Que no sorprenda si Luca gana 'Secret Story'

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Los prejuicios son poco aconsejables en general y especialmente en un reality. Quien hoy te cae fatal, mañana se convierte en tu debilidad. Me ha pasado unas cuantas veces. La moraleja es: antes de juzgar, da la oportunidad. Cuando Secret Story anunció la entrada de Luca Onestini muchos le pusieron en cuarentena y acusaron de ser el aprovechado de turno en busca de fama y dinero en España. Un título injustamente heredado por tener un historial de realities italianos a sus espaldas y por el paso de su hermano Gianmarco por Gran Hermano y Supervivientes en España. Sin embargo, en menos de un mes el italiano ha pasado de sembrar desconfianza a caer de lo más bien y postular para la lista de posibles ganadores.

Lo ha conseguido solito y demostrando que no todo en un reality son gritos y malos rollos. La alegría también se premia.

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Entrar en un reality con el cartelito de oportunista implica que tienes que trabajar doblemente para darte a conocer y llegar al público. En el caso de Luca era especialmente complejo tras el historial de su hermano con Adara en Gran Hermano VIP. Desde el principio, compañeros de la casa como Lucía Pariente y la propia Adara le hicieron la cruz y señalaron como el busca carpetas de esta lección. Quizás sí, o quizás no, tan loable como entrar sin estrategia. Lo dieron sin darle el beneficio de la duda, ellos y muchos espectadores. Lo de no hablar el idioma perfectamente tampoco es que facilitara las cosas. Más de un mes después de concurso, el italiano ha desmontado casi todas las teorías negativas contra su persona y, por el contrario, ha sorprendido para bien con su particular forma de ser, actuar y sentir en este programa.

Empezó con mal pie. Su jugueteo a dos bandas con Emmy y Cristina nos hizo sospechar que andaba picoteando de flor en flor para generar un contenido que ya nos sabemos de memoria. Le vimos especialmente coqueto y eso no dio buena espina. Una vez más, los prejuicios hicieron de las suyas. Las redes le acribillaron durante su primera semana por esa actitud y todo apuntaba a que duraría dos telediarios dentro de la casa. Una teoría que Luca ha sabido desmontar por su cuenta. Sí, es cierto que tiene un aire de galán y un flirteo natural innato, pero también es verdad que bromea igual con hombres y mujeres, es cercano y le gusta el contacto físico con la gente.

El tiempo le ha dado la razón. Él es así, cariñoso, especialmente con quienes le gustan. Y también es inteligente. Cuando vio que Emmy le montaba escena de celos y quería dar un paso más allá, se distanció. Podía haber seguido el juego con la supuesta reina de los realities y haber sacado más partido al asunto, pero optó por alejarse. En ese camino de encontrarse a sí mismo en un lugar desconocido fue que conectó con Cristina, su amiga, fiel compañera y en quien más se apoya en la casa. No le importó que fuese la más odiada y rechazada, ni tampoco la más desconocida, dato importante que no cuadra cuando tienes un plan tramado. Ha estado a su lado y al de Miguel Frigenti sabiendo que eso le traería consecuencias negativas y estaría nominado cada semana. Así ha sido desde entonces. Y, lo mejor, es que lo ha hecho sin perder jamás las formas y la sonrisa, asumiendo que eso es lo que hay y defendiendo siempre lo que él considera justo. Te puede gustar más o menos, pero eso es lo que hay.

Su juego no ha sido otro que ser el mismo, y ese es el ingrediente mágico para convencer al público, imposible de engañar. A Luca se le ve en la cara lo que siente y quiere, no tiene dobleces. Si le gusta algo te lo dice y sino, también. Y si quiere llegar a acuerdos con sus compañeros sobre los votos, está en todo su derecho como el resto de la casa, eso no le hace más o menos estratega, simplemente concursa. Cuando además todo corre en tu contra al estar siempre en la palestra, o te buscas la vida o pones en riesgo tu estancia.

Luca también gusta porque no necesita recurrir a los gritos y el escándalo para argumentar sus posturas. Lo hace con contundencia y serenidad. Y eso se echa en falta en los realities, ya estamos saturados con tanto grito y bronca monumental. Cada vez que Luca habla y defiende su posición nos hace pensar, estés de acuerdo o no, con lo que dice. No habla por hablar ni tampoco trata de ganar adeptos. Se expresa con ímpetu y respeto, un valor que cuando se está en caliente no es fácil contemplar.

