¿Sabes cuánta agua hay que beber al día?

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Ese bien que escasea cada vez más y que empieza a convertirse en el recurso más preciado del planeta suscita, cada cierto tiempo, el mismo dilema: ¿cuánta agua hay que beber al día? La verdad es que hemos oído (y leído) todo tipo de recomendaciones y aseveraciones, pero esta vez hemos decidido acudir a dos voces de autoridad para que, por una vez, sepamos con total garantía cuánta agua hay que beber al día y qué nos aporta.

Para empezar, el Ignacio Ramil, jefe del Servicio de Medicina Interna de HM Modelo (A Coruña), nos recuerda que somos fundamentalmente agua, ya que es el principal componente de nuestras células. “Como el oxígeno, sin ella no podemos vivir. Así que no es que el agua nos aporte beneficios, sino que se trata de una necesidad para nuestro organismo”, sentencia.

La doctora y nutricionista Elena Soria, de Clínica Menorca, insiste en que es esencial para mantener nuestra salud: “Beber agua regula y mantiene la temperatura corporal; posibilita el transporte de los nutrientes a las células; elimina los desechos a través de la orina, la transpiración y las evacuaciones intestinales; y lubrica y amortigua las articulaciones”.

Dado que el 70% de la composición de nuestro cuerpo es agua, se entiende que sea un elemento tan sustancial. La doctora Soria abunda en todas las funciones que tiene el agua en nuestro organismo. “Alivia la fatiga, porque al eliminar toxinas y productos de desecho del organismo, al corazón le es más fácil trabajar para bombear la sangre oxigenada a todas las células y a otros órganos principales. Evita el dolor de cabeza y las migrañas, dado que en la mayoría de los casos la razón principal de estos dolores es la deshidratación. Ayuda en la digestión y evita el estreñimiento, porque con la suficiente cantidad de agua en el cuerpo los alimentos que consumimos se descomponen apropiadamente. Mantiene la belleza de la piel, puesto que ayuda a reponer los tejidos, rehidratarlos y aumentar su elasticidad. Sus propiedades térmicas y su capacidad para liberar el calor del cuerpo cuando el sudor se evapora de la superficie de la piel son de gran ayuda en el mantenimiento de la temperatura corporal durante todo el día. También resuelve el mal aliento, una clara señal de que el cuerpo necesita más agua (la saliva ayuda a liberar la boca de bacterias y mantener la lengua hidratada). Y contribuye a perder peso al eliminar los subproductos de la grasa. Cuando bebemos agua, el estómago se llena haciéndonos perder un poco el apetito y, además, no contiene calorías, grasa, carbohidratos ni azúcar”.

¿Cuánto es suficiente?

Seguro que llegados a este punto estás ansioso por conocer el número de mililitros de agua que hay que tomar al día, pero sentimos decirte que no hay una medida exacta. “La recomendación general es beber dos litros diarios de agua, una cantidad que no tiene que ser exactamente esa ni igual para todos, pues dependerá del peso, la actividad que se desarrolle, de la propia morfología de cada cual, de la temperatura ambiental… Además, hay que tener en cuenta que contabiliza la hidratación procedente de otras bebidas, como infusiones, caldos, café, y alimentos como frutas y verduras principalmente”, señala la médico y nutricionista de Clínica Menorca.

Coincide en este punto el doctor Ignacio Ramil: “Hay que beber la cantidad que nos dicte nuestro regulador de la sed en el cerebro. Una persona sana no tiene que beber ni más ni menos que lo que le pida el cuerpo, de modo que hay que escucharle. Eso sí, conviene estar especialmente atentos con las personas que se encuentran en los extremos de la vida, esto es, los recién nacidos y los ancianos más frágiles, porque su sistema regulador de la sed no funciona igual que el de un adulto sano.

Pero ¿cómo saber si mi cerebro está en lo cierto o me está jugando una mala pasada y estoy bebiendo menos de lo que mi organismo necesita? “Puede ser que uno beba dos litros de agua al día y, aun así, estar tomando poco porque tenga una actividad física muy extenuante y se haya deshidratado mucho. O que se produzca una pérdida de agua mediante transpiración de la piel motivada por el calor. Podemos saber si se está bebiendo poca agua cuando se producen mareos al cambiar de postura y, sobre todo, porque orinamos poco y muy concentrado. Las características de la orina son indicadores del grado de hidratación del cuerpo. Una orina clara y con buenos volúmenes a lo largo del día son signos de una buena hidratación en una persona con buen estado de salud”, puntualiza el jefe del Servicio de Medicina Interna de HM Modelo.

Además, hay otras alertas de que existe una escasez de agua en nuestro organismo: “Las principales señales, que pueden aparecen incluso antes de la sed, son fatiga, confusión mental o calambres. También puede aparecer estreñimiento cuando antes no lo había, piel seca, desgana, pérdida de memoria y concentración… La deshidratación severa causa déficits cognitivos que afectan a la memoria a corto plazo, al estado de ánimo y a las habilidades visuales, provoca dolor de cabeza persistente, boca seca y pastosa y la orina se torna un color amarillo oscuro, casi ocre o anaranjado”, detalla la doctora Soria.

Mucha agua también es mala

Cuántas veces hemos oído eso de “el agua no hace daño”. Pues depende cuánta te tomes. Y no lo decimos nosotros sino los expertos: “Es cierto que beber más agua de la conveniente produce perjuicios. Beber más allá de los tres o cuatro litros en personas que no tengan una gran demanda de agua por sus circunstancias específicas, en condiciones normales, puede ocasionar problemas de salud”, aclara el doctor Ramil.

Y apostilla Soria: “Al beber más de lo necesario la concentración de electrolitos disminuye, entre ellos la del sodio, produciendo incluso hiponatremia. Sus síntomas son náuseas, desorientación, fatiga, dolor de cabeza. Las sales se disuelven en mayor cantidad de líquido de lo habitual y este penetra en las células y aumenta su tamaño. Si no se pone remedio a tiempo, esto puede derivar en daños en la musculatura, en los órganos e incluso en el cerebro”.

Así las cosas, solo podemos recurrir al clásico de Bruce Lee, dándole una vuelta de tuerca: Be water, my friend. Deja que tu cuerpo fluya, escucha lo que necesita y no te pases de la raya. Al menos, con lo que al agua se refiere.

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