Qué puede aprender España del movimiento de las sardinas que ha derrotado a la extrema derecha de Salvini en Italia

Ya son dos los órdagos de Matteo Salvini que no salen como el líder de extrema derecha esperaba. El primero de ellos fue en verano de 2019 cuando provocó una crisis de gobierno que tenía como objetivo unas elecciones en la que todas las encuestas le daban como vencedor. Entonces le salió el tiro por la culata porque Movimiento 5 Estrellas pactó con el Partido Demócrata un nuevo Ejecutivo y la Liga se quedó en la oposición.

El segundo se acaba de producir con su derrota en las elecciones regionales de Emilia Romaña. El político de Milán había diseñado una campaña muy ambiciosa que tenía como objetivo conquistar esta región en la que tradicionalmente siempre ha triunfado la izquierda. Creía que una victoria precipitaría la caída del Gobierno y así podría ir a sus ansiadas elecciones.

Manifestación antifascista de "las sardinas" en Roma (AFP).

Y el plebiscito le ha vuelto a salir mal porque la derrota de su formación (por ocho puntos) se ha convertido en una derrota personal del propio Salvini. Las expectativas creadas, la intensa campaña en la zona y los resultados han marcado al líder de ultraderecha. Y en este fracaso ocupan un lugar destacado las sardinas.

A mediados de noviembre un grupo de jóvenes decidió manifestarse en Bolonia contra el líder de la Liga. El ex ministro del Interior visitaba la ciudad para lanzar su campaña y el objetivo que se marcaron fue el congregar en una plaza a más personas que el político.

Para ello pidieron evitar pancartas o banderas políticas para mostrar que era un movimiento ciudadano que no se afiliaba con ningún partido existente. Simplemente reivindicaban la defensa de los derechos humanos, la tolerancia o el respeto e inclusión de los inmigrantes.

Decidieron llamarse sardinas por la forma en la que se aglomeran en las plazas italianas, como sardinas en lata. También comenzaron a usar la imagen de este pez como signo de identidad.

El movimiento rápidamente empezó a ganar seguidores en el país y ha protagonizado manifestaciones muy numerosas, con miles de personas. Al no estar afiliados a ningún partido, las formaciones tradicionales han tenido dificultades para saber cómo tratarlo.

El líder de la ultraderechista Liga, Matteo Salvini, en el mitin de cierre de campaña de su partido en Ravenna, Italia. (EFE/EPA/PASQUALE BOVE).

Salvini primero empezó atacándolos y después mostró una actitud más respetuosa, aunque desde el propio movimiento rechazan las posturas de la extrema derecha; el Partido Demócrata ha intentado acercarse sin parecer que no quería instrumentalizarlo, aunque no lo ha conseguido; mientras que el Movimiento 5 Estrellas ve con preocupación cómo las sardinas han ocupado un espacio que tradicionalmente era suyo (las calles y plazas).

Tras los resultados en Emilia Romaña, sus cuatro fundadores han decidido dar un paso al lado, al menos temporalmente. Han admitido en una publicación en las redes sociales que su objetivo no es convertirse en partido y que el movimiento es más útil como instrumento de presión en la calle. A mediados de marzo fijarán su posición de cara a próximas elecciones, pero de momento prefieren abandonar el primer plano mediático.

El ejemplo para otros países

En los últimos años han proliferado los partidos de extrema derecha en las sociedades europeas y en algunos países como Italia han surgido movimientos sociales contrarios, capaces de reunir a muchos simpatizantes, que se muestran decepcionados con los partidos políticos. Son personas que se oponen a las ideas que defienden estas formaciones ultra y que salen a la calle a defender los derechos y libertades sociales conquistados en el pasado.

El líder del partido de extrema derecha Vox, Santiago Abascal, en un mitin en Hospitalet del Llobregat (AFP).

Está por ver si este tipo de movimientos sociales cruzan fronteras y llegan a otros países o no. Lo que parece claro es que en Europa el auge de los partidos de extrema derecha cada vez encuentra más oposición social.

En España durante meses ni partidos ni medios de comunicación combatieron el discurso xenófobo de Vox. Sin embargo, poco a poco se están rebatiendo sus ideas y poniendo en tela de juicio unas afirmaciones que muchas veces no se corresponden con la realidad. ¿Será el comienzo de manifestaciones multitudinarias contra la formación?

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