketing digital de 29 años, que se traslada de Chicago a París para trabajar durante un año en la nueva filial de su empresa en la capital francesa. La trama recurría entonces a un triángulo amoroso plagado de clichés (con un chef llamado Gabriel y la novia de este, Camille, amiga de Emily) y una protagonista que ni sufre ni padece por amor, ni tampoco por el choque cultural de vivir en otra ciudad sin siquiera saber el idioma. Todo era ideal, con amigos nuevos apareciendo hasta debajo de las piedras, con un vestuario plagado de modelitos diferentes cada día (cuando Emily vive en un apartamento diminuto), mientras la serie usaba sus errores y meteduras de pata para transformarlos en momentos de tierna picardía.

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En consecuencia, la recepción de la crítica fue mixta mientras los franceses estallaron contra ella por los estereotipos anticuados que representaba de la cultura francesa. Por ejemplo, por recurrir a los clichés de fumar en lugares públicos, representarlos con boinas, baguettes, croissants, camareros hostiles, y hasta por señalarlos de incultos por no comprender el sexismo en plena era #MeToo (con Emily sirviendo de maestra).

Sin embargo, a pesar de la superficialidad de su historia, la serie fue todo un éxito para Netflix siendo vista por 58 millones de hogares en su primer mes en la plataforma. En aquella ocasión acusé el fenómeno a esa dosis de escapismo que nos ofrecía. Si dejábamos a un lado los estereotipos podíamos encontrar una serie fácil de ver, que no invitaba a ningún tipo de análisis, interés personal ni motivación cultural. Entre la moda y las postales parisinas, era un festín para los ojos aportando luminosidad al agotamiento anímico que el mundo estaba viviendo tras el primer año de la Covid-19.

Pero luego llegó lo inexplicable con nominaciones a los Globos de Oro, otorgándole un lugar en la temporada de premios que hizo que muchos no diéramos crédito. Y ahora ocurre lo mismo. Su segunda temporada aterrizó en la plataforma el miércoles 22 de diciembre y en tan solo dos días ya es lo más visto de Netflix en España, Reino Unido y otros países. Mientras las búsquedas en Google estallan con usuarios buscando datos sobre sus actores guaperas, su actriz protagonista, rincones de la serie, etc.

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Sin embargo, tras haber visto la segunda temporada al completo no logro justificar la atención que recibe. Porque más allá del escapismo que ofreció en 2020, no estamos ante una temporada que aporte adelantos en la trama ni arcos interesantes por descubrir. Al contrario, es más frívola todavía, mostrando a una Emily que se pasea por fiestas, hoteles de lujo, modelitos de infarto, bañándose en champagne, vino blanco y dejando que la vida le resbale por completo.

Es decir, la joven ejecutiva sigue pasando por cada momento de su vida como si no fueran con ella. Como viviendo cada experiencia con la misma superficialidad que dedica a sus instántaneas para redes sociales. Tras la noche de pasión que vivió con Gabriel (Lucas Bravo), la serie vuelve al principio desembocando en uno de los puntos más flacos de esta nueva temporada: cómo Emily lidia con las consecuencia de sus actos. La protagonista se pasa media temporada ocultando a su amiga y exnovia de Gabriel, Camille, que tuvo relaciones con él sin ofrecer ningun análisis o reflexión que justifiquen sus motivos. Al contrario, hasta las disculpas de Emily se antojan infantiles, sin hacerse responsable de sus actos cuando se supone que está viviendo un año de crecimiento y autodescubrimiento. Esa irresponsabilidad se repite en su faceta profesional, cometiendo errores de principiante como juzgar al marido de su jefa o tomar decisiones que ponen en jaque la relación de su empresa con uno de sus mayores clientes, el diseñador de moda Andre Cadault. Ni responsabilidad ni consecuencias, aquí todo pasa de largo.

Con todo esto, resulta imposible identificarse con ella. No solo por la frivolidad con que Emily lidia con la traición a su amiga o los errores que comete, sin reflexionar al respecto en ningún momento, sino porque la serie se regodea en la idea de elevar el rol de Emily en su faceta como amiga ideal, buena compañera laboral, trabajadora, motivacional, etc. pero no es más que un aura superficial. Todos la adoran, sus nuevos amigos, los hombres que entran en su vida, los clientes… Sin embargo, en ningún momento cuenta a su supuesta amiga que tuvo relaciones con su novio, al contrario lo esconde, fuerza los encuentros y hasta huye de ella cuando le conviene. Ni tampoco es sincera con su nuevo interés amoroso, Alfie, cuando este le confiesa sus sentimientos y las miras a futuro de la pareja.

Lucien Laviscount como Alfie, Lily Collins como Emily en Emily en París. Cr. Stéphanie Branchu/Netflix © 2021
Lucien Laviscount como Alfie, Lily Collins como Emily en Emily en París. Cr. Stéphanie Branchu/Netflix © 2021

Se nota que los responsables intentaron mejorar lo más criticado de la primera temporada, añadiendo más personajes hablando francés en la historia y haciendo que Emily reconozca que no puede ir por la vida imponiendo americanismo turista. Sin embargo, cada episodio pasa de refilón por los sentimientos sin profundizar en los de su protagonista. Emily va por la vida vestida de muerte, a la moda, cautivando a todo aquel que se le acerca pero ¿por qué? Es imposible saberlo porque el personaje no transmite ninguna profundidad emocional.

La segunda temporada habrá mejorado algunos estereotipos franceses (que no todos), pero la fachada de perfección visual no es suficiente para justificar la existencia de esta segunda temporada. En una era en que los espectadores nos hemos acostumbrado a series de calidad argumental, con profundidad dramática e hilos narrativos interesantes, Emily en París 2 no llega siquiera a la media.

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