Adara podría tener los días contados en televisión

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Siempre lo he dicho, Adara es un reality en sí misma. Lo que hace, dice y cómo lo vive es un fenómeno digno de estudio. Su entrada en Secret Story disparaba las expectativas del nuevo show que se sumaba muchos puntos con este fichaje estrella. Ella nunca falla, no sabe lo que es pasar de puntillas y eso empieza a hacerle pupa. Es tanta la intensidad, la entrega y el conflicto diario en el que se mueve que ha explotado, y no hablo de gritos ni broncas, sino de algo mucho más preocupante. 

Adara se ha desinflado, igual que su forma de concursar, cada vez menos aplaudida y realzada. Su título de reina de reality empieza a hacerle más mal que bien.

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Durante los últimos 5 años, Adara ha sido la niña mimada de Telecinco o, mejor dicho, sus programas de telerrealidad. Esos romances pasionales casi de telenovela e historias para no dormir dentro de la casa de Guadalix, tengo que reconocer, que nos han dado la vida. Vive todo como si el mundo fuese a acabarse mañana y eso para el espectador es oro puro. Sí, la madrileña le pone la piel, el alma y el corazón a todo, de ahí el desgaste que empieza a sufrir y que le está pasando factura como persona y personaje.

Su participación en Gran Hermano 2017 fue de sobresaliente. ¿Cómo olvidar esos enamoramientos varios en la casa, primero con Rodri y luego con el que fuera su novio, Pol, que nos tenían en ascuas? ¡Y qué decir de sus peloteras! Sus gritos y ataques de nervios con Miguel o Bea son ya historia de la televisión, incluso memes de lo más populares en las redes sociales. De ahí pasamos a un GH VIP donde nos dejó a todos sin dormir y con unas ojeras interminables tras su historia de amor con Gianmarco. Terminaron como el rosario de la aurora, pero lo que vivimos fue la carpeta del siglo y un sueño para cualquier fan de un reality. Yo, a mis 46 tacos, reconozco que me enganché como nunca al 24 horas. Una historia que nos robó el corazón y que a ella se lo destrozó ya que le supuso la ruptura con Hugo, el padre de su hijo, y con una vida en Palma de Mallorca. Adara es así, hace lo que siente sin pensar en las consecuencias, por eso ha enganchado y creado yonquis de su esencia y manera de concursar.

Lo malo es que su modus operandi, real para algunos, fingido para otros, empieza a tener fallas. Es más de lo mismo, no hay evolución ni efecto sorpresa, lo que hace que la chispa del amor con ella se vaya apagando. Esto es como todo, si no aportas algo nuevo, si no evolucionas ni te renuevas, al final uno se termina cansando del mismo discurso de siempre. Desde su repesca en Secret Story todo han sido provocaciones, broncas y actitudes demasiado infantiles que, aunque inicialmente son apetecibles, se han convertido en algo cargante, incluso desagradable. A veces hasta a su propia madre Elena, por mucho que lo intente, le es difícil defender lo indefendible. Adara ve en el conflicto su mejor aliado, en él se desenvuelve como pez en el agua, siempre ha sido así, pero ha ido a más. En esta nueva etapa hemos comprobado que sigue usando las mismas frases aprendidas de siempre, los gestos calcados de otras ediciones y una actitud tan aprendida de memoria que ya llega a saturar. Ella tiene mucha culpa, pero no toda, hay algo mucho más profundo detrás.

Este martes, Adara se venía abajo como nunca antes la habíamos visto. Por primera vez no supo defenderse. Los aplausos del público a Cristina y la posterior bronca de Luis contra Adara (por fin parece que el colaborador televisivo ha despertado) supusieron un golpe fuerte para ella quien se quedó sin argumentos para defender su ya indefendible forma de actuar junto a Miguel Friguenti. Ese bloqueo la llevó a esconderse en el baño con una crisis de ansiedad brutal. Ya no volvió a abrir la boca en toda la noche. Incluso amenazó con irse a casa. ¿Adara renunciando a su concurso? Algo insólito que nos dejó a todos pensando. Hay quienes ven en esta reacción una pataleta al percatar que el público la abucheó y no la tiene en palmitas como siempre. ¿Qué hacer entonces? Pues meterse en el papel de víctima, llorar, decir que te vas y provocar pena en los demás. 

Otros, en cambio, grupo en el que me incluyo, vamos un poco más allá. No discuto que Adara tenga una vena actoral y sepa hacer sus rotondas como nadie, ya son muchos años de tele, incluso reconozco que a veces sus burlas como mecánica de defensa ofenden, pero también reconozco que todo ese circo que ha creado alrededor de sí misma me genera cierta compasión y, en ocasiones, unas fuertes ganas de protegerla. Su dura infancia y compleja situación personal con parejas, exparejas y especialmente familiares, de las que hemos sido testigos en sus líneas de la vida, muestra a una persona mucho más frágil de lo que creemos. Parece fuerte, pero es un corazón herido con muchos frentes abiertos y con duras experiencias vividas a una corta edad. Se infla como un pavo real a la defensiva cuando se siente atacada, pero en el fondo parece ser tan solo una coraza que crea para no sufrir. Si os fijáis, cuando a Adara se le da un poco de cariño, lo da todo, es generosa y buena compañera, pero si se siente amenazada sale ese ramalazo macabro que la pone en alerta y hace daño a los demás y, sobre todo, a sí misma.

Siento que todos queremos ver a Adara en un reality porque es espectáculo seguro, sin embargo, quizás debería plantearse lo de volver a participar en uno. Su vida, como decíamos, ya tiene demasiadas aristas que limar, tiene demasiadas heridas internas que se abren, sangran y empeoran en un programa tan extremo como este en el que es necesario entregarte en cuerpo y alma. Ella lo hace porque lo ve como su trabajo, no quiere decepcionar a nadie y aunque el asunto vaya en detrimento suyo, lo da todo sin pensar demasiado en las consecuencias. Eso le hace perder los papeles hasta límites extremos y dañarse profundamente. Por eso no creo que ya esté en condiciones de formar parte de un espacio que exige tanta visceralidad. 

Sinceramente, estoy cansada de ver cómo muchos dan a entender que no da para más, que si su nivel intelectual deja mucho que desear... Todo eso sobra. Adara se bloquea en muchas ocasiones debido a su extrema timidez e inseguridad, lo que provoca esos blancos en algunas de sus intervenciones. Pero de tonta nada, se sabe defender como nadie y muchas veces sin palabras, su mirada y gestualidad son tan potentes que no le hace falta decir mucho más. 

Y no, no justifico sus faltas de respeto y meteduras de pata, ni las de ella ni las de los demás. Pero sí siento que, más que ser excesivamente duros con ella, habría que plantearse, desde sus seres más queridos hasta los que la contratan, si debería seguir en estos términos en televisión. Sus intervenciones empiezan a ser preocupantes, es un drama constante y un sufrir que podría ahorrarse. Por eso, después de una gala donde se vino abajo y dejó de ser la Adara guerrera de siempre que se enfrenta a cualquier titán sin miedo, me planteo si su etapa en la caja tonta llega a su fin. No porque no valga para ello, sino porque sus asuntos sin resolver nos hacen ver a una Adara tocada que, incluso, empieza a producir rechazo.

Ver a una persona destrozada, con crisis brutales y estallidos preocupantes da morbo y audiencia, pero habría que plantearse muy en serio que detrás de esas escenas, a veces terroríficas, hay una persona, no un dibujo animado o personaje de ficción. Creo que la televisión y Adara, al menos en estos momentos, son incompatibles. Por muy reina de los realities que sea, hay cosas que no compensan.

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