Adiós a 'Secret Story', el mayor fiasco de la telerrealidad

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Se acabó. Secret Story ya es historia. Este jueves Telecinco ponía punto y final al reality que más dolores de cabeza le ha dado. Y lo hizo poniendo la guinda al pavo, manchado de escándalo tras el destape de la supuesta mentira del programa. Ocurría al final de la gala, cuando ya casi todos estábamos dormidos por el nivel de aburrimiento de la misma. La cosa se animó en la madrugada cuando el ganador, Rafa, y el tercer finalista, Adrián, hablaron más de la cuenta y dieron a conocer los trapos sucios de un programa marcado por la sombra del tongo y la falta de transparencia.

Muchos celebramos su final y pedimos que algo así no vuelva a ocurrir en televisión.

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Hace la friolera de 20 años, a Telecinco se le encendía la bombilla y brindaba a su audiencia algo que en Europa, concretamente Alemania, ya tenía un éxito sin precedentes: los reality shows. Gran hermano se alzaba en el año 2000 como la gran apuesta de la cadena privada en España, además de todo un experimento social que causó conmoción en nuestro país. Para que nos hagamos una idea, la gala final de GH 1 obtuvo un 70% de cuota de pantalla y 9 millones de espectadores viéndolo, algo prácticamente inviable a día de hoy. El porqué lo tengo claro. Primero, por lo atrevido de la apuesta y la emoción a raudales que se le inyectó; segundo, porque Mercedes Milá, una prestigiosa periodista de temas supuestamente serios, daba un giro radical a su carrera y se convertía en su presentadora. Reunía todos los ingredientes para convertirse en lo que fue, un pelotazo.

Dos décadas después, llega Secret Story y se carga todos esos cimientos que construyeron al reality que revolucionaría el mundo de la televisión y hacía historia. Han sido tantos los cambios, las vueltas de tuerca, las complicaciones, las novedades innecesarias y, en algunos casos, la poca sintonía y claridad con el público, que lo que llegó a lo más alto convirtiéndose en el formato estrella, hoy está malherido y en peligro de extinción.

Con Secret Story Mediaset ha roto todas las reglas habidas y por haber en un programa de telerrealidad. La primera, la censura y falta de claridad. La gala final dejaba entrever la posible gran mentira que muchos espectadores anunciaban hace semanas en redes y por la que amenazaron a la cadena de hacer un apagón. Y, la verdad, lo que sucedió este jueves nos da mucho que pensar. Por un lado, por la pasión con la que sus protagonistas contaron las cosas, y por otro, por la cara de circunstancias Carlos Sobera que no sabía ni dónde meterse.

Vamos a narrar el cuento de terror. Tras la llegada a plató de Marta y Rafa, los dos finalistas y este último ganador de la edición, se ponía sobre la mesa el tema que más guerra ha dado al programa: Nissy y su expulsión. Ella fue la más guerrera llegando a sobrepasar, a mi modo de ver, los límites de la convivencia. Los gritos, insultos, faltas de respeto y provocaciones fueron su seña de identidad. Con ella el morbo estaba asegurado al ser la única que cantaba las 40 a los muebles de la casa. Por eso la audiencia la hizo su reina. La pregunta del millón surge el día de su salida a la calle. ¿Por qué salió ella expulsada por el público si se supone que era la favorita y la que más juego daba? Adrián, el tercer finalista confesaba algo que responde a la pregunta y que no dejó precisamente bien al programa. "¿Sabes cuándo fue eso? Después de que a 6 personas tuvieran que venir a vernos el sicólogo porque era insoportable estar contigo y por eso te pusieron la expulsión del domingo, ¡que te ha echado el programa!", le dijo dejando a todos boquiabiertos. Una teoría que en su momento ya destapó la audiencia y que hoy cobra más sentido. Si bien es cierto que esto no dejaba de ser pura paja y la opinión de unos seguidores adeptos al programa, con las palabras de Adrián, un concursante que lo ha vivido desde dentro, la cosa cambia. Siembra la duda que algo queda...

Y por si ya éramos pocos, parió la abuela. Ante dichas acusaciones, llegó Rafa y, en defensa de Nissy ante las acusaciones de Adrián, va y suelta la segunda bomba de la noche. Una versión opuesta que da a entender qué cosas sucedieron allí dentro que jamás pudimos ver ni saber porque se omitieron. "Estoy diciendo que a la situación límite que llegaron ellos dándole patadas a las cosas y poniéndose en actitud agresiva, que se pusieron, es por culpa de ellos, no por culpa de Nissy. ¡Esa es la verdad!", prosiguió el ganador contradiciendo a Adrián.

Entonces, yo y miles de espectadores nos preguntamos: ¿y cuándo narices pasó eso? ¿Qué programa he visto yo? Ninguna de las imágenes descritas por uno y otro se emitieron en los programas especiales ni mucho menos en el 24 horas donde parece que le metían tijera cada vez que algo políticamente incorrecto ocurría. De hecho, las quejas de los fans entregados a la causa por la 'censura' en un canal que se paga y está para verlo casi todo, pusieron Twitter en llamas.

En definitiva y en resumen, que esta versión deformada de Gran Hermano ha sido, a mi modo de ver, un auténtico fiasco. Por eso celebro por todo lo alto el final de un show en el que confieso me quedé dormida. La otra razón, además de todas estas incongruencias de las que hemos sido testigos durante más de dos meses, ha sido la falta más absoluta de emoción. Me ha faltado corazón en todos los sentidos, desde un casting de personas que en su mayoría iban con un libreto aprendido, hasta la falta de coherencia del programa y sus decisiones de último minuto. Primero está Sandra Barneda, luego no. Nos encariñamos con Toñi Moreno y más tarde la quitan del medio. De repente hay programas resumen y van y desaparecen. Nos presentan a una chica majísima llamada Lidia Torrent y de la noche a la mañana la fulminan del show. ¿Pero esto qué es?

Ya son unos cuantos los realities que han pasado ante mis pupilas, pero ninguno había sido tan machacado en las redes sociales como este y, siento decir que con mucha razón. Porque una cosa es criticar a los concursantes y su participación y otra muy diferente apuntar al programa y su organización. Todas las ediciones tienen a sus detractores poniéndoles finos en estas plataformas, ya que es parte del cuento y entra dentro de lo esperado, pero lo de Secret Story lo ha superado con creces. El descontento ha reinado en la audiencia que, aunque sea un argumento manido, es y será siempre la gran soberana. Como seguidores acérrimos no se les escapa nada, son los mejores observadores y no suelen dar puntada sin hilo.

Curiosamente, ha tenido que llegar la final para que por fin reuniera una audiencia decente que no ha sido capaz de conseguir durante toda su emisión. Este jueves alcanzaba la gloria con un 12.9%, pero este número no les quita el título del reality menos visto de Telecinco. Cuando un programa te llega, como espectador no quieres que se acabe nunca, te acuestas de madrugada viendo el 24 horas a pesar del madrugón que te espera y lloras con una final por las emociones que esta despierta. Por el contrario, he de admitir que contaba las horas para que terminase Secret Story. Hoy, con la resaca, celebro su final, lo que no celebro es lo que han hecho con el formato. Me queda la esperanza de que resurja de las cenizas y vuelva a ser lo que era. No todo está perdido.

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