El humor de 'A todo tren' se le ha ido de las manos a Santiago Segura

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Por Alberto Cano.- Santiago Segura pareció dar un giro brusco a su carrera con Padre no hay más que uno. El director, cómico y actor siempre había sobresalido por su humor adulto, irreverente y grotesco en su exitosa saga Torrente, donde encontró una fórmula de éxito que le hizo amasar millones y conquistar al público español como pocos otros. Es por ello por lo que su salto a la comedia familiar para todos los públicos nos pilló a muchos por sorpresa. Pero claro, los tiempos cambian, la sociedad evoluciona y tal vez en la época actual no hay hueco para un personaje tan políticamente incorrecto como José Luis Torrente y su humor canalla.

Aun así, Segura supo adaptar muy bien su fórmula a la comedia para todos los públicos, rebajando el contenido explícito sin dejar de lado la locura de sus situaciones cómicas. Y le funcionó como un reloj, puesto que tanto Padre no hay más que uno como su secuela se convirtieron en las películas españolas más taquilleras de sus respectivos años, lo que hace que no nos resulte extraño que este 2021 vuelva a apostar por los mismos ingredientes en su nueva película familiar ¡A todo tren! Destino Asturias. Eso sí, en esta ocasión ha optado por volver a recuperar su esencia “torrentiana” con pequeños puntos de humor adulto, lo que se explica como una intención de abrir la película a un mayor target de público que el familiar. Pero se le ha ido de las manos.

Santiago Segura y Leo Harlem en ¡A todo tren! Destino Asturias (Foto: Jorge Alvarino / Warner Bros)
Santiago Segura y Leo Harlem en ¡A todo tren! Destino Asturias (Foto: Jorge Alvarino / Warner Bros)

A todo tren nos cuenta cómo un padre que tiene la labor de llevar a siete niños a un campamento en Avilés se ve inmerso en una odisea tras perder el tren con los críos dentro. Esto da lugar a que la película se divida en dos tramas, por un lado, la historia de los pequeños haciendo travesuras dentro del vehículo ferroviario, y por otro, las peripecias del personaje de Santiago Segura tratando de alcanzar el tren junto con Leo Harlem y el rapero y personaje mediático Diego Arroba, más conocido como El Cejas. La primera es una historia puramente familiar que hará las delicias de los más pequeños, mientras que la segunda es donde Segura aprovecha para añadir sus puntos de humor adulto.

La fórmula es una gran idea, pero el problema es que el tono adulto choca demasiado con el familiar con escenas muy salidas de tono. Pero no solo eso, estas situaciones también pecan de mostrar comportamientos y bromas retrógradas que recuerdan a lo peor de Torrente. Me remito mismamente al detonante de la trama, a cómo una situación de acoso es lo que hace perder el tren a Segura y compañía. Y es que nada más empezar la película, vemos como el personaje de Leo Harlem se monta en otro tren dispuesto a conquistar a una joven a la que da vida Cristina Pedroche. Tras unos piropos y unos chistes bastante rancios, Harlem le pregunta a Pedroche, “¿Te la meto?”, para posteriormente aclarar que se refería a su maleta. Y no sé si es yo soy un amargado, pero la verdad es que no veo gracia alguna a frivolizar sobre asuntos tan serios como el acoso machista. Y mucho menos de una forma tan despreocupada y con un humor que ya quedó obsoleto hace años.

Y esto es solo el comienzo. Más adelante, cuando los personajes tratan de llegar hasta Asturias antes que el tren, Harlem propone pedir un BlaBlaCar, lo que define como una acción “de hippies”. Cuando llegan a recogerlos, vemos de manera literal a dos hippies que están muy concienciados respecto al veganismo, el lenguaje inclusivo o las identidades de género, sobre lo que la película también aprovecha para hacer humor en base a estereotipos arcaicos. Incluso diría que tratando de ridiculizarlo.

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Un poco más tarde también se une a su tropa David Guapo, quien tras salir de una despedida de soltero despierta borracho junto a Segura y compañía y confunde a una Guardia Civil con una stripper, a quien le ofrece billetes. Podría ser una situación normal dentro de cualquier comedia, pero hablamos de una escena que tiene lugar dentro de una película familiar. Claro, que como bien puede observarse en la recomendación por edades que le ha otorgado el Ministerio de Cultura, no hablamos de una película recomendada “para todos los públicos”, sino de una con una calificación de “No recomendada para menores de siete años”. No eleva mucho el rango de edad, pero creo que deja claro que hay contenidos que no son apropiados para el público al que, en teoría, parecía ir mayormente enfocada A todo tren.

Y ojo, que la parte de los niños en el tren tampoco se libra de usar un humor que hoy en día resulta cuestionable. Esta trama se basa en las peripecias de los pequeños contra el revisor del tren a quien da vida Florentino Fernández, un personaje al que deciden maquillar como a una chica mientras duerme. Y sinceramente, pensar en pleno 2021 que un hombre maquillado de mujer es algo ridículo resuena a mentalidad prehistórica.

Podría seguir con más detalles y escenas, pero tampoco quiero destripar la película. Creo que esto es suficiente para ejemplificar que, aunque Santiago Segura se haya refugiado en la comedia familiar, sigue inmerso en el espíritu torrentiano que siempre le ha acompañado y definido. Con Padre no hay más que uno supo dejarlo atrás con muy buenos resultados, pero en su intención de abrir A todo tren a un mayor espectro de público ha vuelto a caer en un enfoque zafio.

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Es cierto que hay que saber reírse de la vida, que tampoco podemos pasarnos de políticamente correctos cuando se trata del sentido del humor, ese que suele vivir en una línea borrosa a la hora de provocar carcajadas, pero en el caso de A todo tren provoca la sensación de ir hacia atrás, trasladando aquel aire torrentiniano, gamberro y adulto, a una era donde la sensibilidad por los estereotipos está mucho más presente en la sociedad y en la enseñanza infantil. Por naif que sea el humor o propuesta de la película, si mantenemos estos mensajes, ¿cómo seguimos avanzando?

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