Los sanitarios, destrozados, no pueden creer la banalización que se está haciendo del virus

Marina Velasco
Una multitud de personas se manifesta en contra del Gobierno sin respetar la distancia de seguridad interpersonal. Madrid, 17 de mayo. (Photo: Óscar J. Barroso/Europa Press via Getty Images)

“Hay veces que se me saltan las lágrimas al ver a mis colegas”, confiesa Juan José Tellería, médico genetista en el Hospital Clínico Universitario de Valladolid. “Hemos pasado momentos muy malos”, describe Manuel Menduiña, médico internista del Hospital Virgen de las Nieves de Granada. “No quería ni ir al trabajo”, constata Irati Asensio, médico residente en el Hospital Universitario Cruces de Bilbao.

El HuffPost entrevistó inicialmente a estos tres profesionales para hablar sobre la desescalada, la inmunidad y la detección precoz de casos, pero su experiencia como sanitarios en diferentes frentes durante la crisis del coronavirus prevalece sobre cualquier tema en sus conversaciones.

De entre todos los casos de coronavirus que ha conocido, Menduiña se ha visto especialmente tocado por dos. Su mujer, médico intensivista, desarrolló neumonía y su hermana, enfermera, todavía sigue en la UCI. “Ha sido una situación complicada... y sin dejar de trabajar”, resopla. “Lo he pasado mal”, reconoce, “pero hay que seguir en la lucha”. 

El 80% de los sanitarios sufre ansiedad

Asensio nunca había vivido un episodio de ansiedad hasta este momento. Un día tuvo fiebre y le dieron dos semanas de baja por sospechas del virus, pero no era eso lo que más le inquietaba. “Las últimas semanas de marzo y las primeras de abril fueron muy estresantes. Sentía ansiedad. No quería ir al trabajo ni ver la tele. De hecho, mi novio me tuvo la tele prohibida. No quería ver lo que estaba pasando”, relata. 

A ese estrés se sumaba la preocupación de que sus padres también trabajan en un hospital, y ver el goteo constante de pacientes y la situación que vivía su centro le hacía angustiarse más. “Era patético”, describe. “Al principio reutilizábamos los EPI; ahora ya hay material para todos y sitio para todos”. Su madre, por si acaso, prefiere no quedar con ella todavía, aunque Euskadi ya está en fase 1 desde hace una semana.

Su caso no es único. Según un estudio de la Universidad Complutense de Madrid realizado entre más de 1.200 profesionales, el 80% de los sanitarios sufre ansiedad y el 40% se siente emocionalmente agotado. Los resultados preliminares de la investigación Sanicovid-19: impacto emocional frente al trabajo por la pandemia del Covid-19 revelan además que el 53% de los trabajadores sanitarios presenta valores compatibles con estrés postraumático, y que el 21% muestra síntomas compatibles con trastorno de ansiedad severo.

Los sanitarios no son las mismas personas ahora que hace tres meses

“La gente que está en el hospital, sobre todo en primera línea, está moralmente muy mal”, corrobora Tellería. “Por un lado están los que han caído, pero también los que no han tenido la enfermedad están agotados. Ha sido muy duro”. Y lo peor no es eso, advierte Tellería. “De momento hemos conseguido aguantar, pero nadie va a tolerar ahora que suban los contagios por la inconsciencia de la gente”, critica.

A los profesionales les cuesta digerir estos días las imágenes de grupos de personas reunidos sin cuidar las distancias, como si nada hubiera pasado, ya sea en un bar, en el parque o en manifestaciones por las calles. Por no hablar de quienes cuestionan la existencia misma del virus o la utilidad de las medidas de confinamiento y distanciamiento social

“Lo que ha pasado hasta ahora ha sido más o menos inevitable, nadie pensó que [la epidemia] tuviera esta dimensión, ni siquiera los que éramos más pesimistas. La diferencia es que ahora sí sabemos a qué enemigo nos enfrentamos, así que será culpa nuestra”, dice Tellería. “Será de cada uno de nosotros por nuestro comportamiento, y el personal sanitario no lo va a aguantar”, prosigue. “Hay mucha gente que está muy destrozada y me da mucha pena. Les veo, les conozco y les conocía, y no son las mismas personas ahora que hace tres meses”, cuenta.

La gente ha pasado del miedo a la euforia, y eso es quizás lo más preocupante

Menduiña sabe de lo que habla su colega. Con la desescalada, el médico observa “bastante euforia, quizás más de la deseable, por la sensación de que la epidemia está controlada”. “Creo que está habiendo demasiado movimiento de gente. Se tiene que entender que la nueva normalidad de la que nos hablan consiste en realidad en volver a la fase de control de la epidemia; básicamente, lo que a finales de febrero no se consiguió”, explica.

