Dalí y Gala: su historia de amor alocado, trágico y surrealista

Anna Sanchez
·6 min de lectura
Spanish surrealist painter Salvador Dali & wife Gala sitting on couch.  (Photo by Eric Schaal/The LIFE Images Collection via Getty Images/Getty Images)
La historia de amor y tragedia de Gala y Dalí (Photo by Eric Schaal/The LIFE Images Collection via Getty Images/Getty Images)

Salvador Dalí se enamoró locamente de Gala aun estando casada pero el paso de las décadas transformaría su amor en su mayor tragedia.

Dalí fue un genio desde jovencito, su marcada personalidad llena de fobias y extrañezas sumada a su talento y su sensibilidad artística estaban destinadas a triunfar como lo hizo.

En lo personal, muchos pensaron que era homosexual y él mismo narraba cómo prefería el sexo anal al vaginal y también afirmaba que no le interesaban los pechos ni los genitales femeninos más allá del trasero.

Sin embargo, Salvador Dalí encontró su ‘Aleph’ en el lóbulo de la oreja de Gala y, desde la primera vez que la vio, supo que iba a ser el gran amor de su vida. Gala tenía 35 años cuando conoció a Salvador, 10 años menor que ella. Llegó a Cadaqués en el verano de 1929 y quedó claramente decepcionada por la falta de cultura de la España de los años 20.

Muy contrario al poco desarrollo del país, en el joven Salvador Dalí encontró un pozo de frescura, de curiosidad y de surrealismo que le llegaron al alma. Dalí se enamoró desde el minuto uno de aquella mujer de apariencia poco femenina que estaba casada con su amigo Paul, al que conoció en un baile parisino gracias a Picasso.

Por su parte, Gala, se rindió ante los traumas infantiles de Dalí y su fobia a las langostas, los tranvías o los sitios concurridos. Cuánto más paseaban por Cadaqués, más se abrían el uno al otro hablando de arte y de vivencias pasadas, Gala supo que jamás se volverían a separar.. o eso pensó.

Por aquel entonces Gala y Paul estaban casados desde hacía doce años y tenían a Cécile, su única hija. Al regresar de sus vacaciones en España a París, Gala se encontraba asfixiada por la falta de emoción de la vida de madre y ama de casa así que dejó a su hija en manos de los abuelos y se metió en el círculo artístico de su marido siendo ella la única mujer.

El descargarse de la maternidad le permitía viajar y experimentar también su pasión sexual que, según dicen, rozaba la ninfomanía. A Paul no le importaba que ella tuviera amantes dado que ambos creían en el amor libre.

Gala and Salvador Dalí. Found in the Collection of Fundació Gala - Salvador Dali, Figueres. (Photo by Fine Art Images/Heritage Images/Getty Images)
Los veranos en Figueres de Dalí y Gala siendo amantes (Photo by Fine Art Images/Heritage Images/Getty Images)

Gala siempre volvió a Cadaqués a estar con Dalí y, de hecho, sus amigos de siempre vieron ese cambio radical en él cuando ella se mudó a su lado. Buñuel llegó a afirmar en sus memorias que: “De la noche a la mañana, Dalí ya no era el mismo. Toda concordancia de ideas desapareció entre nosotros, hasta el extremo de que yo renuncié a trabajar con él en el guion de La edad de oro. No hablaba más que de Gala, repitiendo todo lo que decía ella. Una transformación total”.

Salvador besó a Gala durante uno de esos paseos suyos y desde ese momento, le cambió para siempre. Aquí nace la relación formal que se consolidaría sexualmente tres meses después ya que ella quiso hacerle esperar y él fue feliz dado que tenía un terror profundo hacia el sexo.

El padre de Dalí, decepcionado porque su hijo estuviese con una mujer casada y por una ofensa a la memoria de su madre que llevó a cabo el pintor, deja de hablarse a su hijo y éste se va con Gala a Montmartre, París, a vivir juntos. Desde aquel momento vivían en París durante el invierno y en Cadaqués durante el verano.

