El secreto para que tu dieta funcione y puedas perder peso

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Perder peso puede llegar a convertirse en una auténtica obsesión para muchas personas muy preocupadas por su aspecto pero que pasan por alto la salud, el aspecto esencial para nuestro bienestar. Sin embargo, alcanzar el estado de forma ideal no pasa por estrictos regímenes. Y es que no volver a ponerse a dieta y no ganar kilos es posible. Así lo asegura Ana Amengual, dietista nutricionista y autora del libro Pon orden en tu cocina, para quien aprender a comer de forma saludable y siguiendo unas directrices que sean flexibles y sostenibles en el tiempo es la única forma de mantener un peso saludable, evitando los cambios de peso bruscos y efectos rebote.

Desde su propia experiencia profesional, la experta asegura que "la sensación de vivir a dieta es agotadora y hace que la relación con la comida y con el propio cuerpo se tense y genere un desgaste emocional brutal". Para ella, la manera de evitarlo es romper con la idea de que comer sano es hacer dieta y focalizarnos en crear un hábito que sea sostenible para siempre.

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¿Por qué no funciona mi dieta?

Amengual apunta que uno de los principales motivos de fracaso con las dietas es que jamás nos han enseñado qué es comer sano, qué alimentos deben predominar en nuestra alimentación y qué prácticas nos pueden ayudar a prevenir las toxiinfecciones alimentarias. Aunque en principio pueda parecer algo sencillo, un estilo de vida saludable engloba un conjunto de importantes acciones cotidianas relacionadas con la comida: qué incluir y evitar la cesta de la compra, cómo debemos conservar los alimentos, en qué orden es mejor conservarlos, cuanto tiempo dura cada cosa, si podemos consumir un alimento caducado o no… Sin embargo, si establecemos cierta organización y protocolo a la hora de llevar a cabo estas actividades resultará más fácil crear y repetir acciones que contribuyan al mantenimiento de por vida de unos hábitos saludables. Estas son unas buenas recomendaciones para empezar:

  • Buscar el momento adecuado. Para que la dieta funcione, tiene que ser el momento adecuado. Cambiar la forma de alimentarnos y dar un giro a nuestra forma de hacer las cosas en la compra y en la cocina requiere de tiempo, esfuerzo y, sobre todo, motivación. Es importante estar plenamente convencidos de que realmente queremos y podemos hacer un cambio para siempre.
  • Establecer la salud como principal objetivo. Un cambio radical en la alimentación tiene que partir del punto de cuidarse, prevenir enfermedades y mejorar la salud en general. Si solo surge de la idea de ponernos a dieta para adelgazar lo haremos desde la perspectiva de la restricción, el esfuerzo, la obligación y estaremos esperando deseosos de que llegue a su fin cuanto antes. Para Ana Amengual, más importante que perder peso, es tener buenos hábitos. Así, durante el proceso recomienda no subirse a la báscula con mucha frecuencia, "porque entonces pasará a ser una dieta y estaremos esperando un resultado numérico que premie el esfuerzo en lugar de estar pendientes de nuestra salud".
  • No buscar en internet y pedir ayuda profesional. Si se necesita ayuda, no debemos dudar en consultar a un dietista-nutricionista o psicólogo experto en la materia para que pueda asesorarnos correctamente sin poner en peligro nuestra salud, por ejemplo, a través de las denominadas 'dietas milagro'.

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Tres falsos mitos a desterrar de nuestra dieta

 

  • Las verduras congeladas son menos nutritivas. Los vegetales que se cultivan para ser ultracongelados se recolectan en su mejor momento (tanto a nivel sensorial como nutritivo) para congelarse. Este tipo de conservación mantiene en perfecto estado el alimento y su nivel nutricional. Debemos tener en cuenta que los vegetales frescos se recogen cuando todavía están 'verdes' para que vaya madurando a lo largo del trayecto (transporte, estancia en cámaras…) y llegue en el punto de maduración óptimo a la tienda. Por lo tanto, pueden ser igual o incluso más nutritivas que los frescas.
  • Para que un yogur sea saludable debe de ser desnatado. Lo que diferencia un yogur saludable de uno que no lo es no es su contenido en grasas, sino en azúcares. Un yogur natural entero puede tener 4-5 gramos de grasa lo que es poquísimo (tan solo una cucharada sopera de aceite son 15 gramos de grasa). Por otro lado, contiene alrededor de un 5% de azúcares sencillos. Sin embargo, muchos desnatados con frutas, sabores, mueslis, cereales u otros toppings pueden llegar a tener 15-20% de azúcar, lo que equivale a 2-3 sobres de azúcar por yogur.
  • Los huevos deben lavarse. ¡Jamás! Todos los huevos tienen en su exterior la bacteria salmonella. La nutricionista asegura que, si los lavamos, eliminamos una capa protectora que cubre la cáscara del huevo para evitar que esta bacteria entre, a través de los poros del huevo, en su interior.