Adara y cómo una madre se puede cargar tu concurso

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Se veía venir y así ha sido. Adara Molinero, la reina de los realities, se baja del trono para convertirse en la octava expulsada de Secret Story. Muchos habían apostado por ella, pero sus últimos comportamientos en la casa dejaron mucho que desear y el público la ha castigado. Hay otra razón de peso que no ha favorecido su continuidad en el programa: su madre Elena Rodríguez. Por más que lo ha intentado, su defensa ha estado marcada por unos errores garrafales que le han pasado factura a la participante. No todo tiene defensa ni es justificable por mucho que sea tu hija.

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Llegó con el reality ya empezado y se hizo con el cotarro de la casa. Es innegable que Adara es carne de este formato y se sabe al dedillo cómo generar historias que enganchen, por lo general, llenas de polémica. Aunque está en la calle no cabe duda que ha sido la protagonista indiscutible de un reality al que llegó casi tres semanas después de su arranque. Fue pisar la casa y liarla parda, al estilo que nos tiene acostumbrados, con sus cortes en seco, sus carcajadas escandalosas y sus heridas de corazón abiertas de par en par. Con ella llegó el escándalo, subieron los raitings y se multiplicaron las broncas en la casa, todos veían en ella una rival fuerte. Ha hecho de todo, por poder hasta pudo sacar de sus casillas a Luca, hasta ahora el hombre más sereno y equilibrado del show.

Y todo esto ella solita, sin necesidad de terceros. Entonces, si tan controversial y buena jugadora ha sido, ¿por qué está de patitas en la calle? Pues en parte por lo mismo por lo que muchos la quieren. Su intensidad y excesiva entrega a veces le llevan a protagonizar un papel tan llamativo como cansino, tan morboso como exagerado y eso también agota. Adara puede llegar a ser su peor enemiga y a la vista está. Nos encanta que sea auténtica y transparente, pero a veces lleva todo a tal extremo que se pierde en el camino y sobrepasa límites que son intocables.

La última semana ha sido su sentencia de muerte en el programa de telerrealidad. Lo que empezó como una riña sin importancia con Cristina ha terminado con unas faltas de respeto inaceptables. Aseguró sin despeinarse que su compañera no tenía dignidad por estar detrás de un chico que sigue queriendo a su ex. "¡Qué cutre!", aseguró con mucha mala leche. Tanta, que el programa terminó llamándole la atención. Pudo reparar su metedura de pata con una charla sincera con Cristina después del programa, no hacía falta volver a ser las mejores 'amiguis', pero sí demostrar que un reality también puede enseñar lecciones y valores bonitos como el arrepentimiento, el perdón y la empatía. No fue el caso, su orgullo fue más fuerte y se limitó a pedir una disculpa que no se lo creyó ni ella. Lo pidió porque se dio un toque desde arriba, pero se notaba a la legua que no lo sentía de corazón. Ese fue uno de los grandes errores por los que está fuera. Tampoco han ayudado sus incongruencias con Luca. Primero le dices que te cae genial y que crees en su relación con Cristina, y cuando te enfadas con ella vuelves al punto de partida y le dices en su cara que lo suyo huele a carpeta. Su cabreo de niña de dos años y su necesidad de quedar por encima la pierden. Ha vivido demasiadas cosas como para que a estas alturas del partido no entienda que un reality también es dialogar y llegar al entendimiento con tu propio enemigo. Ella ha optado por el rencor y el 'yo tengo la razón'. Pues, como diría ella, 'hasta luego, Mari Carmen'.

Una vez dicho esto vamos a la otra razón de peso que no ha ayudado en lo absoluto a que Adara se quedara en la casa. Por muy madre que seas no puedes excusar los graves errores de tu hija, y Elena Rodríguez, su defensora en el programa, lo ha hecho. En contadas ocasiones la hemos escuchado decir que su hija se ha equivocado. Admitió que Adara se pasó diciendo lo que dijo a Cristina, pero luego lo omitió en su alegato de defensa diciendo todo lo contario. "Mira mi sonrisa, no puedo estar más orgullosa de ti, de cómo te comportas, de lo leal que eres, de lo agradecida que eres...", le expresó. Todos nos quedamos a cuadros pues esperábamos un poquito más de autocrítica que jamás llegó. Allí, en pleno directo y durante 30 segundos, Elena justificó sin mencionarlo el mal comportamiento de su hija. Se echó de menos un buen tirón de orejas o al menos un consejo de madre para apaciguar las aguas. Ella prefirió echar más leña al fuego.

Como era lógico, las redes estallaron con este alegato de todo menos justo. Puedes defender a tu hija y quedar mucho mejor fomentando el perdón, el acercamiento y el respeto a sus compañeros. Eso hubiese hecho que Adara no se creciera aún más como lo hizo e hiciera una sala de la verdad con Luca que dejó mucho que desear. El italiano, sin dominar el idioma, justificó con una gran inteligencia las razones por las que se posicionó detrás de ella para que se fuera, le sacó los colores y la desenmascaró con hechos. Adara se limitó, como siempre, a sacar de su bolsillo las frases de turno que lleva usando desde hace cuatro años. Cansados de los 'madre mía', 'tengo miedo' o 'no voy a entrar a su juego', Adara habló mucho pero dijo poco, por eso está donde está.

