"Mi rival usará la manera americana: destruirá mi hogar, dirá que lo hace por la libertad, y yo seré el malo"

Luis Tejo
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El luchador Sami Zayn saltando sobre su rival Bobby Lashley dentro de un ring de WWE.
Sami Zayn salta sobre Bobby Lashley en un combate de 2018. Foto: Sylvain Lefevre/Getty Images.

En el wrestling profesional, lo que el público español de cierta edad conoce como pressing catch, el valor principal es la espectacularidad de las acciones y lo visualmente impresionante de las acrobacias y golpes de los luchadores, lo que significa que todo está preparado y coreografiado de antemano y que no hablamos de competición real. Nos lo dijo el Capitán Obvio, quien también nos recuerda que los luchadores no solo siguen un guion, sino que también pueden aportar una parte de su propia personalidad y carácter a sus personajes, dotándolos de más autenticidad. Quizás el ejemplo más claro que ha surgido en la industria en este sentido, al menos en los últimos años, sea Sami Zayn.

De nombre real Rami Sebei, este canadiense hijo de emigrantes sirios ha dado que hablar tanto en los rings como fuera de ellos. Uno de los factores que contribuyen a su fama es que nunca se ha molestado en ocultar su ideología izquierdista (para los estándares americanos). Su última declaración pública ha ido un paso más allá... aunque, curiosamente, más que causar controversia, ha generado aplausos y elogios casi unánimes.

Ocurre que Sami Zayn, que actualmente ostenta el título de “campeón intercontinental”, va a enfrentarse a Bobby Lashley, el actual “campeón estadounidense”, en un combate que forma parte de las Survivor Series de la WWE (la principal empresa de wrestling) y está previsto para el próximo domingo 22. De hecho, el ya veterano Lashley procede del corazón del país de las barras y estrellas: nació en un pueblo de Kansas, en pleno centro de la nación, y es hijo de un oficial del ejército. Aprovechando este hecho y sus propias convicciones políticas, el canadiense, dentro del pique habitual que suele haber antes de las luchas, ha compartido un mensaje en Twitter tan contundente como pocas veces se había visto:

He oído que el campeón estadounidense Bobby Langley está trabajando en un nuevo movimiento final llamado “la manera americana”, con el que monta una base en mi propiedad, destruye mi casa, manda a sus amigos a llevarse lo que quede en pie, y luego dice que es por por la libertad y me hace quedar a mí como el malvado.

Se puede argumentar que es una forma extrema de promocionar el combate, ya que, en rigor, el “título intercontinental” y el “estadounidense” son las dos categorías secundarias de los principales programas de la WWE (Smackdown y Raw), y cualquier forma de llamar la atención para incrementar la audiencia es legítima. En este caso, el golpe bajo al orgullo yanqui ha funcionado bastante bien. Para muestra, algunas de las reacciones que ha recibido:

Sami, no te puedo abuchear si siempre tienes razón en todo lo que dices, maldita sea.

No soy capaz de decir si esta estrategia es antiamericana o pro-decir la verdad. Ambas, supongo. En cualquier caso, es asombroso.

Es cierto, pero no lo debería decir.

Este último meme de Marge Simpson quizás sea el que mejor defina el revuelo causado. Porque hay que tener en cuenta el contexto: el sector del wrestling en general, el de la WWE en particular, tiende a asociarse a posiciones conservadoras. El actual presidente de la compañía, Vince McMahon, es un conocido derechista cuya esposa Linda pertenece al Partido Republicano y ha ocupado cargos en la administración de Donald Trump. De hecho, el todavía presidente es seguidor de este espectáculo y hasta llegó a participar en un combate, contra el propio McMahon, cuando aún no se había metido en política y solo se le conocía por su faceta empresarial. Aquel acontecimiento, digamos, peculiar, ocurrió allá por 2007 y se vino a llamar “Batalla de los Billonarios”.

Muchos aficionados se temen que la sinceridad de Zayn haya sido excesiva y a largo plazo le acabe costando su carrera en la industria. Hay que recordar que los distintos luchadores tienen roles asignados en función de la narrativa que la empresa quiera construir, y el papel que le ha correspondido al canadiense en los últimos años ha sido el de uno de los villanos. Su misión, por tanto, es ser “el odiado” y que el público le abuchee.

Por eso, teniendo en cuenta el público al que se dirige, ha magnificado su carácter izquierdista (que existe en realidad: en su momento pidió públicamente el voto por Bernie Sanders, además de estar implicado en numerosas causas sociales que le han valido el aprecio de los seguidores más allá de su personaje), con acciones como aparecer en escena disfrazado de Fidel Castro. Declaraciones como este mensaje que acaba de publicar van en esta línea pero de una manera particularmente inteligente, porque le sirven no solo para que determinado sector del público le odie, sino para que los del otro lado empiecen a apreciarle. Funciona particularmente bien con el público internacional, tradicionalmente más hostil a la política exterior estadounidense: precisamente Zayn insiste mucho en que es el “campeón intercontinental.

¿Hasta qué punto lo que ha hecho Sami es pura estrategia promocional como parte del personaje o refleja lo que de verdad piensa la persona que hay detrás? La parte mágica y fascinante del wrestling es que nunca se puede estar seguro del todo de dónde acaba la ficción y empieza la realidad. Habrá que ver si los dirigentes de la WWE interpretan su intervención lapidaria como una provocación más que forma parte del juego, o bien consideran que ha cruzado una línea roja y tiene consecuencias futuras.

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