Los secretos más extraños de los millonarios descubiertos en un spa

Dos mujeres hacen yoga en Canyon Ranch. Foto: Getty.

Cuando los directivos del legendario resort de Canyon Ranch le ofrecieron a Brandon Presser la opción de pasarse una semana en su sede de Arizona, este escritor y reportero de Bloomberg no se lo pensó dos veces. Iría en calidad de encubierto, haciéndose pasar por miembro del personal de uno de los resorts más codiciados y supuestamente mágicos para el cuidado de la salud en Estados Unidos.

Cuarenta años después de su fundación, las instalaciones de Canyon Ranch en Tucson, Arizona, siguen siendo el buque insignia de la industria multimillonaria del reposo y el bienestar; y de ello pudieran dar cuenta las personalidades que lo visitan, como Diana Ross, Tim Cook o Eva Longoria, además de decenas de acaudaladas familias que no aparecen a diario en las páginas de las revistas.

Sin embargo, como miembro temporal y discreto del personal del resort, Presser pudo constatar que no todo es paz, y que muchas veces los clientes no se aíslan en este sitio paradisiaco para huir de sus vicios y sus malos humores, sino para concentrarlos y seguir gozando de ellos.

“Creo que siete es el récord actual de la cantidad de veces que un huésped ha cambiado de habitación durante una estadía de tres noches”, le asegura al escritor la gerente del buró de la recepción, Samantha Zaepfel, quien además atiende solicitudes como la adición de cortinas opacas y mirillas con cinta adhesiva.

A Zaepfel también le han pedido que desenrosque la mitad de las bombillas en una suite, que quite todos los bolígrafos y papel, y que organice un traslado al aeropuerto con dos autos para un solo cliente, uno para él y otro para su equipaje.

A medida que el rancho empezó a ser visitado por los nuevos y acaudalados magnates del mundo de la tecnología, Zaepfel y su equipo han tenido que responder con eficiencia a una diversa variedad de pedidos extravagantes, como cambiar la cama de posición y situarla hacia el norte porque el cliente cree férreamente en el feng shui, o retirar todas las mesas y sillas de una suite para complacer a alguien que “odiaba el aspecto de las superficies planas”.

Y para los visitantes que desean desesperadamente quedarse solos, el personal ha tenido que desconectar los timbres, habilitar sensores disfrazados de piedras colocadas fuera de las puertas para que los huéspedes sepan cuándo se acerca alguien, y hasta llevar hornos y conservadores del calor a las habitaciones para que puedan calentar los alimentos.

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Casa en el resort Canyon Ranch, Getty

Y luego hay cambios que se han vuelto permanentes, como el de una habitación que tiene el televisor de pantalla grande cerca de la bañera de hidromasaje, y otra a la que le fue colocado un inodoro especial, ambos casos para clientes asiduos al resort.

Excentricidades culinarias de los millonarios

En el capítulo de alimentación, Brandon Presser supo que a diario el personal del restaurante recibe un informe de las necesidades personales de muchos de sus clientes. “Hace diez años, la lista era una hoja; hoy tiene entre 20 y 30 páginas”, reconoce Mena Garaawey, la asistente del gerente del restaurante.

Sin embargo, según Garaawey, los mismos que exigen alimentos libres de gluten por una posible alergia son muchas veces capaces de zamparse un pedazo de pan o un rico postre con harina, mientras que muchos que dicen ser alérgicos a los lácteos aprovechan la menor ocasión para devorar un helado.

Aquí los comensales más excéntricos han pedido que les extraigan el coco al arroz con coco que han pedido, o que les sirvan un caldo de pollo pero sin los fideos.

“Tenemos un cliente regular que, sin importar lo que ordene, quiere que su plato [ya caliente] esté en el microondas exactamente durante ocho minutos y medio", señala Garaawey. Otro exige una ofrenda de bienvenida de tres frambuesas y una manzana pequeña. Otro se niega a ser atendido por una rubia, alegando que carecen de las facultades mentales para hacer su pedido correctamente. Y el de más allá exigía sentarse a una mesa que estuviera equidistante entre la cocina y el bar de ensaladas, porque era “alérgico al olor de las cebollas crudas”.

De acuerdo con el reportero, cerca del 70% de los invitados se concentran en la nutrición y la pérdida de peso; el 15% se enfrenta a cambios significativos en la vida tras un divorcio o un fallecimiento cercano; y el 15% restante simplemente busca algo de relajación. Sus edades varían entre los 30 y los 85 años, con una división de género que es 70% femenina y 30% masculina, aunque Shayne Hornfeck, el gerente de operaciones, dice que eso cambió cuando los hombres se dieron cuenta de que “los spas no son solo lugares donde las mujeres se hacen las uñas”.