Pero volviendo al alegato de Elena, hay más cosas que reprocharle, por ejemplo, dar información del exterior. Pero no cualquier información, sino del apoyo que tiene de Frigenti. Sabe a la perfección que el periodista es íntimo amigo, al menos dentro de la casa de Cristina y Luca, así que afirmando que la está defendiendo fuera deja claro que se posiciona contra la parejita. Eso no llegó por casualidad, lo dijo con una intención y tuvo efectos inmediatos en Cristina, quien quedó sumamente afectada. Cualquier detalle, por muy nimio que sea, que llega del exterior es una bomba en esa casa y más cuando arrastra polémica como es el caso. Elena sabía lo que hacía y se quedó muy tranquila. Se dirigió a su hija con una sonrisa dulce y una vocecita amorosa mientras soltaba lo más grande e innecesario. Mal hecho.

Hay más. Un día después del alegato, ya en la gala del jueves, Elena siguió equivocándose en plató. Tanto, que hasta Jorge Javier Vázquez la tuvo que poner en su sitio. Se atrevió a insinuar el carácter de Luca poniendo en duda si era agresivo tras un gesto corporal que tuvo con su hija. Dio la razón a los Gemeliers cuando en su momento también lo dieron a entender y se quedó tan campante. Como si llamar agresivo a alguien fuera el pan nuestro de cada día. Dicha actuación provocó la reacción inmediata de Gianmarco quien se enfrentó a ella y no permitió tal falta de respeto contra su hermano.

Por otro lado, su guerra con Gianmarco, y viceversa, es puro aburrimiento. La tensión cuando están juntos en plató salta a la vista, y también las chispas. Otro error gordo de Elena, no te puedes comparar con un chico de 25 años ni poner a su altura. Le duplicas la edad y la experiencia, no viene a cuento perder los papeles de esa forma, ni tampoco burlarte de su sufrimiento. Es cierto que el ganador de El tiempo del descuento tiene salidas que no vienen al caso, pero se nota que es un chico sensible todavía dolido por todo lo vivido con Adara. Elena no es capaz de empatizar con él, por el contrario, siempre da a entender que está reventado por la relación de su hija con Rodrigo y suelta sonrisitas de esas que hieren el orgullo del otro. Este jueves incluso se atrevió a decir a Gianmarco en uno de sus cruces de palabas pocos bonitas que a él le había gustado ella y que así lo había dicho un polígrafo. ¿A cuento de qué, Elena? Que no tenemos 15 años.

Y así, una tras otra. Sus caras, su defensa a costa de todo y sus salidas de tono tampoco han favorecido a Adara. Aunque Elena trata de guardar las formas, cuando le sale el carácter llegamos a entender de quién ha heredado esa fuerza su hija. Estupendo, pero esa misma fuerza también hay que sacarla para aconsejar bien a tu hija y fomentar el buen rollo, no más guerra. Es mejor ser honestos y admitir el error que meter cizaña. Adara se ha ganado solita su expulsión, pero Elena no ayudó a que la cosa se apaciguara y al tuviera un final menos guerrero en la casa.

La actitud de Elena volvió a ser equivocada con Adara, una vez más, ya expulsada. Al enterarse que no venía a plató y se quedaría aislada en un hotel para guardar cuarentena ante la llegada de la repesca, su cara fue un poema. No le hizo ni pizca de gracia y llegó a decir que preferiría que volviese a casa. Otro desacierto. Si hay alguien que tiene que decidir sobre qué hacer o no es Adara. Esas afirmaciones familiares por ambos lados de lo que tiene o no que hacer tiene como consecuencia a una Adara a veces perdida intentando complacer a todos. Elena no está cómoda en plató y se le nota, está porque es su hija pero se percibe que no le gusta que Adara ande en estos berenjenales. Que forme parte de la repesca y la posibilidad de que vuelva a entrar a una casa donde solo le aceptan dos personas no le hace ni pizca de gracia, pero es lo que hay y, visto lo visto, cuidadito porque podríamos tener Adara para rato.

En esto de los realities uno aprende que el concurso de uno dentro de la casa es la base de todo, tus acciones y reacciones te dejarán dentro o te sacarán fuera, pero tener a alguien fuera que sepa defenderte y cantarte las cuarenta si lo haces mal ayuda mucho. Y en este caso, Elena, no ha estado a la altura. Se entiende el fervor de madre, pero no la defensa a toda cosa y de cosas que son indefendibles. Esperemos que si Adara sube de nuevo a la casa, ambas hayan aprendido la lección.

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Imagen: Twitter/Secret Story

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