El satélite nuclear soviético encargado de espiar submarinos de EEUU que cayó sobre Canadá

Alfred López
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El 2 de abril de 1981, tras tres años de discusión diplomática, el líder supremo de la Unión Soviética, Leonid Brézhnev, daba el visto bueno para que su nación desembolsase la cantidad de tres millones de dólares canadienses al gobierno de Canadá con el fin de dar por finalizada la reclamación que el país norteamericano llevaba realizándoles desde un grave incidente acontecido el 24 de enero de 1978.

Restos del satélite nuclear soviético Космос-954  encargado de espiar submarinos de EEUU que cayó sobre Canadá en enero de 1978 (imagen vía Wikimedia commons)
Restos del satélite nuclear soviético Космос-954 encargado de espiar submarinos de EEUU que cayó sobre Canadá en enero de 1978 (imagen vía Wikimedia commons)

La madrugada de aquel día de enero cayó sobre suelo canadiense los restos desintegrados del Космос-954 (Cosmos 954), un satélite nuclear que la URSS había puesto lanzado al espacio, desde el cosmódromo de Baikonur (situado a 2.500 kilómetro de distancia de Moscú), el 18 de septiembre de 1977, con la misión de espiar el movimiento de los submarinos estadounidenses que realizaban maniobras con la OTAN.

El satélite espía soviético tenía un peso aproximado de cuatro mil kilogramos y unas medidas de 10 metros de largo por 1,3 de diámetro y llevaba a bordo un reactor nuclear que funcionaba con algo menos de una cincuentena de kilos de uranio enriquecido con isótopo de uranio-235.

Pero, tras 40 días orbitando, el 28 de octubre el satélite dejó de enviar señales al control terrestre y comenzó su periplo hacia su autodestrucción y posterior caída sobre la superficie terrestre, tres meses después.

No se sabía a ciencia cierta qué había ocasionado aquella pérdida de control, siendo numerosas la hipótesis que se barajaron (a día de hoy, casi medio siglo después, sigue siendo una incógnita). Posiblemente se debió al fallo en alguno de sus motores, pero hay quien no descarta que sufriera algún tipo de colisión con algún tipo de resto de basura espacial.

Durante las siguientes semanas los responsables del satélite soviético intentaron solventar el problema, pero desde el Kremlin se prohibió decir absolutamente nada al respecto y mucho menos a sus rivales norteamericanos en plena Guerra Fría.

Pero ese secretismo que desde la URSS se intentó hacer quedó al descubierto en el mes de diciembre de 1977 cuando el Mando Norteamericano de Defensa Aeroespacial (North American Aerospace Defense Command) detectó en sus radares la presencia errática y sin rumbo del satélite, poniéndose este en observación para ver cuál era su trayectoria y si caería sobre superficie de la tierra o acabaría desintegrándose y convirtiéndose en chatarra espacial antes de entrar en contacto con la atmósfera terrestre.

Fue en aquel momento cuando los responsables de la Unión Soviética, en una reunión secreta mantenida con los estadounidenses, reconocieron haber perdido el control del satélite Космос-954 y decidieron trabajar conjuntamente, aunque, tal y como era costumbre obrar en los dirigentes moscovitas, estos estuvieron continuamente ocultando información.

La madrugada del 24 de enero de 1978 el satélite comenzó a caer hacia superficie terrestre en dirección al noroeste de Canadá, pero las autoridades soviéticas aseguraron que el Космос-954 se había desintegrado al atravesar la atmósfera y que no había peligro alguno de que impactase ningún trozo sobre la tierra y, por tanto, había que descartar cualquier posible peligro de alarma nuclear por contaminación de uranio. Pero no fue así.

El satélite quedó destrozado en miles de pedazos, quedando esparcidos en un área de más de 600 kilómetros de territorio canadiense y no advirtiendo previamente a las autoridades de este país del alto riesgo que esto podía suponer.

Estados Unidos, a través del Mando Norteamericano de Defensa Aeroespacial puso en marcha la ‘Operation Morning Light’ (Operación Luz de la Mañana), conjuntamente con las autoridades de Canadá, con el fin de dar ayuda al país vecino en la localización de los retos esparcidos del satélite, rechazando cualquier ayuda proveniente de los soviéticos.

Al mismo tiempo, el responsable de la Embajada de la URSS en Ottawa se reunió con las autoridades canadienses, empezando un conflicto diplomático entre ambos países por el cual, Canadá reclamó seis millones de dólares a modo de indemnización por todos los daños causados tras la caída del satélite nuclear Космос-954.

Tras tres años de diputas, el gobierno soviético accedió a realizar un pago de tres millones (la mitad de lo reclamado) en concepto de liquidación total y definitiva de todos los asuntos relacionados con la desintegración en suelo canadiense del satélite soviético Cosmos 954 en enero de 1978, siendo aceptada tal cantidad (y asízanjar el asunto definitivamente) por el primer ministro canadiense Pierre Trudeau.

Fuentes de consulta e imagen: jaxa / Time / elpais (I) / elpais (II) / NASA / Wikimedia commons

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