Astrología, masajes y sexo

Con una tarifa que empieza en los 7,800 dólares y que incluye actividades como spinning y senderismo, el huésped promedio se gasta unos 1,500 adicionales en servicios de spa como tratamientos faciales y masajes, pero también en lecturas de astrología y otras sesiones metafísicas.

“Alrededor del 40% de las personas les gusta hablar durante su masaje", dice Ed Finnegan, uno de los masajistas del complejo. Más allá de eso, 1 de cada 15 personas gime audiblemente cuando se libera la tensión en sus músculos. “Una vez tuve a una clienta que comenzó a hablar en voz alta mientras dormía”, recuerda la esteticista Hannah Turner. “Tuvimos una conversación completa sobre sus tacos favoritos que no recordó más tarde”.

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En ocasiones las sesiones de masajes dan lugar a situaciones un poco incómodas. Foto: Getty Image.

En otra ocasión encontró a un cliente colgando desnudo del techo después de su sesión, experimentando con las barras de Ashiatsu.

Pero si hay un fenómeno extremadamente común es el de tirarse pedos. “Los invitados comen dietas altas en fibra y estamos moviendo aire alrededor de su cuerpo. Es algo inevitable”, dice Finnegan.

Aunque un invitado una vez trajo una pluma gigante y exigió que se la pasaran por el cuerpo, por lo general los casos de “¿puedes bajar un poco más?” son extremadamente raros en el resort, un lugar donde las personas buscan beneficios terapéuticos, no el famoso “final feliz”.

“Supongo que es más probable que las personas confundan la sensualidad y la sexualidad en los resorts de playa o en los centros comerciales”, dice Finnegan. Así ocurrió con el multimillonario británico Sir Philip Green, quien fue acusado por su instructora de Pilates de haberle dado nalgadas (lo cual él niega), y la expulsión de una mujer de mediana edad que destrozó por completo su habitación, rompiendo botellas de vino en todas partes, después de que un entrenador rechazara sus propuestas amorosas.

Según la doctora Nicola Finley, la mayor parte de su trabajo en el centro está en ayudar a mujeres de mediana edad, heterosexuales y monógamas para que aborden su bajo libido o la disparidad de deseo que existe con respecto a su pareja. Cuando sus necesidades no están satisfechas, dice, generalmente tiene que ver con la falta de juego erótico previo al coito.

Para ayudar a los huéspedes a encontrar lo que les funciona, existe la Sala de productos íntimos, una tienda de juguetes sexuales que cada año vende más de 50,000 dólares en literatura, lubricantes, consoladores y vibradores. Aquí la adquisición más popular suele ser el We-Vibe Sync, de 200 dólares, que viene con un control remoto y la capacidad FaceTime para relaciones a larga distancia, para que los clientes puedan activarla desde donde estén.

Alimentos sanos y bótox

Por lo demás, todo se centra en la dieta. En 2019, con el complejo al 70% de su capacidad, los huéspedes devoraron 6.000 libras (2.700 kg) de col rizada, 7.000 libras (3.200 kg) de salmón, 10.000 libras (4.500 kg) de manzanas y más de 4.000 libras (1.800 kg) de ajo.

La escasez y el aumento de los precios del aguacate causaron una disminución en su consumo, aunque igualmente los huéspedes devoraron cerca de 50.000 libras (23.000 kg), mientras que el consumo de jugo de apio creció. Y nada más que en coliflor, la reina del restaurante, fueron preparadas 13,000 libras (casi 6.000 kg).

Aunque no todo es dieta. ¡También está el bótox! Y este no es un capítulo reservado en exclusiva a señoras mayores acaudaladas. Los ejecutivos de alto nivel que buscan una recarga física y mental también quieren disfrutar de este recurso. Ahora, en promedio, una docena de caras pasan por las inyecciones al día, incluidas las de los ejecutivos de las grandes compañías.

Más de la mitad de los pacientes de la Dra. Amy Henderson son novatos que se sienten seguros metiéndose en algo nuevo siempre que sea dentro del resort Canyon Ranch. Y a todos les da igual que el tratamiento promedio esté entre los 2.000 y los 3.000 dólares.

“Hace poco tuve una mujer joven que aspiraba a verse como una foto de sí misma filtrada por Snapchat, eso era inquietante”, relata la especialista. Pero es que esta es apenas una de las tantas excentricidades que se ven y se viven es este paraíso para gente con mucho dinero.