Ese saber estar y aceptar es lo que hace que Luca siempre sea el primer salvado de cada nominación. Ha pasado literalmente de ser el desconocido de la casa que según muchos iba mendigando carpeta, a coronarse como uno de los protagonistas principales de este reality. Y lo mejor de todo es que lo ha conseguido sin alzar la voz. Hay quienes siguen sospechando de esa actitud zen y de buen rollo, pero soy de la opinión de que cuando tienes cámaras acechándonte 24 horas es muy difícil fingir un papel a medio plazo. Al final se termina viendo el plumero a las personas. Sencillamente Luca es así, le gusta sembrar la paz y no ocupar demasiado tiempo en las broncas. 

¿Bienqueda? Tampoco. Ha sido el primero en poner en su sitio a los Gemeliers cuando les ha pillado con las manos en la masa hablando a sus espaldas de él mientras de frente le alaban. Se ha enfrentado a Fiama y Lucía, dos de las mujeres de más carácter en la casa, diciéndoles lo que piensan al verse atacado y, lo más llamativo de todo, no ha usado la historia de su hermano y Adara para ir contra ella. La ganadora de GH VIP entró tirándole los cuchillos y comparando su concurso con el de su ex. Le soltó que estaban cortados por el mismo patrón y le acusó de estar jugando con Emmy y Cristina. ¿Qué hizo Luca? Ponerse serio y hablar con ella cara a cara. Se defendió con sus argumentos y optó por usar la palabra para entenderse con ella y aclarar las cosas. Lo consiguieron y Adara está encantada con él. "No me cae bien, ¡me cae muy bien!", le confesó a Cristina. Y si lo dice ha de ser cierto porque Adara no se casa con nadie.

Tampoco podemos olvidarnos de la historia especial de Luca con Cristina, cuyo beso o mejor dicho, su morreo, en una de las pruebas ha sido la comidilla de la casa, las redes y todos los platós. Pues aún así, hay quienes siguen sin entender por qué no se han dejado llevar más en términos físicos si es que tanto se gustan. ¿Tan difícil es comprender que cada persona tiene sus ritmos? Entre ellos hay mucha tensión y atracción, pero no terminan de dar el paso. Si tiene carpeta, le criticamos porque es un caradura y aprovechado, y si no hace edredoning también se le machaca porque no es normal. ¿Nos aclaramos?

Luca, a pesar de ser un chico moderno y dicharachero, es bastante convencional en términos familiares y no tiene pinta de que vaya a dar mucho espectáculo nocturno entre las sábanas. Prefiere ir piano piano y no precipitarse. Durante su paso por el Gran Hermano italiano, en el que fue finalista, también se enamoró de la que ha sido su novia hasta hace poco, Ivana, y tampoco se pasó en términos físicos. No es una cosa que vaya con él, quizás por el respeto tan grande que tiene a su familia o, sencillamente, porque no se siente cómodo en esa piel. Nunca se puede decir nunca y a lo mejor nos sorprende dejándose llevar por los instintos, pero me da a mí que no va a ir por ese camino. Tan respetable como si lo hiciera.

Lo suyo con Porta va despacito, sin prisa pero sin pausa, y eso también tiene su encanto. Se enfadan, se reconcilian y están alimentando, por encima de todo, una bonita amistad. Su relación especial ya tiene su club de fans de carpeteras y se ha convertido en uno de los temas principales del reality. Todos esperamos el desenlace romántico con ganas, pero ellos lo están viviendo a cámara lenta. Luca también ha querido dejar claro que él es algo más que una relación amorosa dentro de la casa. Habla con todos, hasta sus enemigos, discute, se pica y pone las cosas en su lugar pero siempre teniendo el control. También es el rey de las fiestas y eso lo sabemos los que vemos el 24 horas. Si hay que disfrazarse es el primero en hacerlo sin poner malas caras ni quejarse como hace la planta de Antonio Canales. Hace lo que se le pide y sabe que es un afortunado por estar donde está. 

Lo vive todo al máximo, sin dramas y con naturalidad, una actitud que ha dado la vuelta a la tortilla y le ha convertido en uno de los favoritos de la audiencia, y de los míos. Todavía queda mucho concurso por delante para determinar quién ganará, pero yo me atrevo a decir desde ya que si no lo hace él, poco le va a faltar. 

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