Sánchez, el hombre que ama las elecciones, y más cuando ve las encuestas

Pedro Sánchez, a su llegada a la Cumbre Europea de junio. (Julien Warnand, Pool Photo via AP)

La ministra de Economía, Nadia Calviño, ha advertido de que "la falta de Gobierno siembra la duda entre los inversores internacionales", pero se ha tenido que resignar a convivir con esa incertidumbre porque su jefe no le va a hacer caso. Pedro Sánchez ya solo piensa en elecciones. Las primeras primarias socialistas en las que se impuso en 2014 le hicieron ganar en confianza y las segundas, arrasando contra todo pronóstico a Susana Díaz en 2017, vinieron a demostrar que son su hábitat natural. Si al cóctel le sumamos a Iván Redondo, el jefe de gabinete del presidente, nos encontramos con "dos yonquis electorales", como ha acuñado Nacho Cardero, director de El Confidencial. Aquí va un dato, de repetirse las elecciones en otoño, serían los sextos comicios de Sánchez -incluyendo las primarias del PSOE- en apenas cinco años. Uno cada 10 meses. Todo un profesional.

En una etapa en la que los políticos no saben vivir sin barómetros, sondeos externos, encuestas internas y focus group, Redondo y Sánchez se han especializado tanto que hasta se han construido un nuevo juguete con el que extraen datos sobre tendencias de voto y la opinión del electorado a través de los de mensajes, comentarios y correspondencia que recibe Presidencia. “Herramientas de interlocución con el ciudadano de a pie”, como lo definió El Confidencial Digital. “No son el CIS, pero identifican problemas y, gracias a eso, sacamos conclusiones y actuamos en consecuencia”. Marcan pautas y tendencias... y estrategias.

Así decidieron agotar al máximo su gobierno en minoría tras la moción de censura hasta que los datos les fueron positivos por la irrupción de Vox. Y de la misma manera ahora están desestimando cualquier acuerdo con Podemos para no tardar en convocar unas nuevas elecciones.

Están tan enganchados, que no dudan en jugárselo todo a 'doble o nada' cuando el sentido común de cualquiera de sus rivales políticos optaría por lo contrario. Es decir, por perder cierta autonomía a cambio de garantizare la posibilidad de apurar los cuatro años de mandato.

Y ahí están los dos. Confeccionando un calendario que asfixie a Unidos Podemos y Ciudadanos para intestar despejar un camino a la investidura que este verano se les ha atragantado.

¿En qué se basan? Pues en los últimos datos que han recopilado y que, entre otros, dicen que la suma de los votos de los socialistas y la formación morada seguirán dándole la mayoría absoluta a la izquierda, pero en el PSOE siendo aún más fuerte gracias a la suma de 22 escaños más de los que posee hoy en día para un total de 145.

En la bancada contraria, el PP saldría reforzado con 12 diputados más, pero sumando apenas la mitad que el PSOE (78). Y Ciudadanos, ese partido con el que Sánchez querría pactar para quitar de su vista a Pablo Iglesias, pasaría a ser la cuarta fuerza más votada dejándose por el camino 23 de los 57 diputados que atesora ahora. Albert Rivera estaría más cerca de Santiago Abascal que de Pablo Casado y con una deriva tan inquietante que no dudaría en ceder sus escaños al PSOE para conformar Gobierno para tratar de frenar su crisis.

Ese es el escenario que le apetece recorrer Sánchez. Y no el actual. Quiere lograr un pacto con Ciudadanos tal y como sugieren desde el Ibex35, y negarle cualquier cuota de pantalla y protagonismo a Unidos Podemos, que sin entrar en el Gobierno tendrá difícil su subsistencia sin tener que afrontar una nueva crisis interna por su liderazgo. Si la jugada le sale bien, a Sánchez y Redondo solo les faltaría sumar 8 escaños más para formar Gobierno. Esas son sus cuentas.