San Valentín: las relaciones de amor más tóxicas del cine

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Por Alberto Cano.- Llega San Valentín, una fecha donde nos gusta coger un bol de palomitas y hacernos un maratón con míticos títulos románticos del cine. Sin embargo, muchas de las películas de este género que hemos visto a lo largo de los años también han estado cargadas de connotaciones negativas sobre el amor, especialmente por mostrar relaciones abusivas o perjudiciales que se alejan de lo políticamente correcto.

Y justo cuando llega el día de los enamorados se nos ha ocurrido repasar esas relaciones de cine tóxicas que quedaron grabadas en nuestra memoria. Porque cuando se trata del amor en el cine, lo podemos encontrar en todas sus facetas...

Cartel promocional de La guerra de los Rose (20th Century Fox)
Cartel promocional de La guerra de los Rose (20th Century Fox)

Hay cintas que pretenden reflexionar sobre ello en base a historias duras, desgarradoras e incluso perturbadoras sobre las relaciones de pareja, pero otras que libremente muestran amores tóxicos y problemáticos. Evidentemente las primeras relaciones cinematográficas tóxicas que nos vienen a la mente son el matrimonio de La guerra de los Rose -que termina en asesinato mutuo- y aquellas que conformaban el universo de Closer. Pero como son las primeras que probablemente la gran mayoría pensará al leer el título de este artículo, hemos pensado en buscar un poco más allá.

Empezaré comentando un romance extremadamente macabro y sombrío que ocurrió en uno de mis thrillers favoritos de la pasada década: Pérdida de David Fincher. En aquella cinta estrenada en 2014, basada en el bestseller de Gillian Flynn, conocíamos la historia de Nick y Amy, los personajes interpretados por Ben Affleck y Rosamund Pike cuya relación tocaba fondo. Pero mientras una pareja normal discutiría y se tiraría de los pelos, ellos decidían montar un teatro extremadamente perturbador. Y es que Nick engaña a Amy y esta decide huir y fingir su asesinato para culpar a su pareja, lo que deriva en una relación basada en la coacción psicológica y el odio. Calificarla simplemente de tóxica es quedarse corto.

Hay quienes calificaron esta película de machista por mostrar al personaje de Rosamund Pike como una mujer loca y perturbada, pero en mi opinión creo que Fincher logró colocar a los dos personajes a la misma altura, mostrándolos como dos personas adictas a la relación, sus dramas y control ficticio que cree tener cada uno.

Hablemos ahora de una de las relaciones más posesivas que hemos visto en el cine en los últimos años, la del seductor millonario Christian Grey y su sumisa Anastasia Steele, el posible mejor ejemplo de un amor dañino y abusivo basado en la sumisión y manipulación. Básicamente, su historia trata de cómo una joven universitaria permite que, para tener una relación con el hombre, debe seguir sus deseos sadomasoquistas con contrato de por medio. Él pretende controlar cada aspecto de su vida y ella juega a querer imponer algunas normas propias, pero siempre termina cayendo en lo que él quiere.

Esta historia erótica encandiló a los espectadores con cada una de sus tres entregas, sin embargo su mensaje romántico es bastante cuestionable. Los elementos de celos, posesión, control sobre la pareja y dependencia emocional, que nunca son resueltos sino retratados como simples ejemplos de romanticismo, hacen que más de uno arquemos la ceja.

No puedo pasar por alto la saga After, su homónimo adolescente. Aquí un chico apuesta con sus amigos enamorar a una joven en su primer año de universidad, y evidentemente este punto de partida deriva en una historia no exenta de un amor posesivo y peligroso.

Hay quienes incluirían en este listado a también Crepúsculo, pero en mi opinión creo que tanto Bella como Edward no llegan a tener actitudes tan recriminatorias en lo que respecta a su relación, aunque sí haya hechos problemáticos como el vampiro espiando a Bella en su cuarto mientras duerme.

Tampoco podemos obviar ejemplos pasados como Grease y Sr. y Sra. Smith. Si bien son películas completamente diferentes, ambas siembran la duda sobre el futuro que pueden tener sus parejas por más que nos vendan el cuento de final feliz y comieron perdices. En el caso del clásico musical, Danny se pasa toda la película renegando de su debilidad romántica, viviendo su romance en secreto mientras Sandy se cree el cuento de su enamorado. Y al final, aunque Sandy se de cuenta, termina transformando su aspecto para complacer los gustos de Danny. Terminan juntos, bailando y cantando pero… ¿qué futuro les depararía en la vida real con tantos elementos forzados para estar juntos? Mientras la cinta de acción que enamoró a Brad Pitt y Angelina Jolie se centraba en un matrimonio de asesinos que no comparten sus verdaderas identidades a la pareja hasta que les asignan asesinarse el uno al otro. ¿Cómo se supera semejante mentira? En fin…

Pasemos ahora a hablar de esas películas que se sirven de relaciones tóxicas para, precisamente, reflexionar sobre el amor tóxico. Y creo que dos buenos ejemplos son Ruby Sparks y (500) días juntos.

En la primera, realizada por los directores de Pequeña Miss Sunshine, conocíamos a Calvin, un hombre que ve cómo un personaje de su novela cobra vida y puede controlar sus acciones con el mero hecho de escribir su historia. Surge así una relación romántica en la que él tiene el control sobre todo, un amor que empieza siendo bonito y bucólico y que acaba siendo tóxico e insostenible. De esta manera, la película contaba la moraleja detrás de los peligros de depender emocionalmente de una relación romántica, idealizando y pretendiendo que por controlar los actos del otro se alcanza la felicidad, cuando la libertad individual es una clave esencial.

Sobre (500) días juntos, fuimos muchos los que nos enamoramos de la pareja que conformaron Joseph Gordon-Levitt y Zooey Deschanel como Tom y Summer, pero por muy bonito que fuera este amor estaba implícito el mismo mensaje que en Ruby Sparks: depender de alguien a nivel emocional e idealizar una relación puede conducir a comportamientos y actitudes problemáticas sobre las personas.

Ambas cintas abordaban el tema de manera inteligente desde un tono “feel-good”, aunque mayoritariamente las historias sobre romances equívocos y cuestionables han sido abordadas desde la dureza del drama. Esto lo encontrábamos en películas como Blue Valentine, donde la pareja conformada por Ryan Gosling y Michelle Williams se resistían a que su amor fuera condenado al fracaso, pero mientras más se empeñaban más empeoraba. Incluso más recientemente lo vimos en Historia de un matrimonio, aunque en este caso el mensaje recaía en la importancia de la separación cuando la relación se vuelve tóxica. Cuando ya no hay marcha atrás, cuando el amor ha cambiado, ha mutado y se necesita tomar distancia para mantener el cariño y respeto creado con los años.

Y así podría seguir mencionando infinidad de títulos y parejas durante un buen rato. Pero solo voy a permitirme un ejemplo más, que es el de La bella y la bestia de Disney. Aunque fuera una producción animada muy inocente enfocada a un público familiar, no se puede pasar por alto que Bella inicia una relación con la persona que la ha apresado, que capturó a su padre y que mantiene a todos los sirvientes del castillo como esclavos a sus órdenes, lo que comúnmente se conoce como síndrome de Estocolmo. Y sí, resulta muy problemático. Pongo el ejemplo de la adaptación de Disney por ser más llamativo por su enfoque al target infantil, pero es igual de aplicable a las numerosas adaptaciones que ha tenido en el cine.

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