Sofía Cristo se carga la primera gran sorpresa de 'Secret Story'

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Ya teníamos ganas de reality, pero no de uno cualquiera. Telecinco ha estrenado Secret Story y, todo hay que decirlo, ha sacado muy buena nota. El nuevo show tiene un jugoso casting que promete surrealismo en estado puro. Sin embargo, su primera entrega se ha visto embarrada por la torpe reacción de una de sus participantes, Sofía Cristo, quien ha arruinado, por partida doble, parte del plan que la cadena tenía para su esperado estreno. Ahora toca remediarlo, aunque esto ya no hay quien lo arregle.

Sofía Cristo en 'Secret Story' (Enrique Cidoncha; cortesía de Mediaset)
Sofía Cristo en 'Secret Story' (Enrique Cidoncha; cortesía de Mediaset)

Después de un verano demasiado largo y aburrido en la cadena de Fuencarral, se agradece recibir esta bocanada de aire fresco. Los seguidores de realities, entre los que me incluyo, esperábamos con ganas ver este nuevo experimento llamado Secret Story y por fin podemos opinar. Su primera puesta en escena ha sido un popurrí de momentos tan tensos y polémicos, como desternillantes y absurdos. Es en este último bloque en el que Sofía Cristo se ha llevado el premio a la más patosa, dicho desde el cariño. Se notaba que estaba muy nerviosa con su entrada en la casa y su pícaro encuentro con Fiama terminó de rematarla, dos situaciones que le pasaron una factura de las caras.

Todo empezaba con el aviso de Jorge Javier Vázquez a la DJ en su presentación. El programa le había asignado una misión muy importante para el desarrollo del show en los primeros días. Tenía que fingir que quería irse de allí en el momento que escuchara la palabra aguacate. Pero claro, para ello debía construir un discurso creíble de por qué se marchaba. A los pocos minutos de la asignación, a Sofía parece que se le olvidó por qué estaba allí y ya estaba en su mundo pasándoselo en grande con su amiguito Luis Rollán y bailando sin parar con la música de Chimo Bayo, también parte del casting.

Andaba en su salsa, cosa que está muy bien y, todo sea dicho, nos encantó, pero se le escapó el pequeño gran detalle de que estaba allí para concursar, no de fiesta loca en una cálida noche de verano. Así que cuando Jorge Javier dijo "aguacate", Sofía hizo el papelón de su vida diciendo que se iba porque se le había olvidado dejar algo muy importante del perro. Se levantó y se esfumó. Tal cual. Yo no sé los demás, pero yo entré en modo ataque de risa ante el panorama nacional. Aquella fue la excusa más absurda y poco creíble que podía haber elegido. La pobre lo intentó pero metió la pata hasta el fondo y así se lo hizo el presentador cuando se quedaron a solas. 

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No cabe dudas que Sofía se dejó llevar por el subidón de su debut, pero con su experiencia en televisión y otros realities debería haber sido más avispada y jugar su papel pensando en la mentira que debía soltar como misión, en lugar de dejarse llevar tanto por la alegría del momento. La misión estaba clara y formar parte del jolgorio desde primeras no tenía mucho sentido si debía anunciar su partida. Eso sí, desde casa nos reímos mucho con su metedura de pata y en un programa de cuatro horas tiene su punto positivo.

Lo más gracioso de todo, además del error garrafal de la hija de Bárbara Rey, fueron las caras de sus compañeros. Nadie entendía nada, o mejor dicho, casi nadie se creía nada. Fue tan mala la representación de Sofía que a los pocos minutos de irse, casi todos tenían claro que eso era parte del show y que en breve la volverían a ver. La primera en olerse que esto era una farsa fue Lucía Pariente. La madre de Alba Carrillo estuvo excepcional durante todo el programa pues supo pillar las trampas y el entramado del reality desde el minuto uno. Además, con naturalidad y estilo. Primero descubrió la gran mentira de otra de las concursantes, Emmy, quien tenía que disimular que no sabía español, y después destapó el desastroso show de Sofía Cristo. Bravo por Lucía.