Menduiña comprende que “hay que dar un margen de confianza a la gente”, que la población española tiende a “vivir mucho en la calle” y que se tiene que reactivar la economía, pero, aun así, hay algo que le chirría en esta desescalada. “Hemos pasado del miedo a la euforia, y eso es quizás lo más preocupante”, considera. “Veo mucho movimiento de gente por la calle: pandillas, grupos que no respetan la distancia de seguridad… sé que es difícil, pero esto va a durar y tenemos que acostumbrarnos a la distancia social”, pide. “Ahora la situación [epidemiológica] está bien, pero no sabemos cómo va a evolucionar. Dependemos de la responsabilidad de la gente”, sentencia.

Acto de cierre del hospital de campaña del recinto ferial de Ifema (Madrid) el 1 de mayo. (Photo: EFE/Emilio Naranjo)

Tellería añade algo más. El profesional considera que “ha habido un punto en el que se ha banalizado la epidemia”. “Las imágenes de los hospitales que han salido [en los medios] han sido prácticamente de gente dando gritos de ánimo, pegando carteles y aplaudiendo cuando salían de la UCI; lo que no ha salido es cuando uno no salía de la UCI”, lamenta. “La gente de la calle no sabe lo que se ha vivido. Los médicos han estado fatal, los pacientes, los familiares que no podían ver a su ser querido, los médicos que han tenido que informarles de una muerte…”, enumera.

“Mucha gente tiene la sensación de que quien ha estado ahí lo ha pasado de maravilla, y no es así. El personal [sanitario] lo ha pasado muy mal y va a tener un estrés postraumático terrible. Han vivido en unas condiciones de campo de batalla. Seguramente ahora tengamos más medios y estemos mejor preparados, pero moralmente no podremos hacer frente a algo igual”, insiste. “Mis compañeros están muy minados moralmente. Eso es lo que me preocupa”.

Lo estamos tomando todo un poco a chirigota

Pese a todo, Tellería considera que actualmente “las cosas se están haciendo bien y la incidencia está bajando, aunque haya pequeños repuntes algunos días”. “Pero hay que ser cautelosos”, pide; “y me parece que lo estamos tomando un poco a chirigota”, lamenta. 

“Probablemente no se está hablando lo suficiente de lo que supone este virus”, sostiene. “Se habla de los muertos como un número, pero en realidad son muertos, son personas, y muchos pacientes van a tener secuelas durante mucho tiempo, algunos de ellos toda la vida. Para muchos, la afectación pulmonar se está convirtiendo en fibrosis pulmonar, y eso es para siempre. No es ninguna broma”, asegura.

Tellería piensa en un compañero y amigo al que el virus no le “llevó por delante de milagro”, piensa en otro colega y exalumno de 46 años que ha estado seis semanas en la UCI. “No daban una peseta por su vida, y al final ha conseguido salir, pero va a tardar más de un año en poder recuperarse y hacer una vida mínimamente normal. Las secuelas pueden durarle toda la vida”, afirma.

La gente tiene que entender que esto no se ha acabado”, repite Manuel Menduiña con tono cansado. “Hemos conseguido aplanar la curva, y esto era muy importante para que no se colapsara el sistema sanitario, pero seguimos en pandemia”, recuerda.

Muchos pacientes van a tener secuelas toda la vida. No es ninguna broma

Los expertos tampoco se olvidan de que, estando tan lejos de la inmunidad de grupo y sin una vacuna disponible, es muy probable que nos enfrentemos a nuevos rebrotes, y con ello al riesgo de volver a la casilla de salida. “Si hay una segunda oleada y se descontrola, habrá muchos contagios y muchas muertes”, advierte Menduiña.

David Bernardoexperto en Inmunología del Instituto de Biología y Genética Molecular, es también muy consciente de ello. “No se puede cerrar el país para siempre, pero tampoco podemos abrir excesivamente la mano, porque entonces vendrá una segunda ola y será peor que la primera”, avisa. “El virus sigue ahí a sus anchas, cada día hay nuevos contagios”, recuerda Bernardo. “Ahora hay más casos ahí fuera que los que teníamos en marzo”, señala.

Con todo, los expertos se esfuerzan por mantener el optimismo, sin dejar de hacer hincapié en la prudencia y en la responsabilidad ciudadana. “Parece que la situación está evolucionando bien, pero hay que evitar que todo esto vuelva para atrás”, insiste Tellería. Menduiña, por su parte, no puede evitar sonar algo sombrío: “El futuro se puede venir abajo en un segundo”, dice.

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Este artículo apareció originalmente en El HuffPost y ha sido actualizado.