Salvador Sobral escenifica en Benidorm Fest su mayor incongruencia

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Salvador Sobral no solo ganó Eurovisión en 2017, sino que su Amar Pelos Dois conquistó de tal manera al jurado y a los espectadores que rompió el récord de puntos del festival con un total de 758. Aunque tras el certamen tuvo que hacer un parón por problemas de salud que derivaron a un trasplante cardiaco, las puertas que le abrió Eurovisión potenciaron su carrera y le dieron una visibilidad global que difícilmente podría haber obtenido sin su participación. No obstante, el portugués no siempre ha mostrado especial cariño hacia el festival.

Salvador Sobral en un concierto en Madrid en 2019 (Foto: Pablo Cuadra/Getty Images)
Salvador Sobral en un concierto en Madrid en 2019 (Foto: Pablo Cuadra/Getty Images)

Ya en su participación en 2017 realizó declaraciones polémicas en ruedas de prensa y tras recoger el Micrófono de Cristal. Sobral se mostró en contra de lo que denominaba “música fast-food” y señaló que confiaba en que su victoria sirviera para motivar a escuchar música con “sentimientos”. “Deberíamos cambiar esto y devolver el valor que merece”, afirmaba tras matizar que “la música no son fuegos artificiales”.

Aunque en sus palabras no señalara directamente a Eurovisión, el carácter del festival y de sus participantes de ofrecer el mayor espectáculo posible estaba implícito en esa música de fuegos artificiales a la que se refería, lo que incluso le condujo a críticas por parte de otros participantes como el rumano Álex Florea o el cantante sueco Robin Bengtsson. “Me encanta tu tema y el modo en el que cantas, pero creo que tu discurso tras ganar Eurovisión estaba muy por debajo de lo que se podría esperar de un verdadero triunfador”, escribió el representante de Suecia en 2017 en Instagram.

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Parecía claro que Salvador Sobral no sentía apatía hacia todo lo que representa Eurovisión, lo que dejó claro en 2019 con unas declaraciones bastante polémicas en el programa escandinavo Skavlan. Al ser preguntado sobre su experiencia en el festival, el portugués se atrevió a calificarla como su “prostitución”. "En mi opinión, Eurovisión no trata de música, es más espectáculo, para que la gente disfrute de la tecnología y de los nuevos sonidos", declaraba renegando del certamen.

Pero en la práctica, Sobral sigue viviendo muy dentro del mundo de Eurovisión y le siguen llegando oportunidades en base a su victoria en 2017. Un claro ejemplo lo hemos visto durante la primera semifinal de Benidorm Fest, la preselección de España para Eurovisión 2022 donde el cantante fue invitado y no dudó en presentar su música ante el público español. En concreto, nos cantó a piano Fui ver meu amor, uno de sus últimos temas caracterizado por el estilo íntimo que acompaña su carrera. Así, dio a conocer una canción que todos los que pudieran haberle perdido la pista tras Eurovisión podrían no haber descubierto de otra forma, abriéndose oportunidades de seguir conquistando público y de dar difusión a sus nuevos trabajos.

Si no fuera por Eurovisión, si no hubiera obtenido su condición de ganador del festival en 2017, estas oportunidades no estarían surgiendo. Por lo que resulta incongruente ver a Sobral renegar del festival y luego observar que sigue utilizando las ventajas que le otorgó para beneficiar su música. Y el Benidorm Fest no ha sido la única ocasión. También lo vimos en 2020, cuando se prestó a trabajar en la película Festival de la Canción de Eurovisión: La historia de Fire Saga de Netflix. Aquí también pudo interpretar Amar pelos dois y aparecer en pantalla con un pequeño cameo, abriéndose a que el público global al que llega Netflix pudiera descubrir su figura y disfrutar su música.

Si realmente renegara de Eurovisión y quisiera alejar su carrera del mundo del festival hubiera rechazado estas oportunidades. Pero no parece ser el caso. Tal vez sus declaraciones polémicas surjan porque Sobral quiere dirigirse a un público que está lejos de ser el eurovisivo, de ahí que se vea en la necesidad de interpretar el papel de músico que reniega de lo espectacular y estrafalario y que se centra en lo íntimo y emocional de la música. Pero parece claro que el ganador de Eurovision 2017 siente que debe seguir teniendo cerca al festival, que este sigue abriéndole puertas y que no tendría el mismo estatus si no fuera por él.

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