Gala al fin deja a Paul y centra su vida en ser agente del arte de Dalí. Tanto influye en su obra surrealista que Salvador acaba firmando en nombre de los dos algunas de sus obras. En 1934 se casan en el consulado español en París sellando su amor.

Ambos pasan la Guerra Civil en el exilio francés pero, cuando ésta acaba y empieza la Segunda Guerra Mundial, Dalí quiere volver a ver a su padre y a su hermana. Lo que encuentra es horrible, aquel hombre republicano e independentista es ahora un franquista convencido y a su hermano la violaron y la dejaron traumatizada durante la guerra.

Mientras Salvador, desolado, intenta entender la nueva situación familiar, Gala prepara su exilio hacia Estados Unidos y en 1940, ambos parten rumbo a Nueva York. Allí la marca Dalí crece como la espuma y su freak show toca las nubes haciendo las delicias de los americanos.

Gala pierde su espontaneidad y se vuelve una mujer pesetera, fría y calculadora con todos menos con su amado Dalí. Tras una década dorada en EE.UU, los enamorados vuelven a sellar su amor en 1948, en España, con su boda religiosa en Girona a la cual acudieron solo ellos, el cura, el fotógrafo y el secretario del juzgado.

(Original Caption) 12/24/51-New York: Salvador Dali, surrealist painter, and his wife, Gala, arrive in New York, Dec. 24, aboard the Liner America. Dali, whose newly-regrown handlebars mustache is twirled by his playful spouse, returned to the U.S. after eight months abroad. The whimsical artist has had exhibitions in France, England and Spain.
Su exilio en Estados Unidos y Francia durante épocas de guerra

Gala siempre volvió a Cadaqués a estar con Dalí y, de hecho, sus amigos de siempre vieron ese cambio radical en él cuando ella se mudó a su lado. Buñuel llegó a afirmar en sus memorias que: “De la noche a la mañana, Dalí ya no era el mismo. Toda concordancia de ideas desapareció entre nosotros, hasta el extremo de que yo renuncié a trabajar con él en el guion de La edad de oro. No hablaba más que de Gala, repitiendo todo lo que decía ella. Una transformación total”.

Salvador besó a Gala durante uno de esos paseos suyos y desde ese momento, le cambió para siempre.

El mundo sigue a sus pies en la década de los 50 y de los 60 pero múltiples orgías, amantes jóvenes para Gala, sesiones de masturbación para Salvador y la paranoia creciente en la mente de ambos los llevan a acabar en el patetismo en los 70.

Gala, cansada de una casa llena de interesados y amantes se retira a vivir sola en el castillo de Púbol, regalo de Dalí, al que él no podía entrar si no era invitado. Allí reposan hoy los restos mortales de ella.

Ian Gibson (autor de la obra Dalí-Lorca) cuenta que, cuando vivían juntos durante la vejez, Gala drogaba a Dalí con anfetaminas y sedantes que le hicieron drogadicto como ya lo era ella. Esto acentuó muchísimo la enfermedad mental de ambos.

Salvador Dali et Gala dans les années 70 à Paris, France. Circa 1970. (Photo by STILLS/Gamma-Rapho via Getty Images)
La decadencia en su vejez y su paranoia mental (Photo by STILLS/Gamma-Rapho via Getty Images)

Gala murió en 1982, en Portlligat y, cumpliendo su último deseo, llevaron su cuerpo en un Cadillac hasta el castillo donde sigue enterrada. Dalí vivió entonces solo y atormentado en Figueres, en la Torre Galatea de su teatro-museo.

Estaba rodeado de usurpadores que, con el pretexto de cuidarle en su vejez y su paranoia, solo pretendían quedarse con su riqueza. Dalí no era un anciano afable ni fácil de domar, le alimentaban forzadamente con sonda porqué se negaba a comer y atacaba a las enfermeras.

Al final la muerte le llegó siete largos años después, el 23 de enero de 1989. Dalí dejó todos los derechos patrimoniales de su obra al Gobierno de España y no pudo cumplir su deseo de ser enterrado junto al gran amor de su vida dado que su cuerpo se encuentra en el lugar en el que pasó los últimos años de su vida.

¿Conocías al detalle la historia de amor y desamor de Dalí y Gala?

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