Hasta la máscara de Scream alberga una historia con tintes de terror detrás

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Scream fue uno de los slashers de terror más representativos de los 90. La película dirigida por Wes Craven en 1996 volvió a revolucionar el género con su lenguaje metacinematográfico, su reparto carismático, sus dosis de violencia, muertes y humor y la creación de un villano tan mítico como Ghostface. Precisamente, este antagonista y su aspecto formado por una máscara fantasmagórica y una capucha negra guarda detrás un proceso creativo de lo más curioso, escondiendo una historia con detalles tan escalofriantes como los de la propia película.

Ghostface en Scream (Foto: Paramount Pictures)
Ghostface en Scream (Foto: Paramount Pictures)

En el guion original de Scream, firmado por el cineasta y escritor Kevin Williamson (Dawnson Crece, Crónicas vampíricas,…), no se incluía ninguna referencia a la estética que debía lucir Ghostface en pantalla, simplemente se hablaba de aquello que daba a entender su nombre: Un asesino con una máscara de fantasma. De esta forma, Craven y su equipo tuvieron que idear el aspecto visual del villano valiéndose de sus propias decisiones creativas. Sin embargo, en lugar de una idea surgida de la mente del director o del equipo artístico de Scream, la máscara de Ghostface surgió de un encuentro fortuito con un lugar lúgubre que incluso guardaba conexión con Alfred Hitchcock.

Todo ocurrió gracias a Marianne Maddalena, la responsable de buscar las localizaciones de rodaje de Scream. Tras una extensa investigación, Maddalena llegó a la localidad de Santa Rosa, California, donde estuvo echando un ojo a las diversas casas que se extendían por la zona para tratar de encontrar las viviendas que mejor podrían adaptarse a las situaciones y personajes de la película. Allí eligió la casa de los personajes de Dewey y Tatum, los hermanos interpretados por David Arquette y Rose McGowan, pero antes, sus ojos pasaron por una vivienda abandonada que se encontraba justo al lado.

No era una casa cualquiera, sino que se trataba de uno de los escenarios donde Alfred Hitchcock rodó La sombra de una duda en 1943. Dado su estado de abandono, el situar allí el rodaje de Scream podría haber supuesto un contratiempo, por lo que el lugar fue descartado. Sin embargo, casi de manera sobrenatural, la responsable de localizaciones encontró colgada en un poste de la casa una llamativa máscara fantasmagórica. El aspecto llamó su atención, no dudando en llevársela a Wes Craven de cara a ayudarlo con la búsqueda de la estética del villano de Scream. Y el director quedó encantado, aunque tuvieron que sortear un pequeño problema de cara a poder usarla en la película: La máscara era propiedad intelectual de una empresa de utensilios de Halloween llamada Fun World.

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Según desvelaron medios como The Huffington Post en 2015, la máscara de Ghostface originalmente tenía como nombre “El fantasma de los ojos de Mani”, fue diseñada por una mujer llamada Brigitte Sleirtin y formó parte de una colección llamada “Fantastic Faces”. Dimension Films, la productora de Scream de la que eran responsables los polémicos Bob y Harvey Weinstein, no tardó en contactar con sus responsables de cara a convertirla en el elemento identificador de la cinta. Pero desde Fun World no se mostraron tan abiertos a ceder los derechos.

Como es habitual en una negociación, los Weinstein trataron de regatear para obtener los derechos al precio más bajo posible, dejando entrever a la empresa que podían hacer Scream sin la máscara para rebajar el coste de la compra de derechos. De esta forma, se encargó a la empresa de diseño KNB Effects que realizaran una máscara prácticamente idéntica pero lo suficientemente modificada para que no supusiera una violación de la propiedad intelectual.

De hecho, Craven incluso llegó a rodar el prólogo de Scream, la mítica secuencia del asesinato del personaje de Drew Barrymore y su novio, con esta otra máscara. Sin embargo, el director estaba empeñado en usar la original, y finalmente consiguieron llegar a un acuerdo con Fun World y acceder a su uso. Y desde luego, por mucho que acabaran rebajando el precio, la empresa no se arrepentiría lo más mínimo de este movimiento, puesto que tras el éxito de Scream la máscara se convirtió en uno de los elementos más representativos del terror contemporáneo y en uno de los disfraces más habituales de cada Halloween, por lo que sus beneficios se vieron más que aumentados

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