Se acabó la obra de teatro demagoga de la Supercopa de España

Se bajó el telón. Se acabó la función. Se terminó la Supercopa de España más polémica de todos los tiempos. Estaremos de acuerdo en que eso es bueno para nuestro fútbol, aunque el lado negativo es que el principal tema de conversación no lo ha traído el balón, sino toda la parafernalia y demagogia extra deportiva. Ya podemos dejar de disfrazar la realidad desde nuestra posición privilegiada.

Que no, que haber organizado una competición en Arabia Saudí no es el punto y aparte de nada para el país. Vaya por delante que disfruto leyendo, escuchando y viendo que todas mis compañeras periodistas han trabajado con total libertad, faltaría más, pero estoy en contra de, con esto, taparnos los ojos ante la realidad. Las periodistas españolas no son la realidad de la mujer en Arabia Saudí. Nada cambia en Arabia después de estos días, no nos engañemos, hemos visto “normalidad” en el estadio, delante de las cámaras y micrófonos, pero todo estaba preparado para la función de la Supercopa de España. Postureo.

Una mujer árabe observa el partido desde la grada del estadio.

Trabajar con normalidad y cercanía desde el palco de un estadio o desde una grada durante cinco días no hace desaparecer todo lo que hay detrás de esta Supercopa. Una competición vendida por un puñado de millones (muy necesarios) para el fútbol español, a cambio de un lavado de imagen sin pies ni cabeza de un país que coarta de forma brutal las libertades de las mujeres. No es incompatible trabajar bien desde allí con denunciar lo que en ese país ocurre. Los periodistas debemos ser altavoz de las injusticias, no arrodillarnos ante ellas.

Un buen ejemplo de ello es la polémica portada del diario MARCA. Enjuiciada por mostrar la realidad y lanzar una crítica, aunque sea intrínseca, de la realidad del país al que le hemos regalado un escaparate mundial. Una fotografía de una mujer que ve pasar la vida por una rendija, al lado de un hombre que sonríe a su lado creyéndose con más derecho que ella para ir con la cara destapada.

Nos hemos pasado la semana hablando de la buena gestión de la RFEF, de la buena imagen de un país que de repente llena el estadio de mujeres que pueden entrar en cualquier sector. La realización de los partidos se ha pasado los días grabando a todas las mujeres que se encontrasen en las gradas con el fin de mostrarle al mundo la pasmosa “normalidad” en el país Árabe. Pues se bajó el telón. Arabia ya ha vendido la mentira y la RFEF ya se ha colgado la medalla.

Otra mujer árabe disfruta del partido

Hoy ya están en España todos los futbolistas y todos los periodistas españoles, ¿y ahora qué?. La vida sigue. Y una cosa está clara: Luis Rubiales ya ha hecho más que yo por la igualdad de género en Arabia Saudí, o Díaz Ayuso que mientras entregaba las medallas a los jugadores no cedió a ir con la cabeza cubierta e incluso se atrevió (sí, cuenta como atrevimiento), a ir remangada. Pero no vendamos humo...lo hace ella, que a la hora siguiente cogió un vuelo para volver a España.

Basta de demagogia. Ya podéis respirar. Se acabó la mentira, una semana de obra de teatro, de vender progreso al mundo, de normalidad y cercanía. Ya podemos seguir viviendo nuestra realidad en España, con nuestros millones en las arcas de la Federación y olvidarnos de todas las mujeres que sufren en Arabia Saudí. Objetivo conseguido.