Era divertidísimo ver como a nadie le afectaba nada, ¡porque nadie se creía nada! Daba igual la cara de serio que pusiese Jorge Javier, aquello era un cachondeo absoluto y eso, a pesar del caos que creó, me encantó. El surrealismo siguió estando muy presente poco después, también gracias a Sofía que no daba pie con bola. Una vez en la sala secreta, Jorge, algo atemorizado dada la experiencia, le proponía otra misión. Elegir a un concursante a quien echar. Sería una expulsión falsa, en realidad la persona elegida sería su aliado o aliada hasta el domingo para pasar con ella esos cuatro días y sabotear la prueba que se les había asignado al grupo. Pero para los ojos del resto de participantes aquello sería una expulsión por partida doble nada más empezar.

¡En qué hora! Sofía, que estaba en modo amiguitos para siempre, se decantó por Luis Rollán, su hermano del alma. ¿Pero a quién se le ocurre? Jorge Javier estaba a cuadros, y nosotros desde casa, al menos una servidora, con dolor de barriga de tanta carcajada y disparate. ¿En qué cabeza cabe que te den a elegir un expulsado y elijas a tu mejor amigo? Eso daría pistas a los demás de que ni tú te has ido, ni tu intención era echar a nadie, sino todo lo contrario. La primera decisión de Sofía fue la de sacar a Emmy al tratarse de alguien absolutamente desconocido para el público español, pero al enterarse de que aquello era una misión secreta en equipo, cambió su elección. Mal hecho. Dos amiguitos fuera de la casa la misma noche no colaba, pero Sofía seguía en sus mundos de Yuppie y ni siquiera se dio cuenta de su mala decisión, al menos en términos de estrategia.

Una que sí parece que sabe mucho de esto es Lucía Pariente, a quien, una vez más no se le escapó que todo esto olía a chamusquina. No se creyó nada de nada y así se lo hizo saber al resto. Nada encajaba, demasiado sospechoso todo. En definitiva, un desastre absoluto que tampoco requiere de ser muy avispado para descubrir. Lo que pasa es que el resto no le dio demasiada importancia ya que la mayoría estaban tratando de hacerse querer y encajar en su nuevo hogar. Por un lado, Julen y Sandra Pica estaban muy ocupados pidiéndose explicaciones, y por otro, Canales Rivera estudiaba cómo no perder los nervios con Cynthia tan cerca. Eso sin contar con un Bigote Arrocet que trataba de estar a bien con todos y quitarse el sambenito de caradura tras su relación con María Teresa Campos.

Aquello fue un desastre en toda regla, pero un desastre maravilloso. Nadie se creyó nada y Sofía dejó constancia de sus ganas de pasárselo en grande más que hacer los deberes, un escenario tan divertido como esperpéntico que tiene pinta de seguir dando momentos dignos de un reality. El casting es prometedor, al menos así de primeras. Con los anuncios de los primeros participantes yo pensé, equivocadamente, que esto iba a ser más de lo mismo, y aunque en cierta forma lo es al mantener el esquema de la polémica y el enfrentamiento de Gran Hermano VIP, es cierto que sus fichajes desconocidos hasta el día de ayer, han sorprendido para bien. En etse reality, y para entenderlo, hay que mirar más allá de si son más o menos famosos y centrarse más en el juego que pueden llegar a dar por su personalidad.

La entrada de unos saladísimos Gemeliers, ajenos totalmente a este mundillo, le da el toque inocente y novedoso que necesitábamos. Lo mismo pasa con Chimo Bayo, ese DJ estrella de los 90 que nada tiene que ver ni con la tele ni sus entresijos. Eso sumado a la picardía de algunas que ya apuntan como las futuras villanas de la casa, me refiero a Fiama, Lucía y Cynthia, tiene toda la pinta de regalarnos momentos históricos en esto de la telerrealidad.

Este Secret Story a la española ha heredado mucho de GH, no nos vamos a engañar, entre otras cosas lo que parece la casa física y eso de solucionar batallas pendientes dentro de la casa. Pero a pesar de las similitudes, ha conseguido, al menos en su primera gala, hacerse paso y despertar la curiosidad y el gusanillo del público. Vamos a ver si mantienen ese ritmo y consiguen sorprendernos y hacernos reír en las próximas entregas. Yo presiento que se avecinan curvas y grandes momentazos.

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Imagen: Twitter/Secret Story

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