¿Cuánta sal debemos consumir?

La sal es un condimento que prácticamente se encuentra presente en todas las preparaciones que consumimos a diario. Desde hace ya algunos años el debate en torno a este ingrediente está servido, la sal ¿es buena o mala para nuestro organismo? ¿Cuánta cantidad es recomendable consumir a diario? ¿Podemos prescindir de ella?

Se considera que un alimento contiene mucha sal si aporta más de 1,25 g por cada 100 g, o poca sal si aporta menos de 0,25 g por cada 100g, según datos de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN). (Foto: Getty)

Si nos ceñimos a los cientos de estudios, investigaciones o valoraciones personales de médicos y nutricionistas comprobamos que la sal tiene una doble cara. En exceso, como todo en la vida, es malo, pero sin duda alguna la sal no es un demonio vestido de blanco, al menos no del todo.

Nuestro organismo para su correcto funcionamiento necesita una dosis necesaria para regular el sodio, por ejemplo, el volumen sanguíneo y la presión arterial. También es cierto que en España consumimos más sal de la que deberíamos. De hecho, la Sociedad Española de Hipertensión alerta que los españoles doblamos la cantidad recomendada por los organismos internacionales.

Los médicos aconsejan evitar realizar este gesto en la mesa para acostumbrarnos a a sabores menos salados. (Foto: Getty)

Si la Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda no sobrepasar la barrera de los 5 gramos diarios (una cucharilla de café) en España casi llegamos a los 10.

“En concreto, el 87,5 por ciento de la población ingiere más de 5 gramos de sal al día, el 20 por ciento de la sal ingerida se añade en el cocinado-mesa, el 72 por ciento de la sal ingerida proviene de alimentos procesados (sal oculta), especialmente embutidos, pan y panes especiales, quesos y platos preparados. Además, hay documentos que señalan que los españoles no saben qué sal compran (si sal marina, yodada, etc.), por tanto no se utiliza de forma universal la sal yodada”, apuntan los doctores Emilia Cancer y Francisco Botella, miembros del área de Nutrición de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN).

Está claro que se necesita más investigación para estimar la ingesta de sal exacta más beneficiosa para nuestro organismo. Sabemos que la sal es indispensable para la vida, ya que es la mayor fuente de sodio de nuestra dieta, representando más del 90 por ciento, pero también parece tener un efecto perjudicial para la salud si se consume en exceso.

“Existen estudios que prueban la relación entre el consumo de sal en exceso y las enfermedades cardiovasculares, y existe también una asociación epidemiológica con otras enfermedades como la osteoporosis o determinados tipos de cáncer”, advierten los doctores Cancer y Botella.

Con el paso del tiempo hemos descubierto que por muchos estudios o medidas preventivas que intentemos adoptar, no podemos y tampoco debemos erradicar la sal de nuestra dieta, pero ahora podemos hacerlo de una forma más saludable. Para eso debemos conocer la cantidad de sal presente en los alimentos envasados, por lo que se aconseja leer siempre el etiquetado nutricional.

Como explican los expertos, podemos dividir la sal que consumimos en ‘visible’ e ‘invisible’. En contraste con la creencia popular de que la sal añadida durante el cocinado y condimentado de los platos (la sal ‘visible’) constituye el mayor porcentaje del consumo de sal, esta representa solo el 20 por ciento.

La sal ‘invisible’, la que proviene de los alimentos, corresponde al 80 por ciento del consumo total de sal. Dentro de esta sal se encuentra la presente de forma natural en los alimentos, un 8-10 por ciento del consumo de sal total, y la sal añadida en los alimentos procesados (platos preparados, snacks, pan, quesos, cereales…), entre un 70-72 por ciento del consumo de sal en la dieta.Esta sal añadida en los procesados, al igual que la ‘visible’, es la que se puede reducir”, opinan los especialistas de la SEEN.

Desde la SEEN insisten en esa misma idea, no es necesario añadir sal porque los alimentos ya contienen este aderezo. Sobre todo el el pan, los productos cárnicos elaborados, quesos y alimentos precocinados. (Foto: Getty)

Nuevas variedades, ¿son más saludables?

Por otro lado, existen sales como la Sal Ancestral, un tesoro proveniente de un manantial de montaña en Navarra, a los pies de la Sierra de Urbasa y Andía, completamente libre de contaminantes y tóxicos como microplásticos, nitritos o metales pesados.

Además, su producción totalmente artesanal, sin procesos industriales, evita cualquier tratamiento que suponga la alteración del producto como la pérdida de toda la carga mineral que esta contiene. Lo que convierte a esta sal en una alternativa más saludable a la sal proveniente del agua del mar.

Sal de Manantial Ancestral, la primera sal completamente libre de contaminantes y tóxicos como microplásticos, nitritos o metales pesados se convierte en la opción más saludable para ayudarnos a controlar las ingestas

También ha irrumpido con fuerza en el mercado con una nueva versión de sal: la sal de Manantial Líquida. Este producto resulta ideal para hacer una distribución uniforme y perfecta del toque salado y nos ayuda a controlar su consumo.

Cuando la sal está diluida en agua se necesita menor cantidad para provocar la misma sensación que la sal granulada, lo que la convierte a la sal de Manantial líquida en una opción más saludable aún para ayudarnos a controlar las ingestas. El aderezo perfecto, natural y saludable para cualquier elaboración gastronómica.

Pistas reducir el consumo de sal en el día a día

Según aconsejan desde la SEEN, una forma fácil para reducir la sal en la dieta es no añadírsela a los alimentos, a los guisos, o a las ensaladas y en su lugar reemplazar el sabor con hierbas, especias, limón, vinagre, pimienta, ajo, etc. No echar sal mientras cocinamos, sino al probar la comida es otra recomendación.

“Existe una amplia gama de alimentos con contenido reducido de sal que pueden sustituir a las variedades que habitualmente se consumen con más sal. Si los vamos incorporando de manera gradual a nuestra dieta, favoreceremos el cambio a sabores menos salados sin que se aprecie gran diferencia. El contenido de sal puede oscilar dependiendo de las variedades y las marcas, por esto es necesario comprender el etiquetado nutricional y elegir las opciones más saludables. También hay que resaltar que la cantidad de sal consumida va en relación a la cantidad de alimento ingerido. No es necesario dejar de comer alimentos con alto contenido en sal, simplemente reducir su frecuencia de consumo e intentar elegir la opción o marca que contenga menos. De esta forma se fomenta el consumo de alimentos con menos sal, presionando a la industria alimentaria a fabricar estos productos con menos sal añadida”, concluyen los especialistas desde la SEEN.

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