Cómo saber si tienes un TOC y cuatro claves para superarlo

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Photo credit: Productora
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Es difícil no esbozar una sonrisa cuando pensamos en Jack Nicholson haciendo el papel de Melvin Udall en Mejor… imposible. Udall es un tipo que en la pantalla hace mucha gracia, pero que padece un trastorno muy serio: lleva sus propios cubiertos para no usar los del restaurante en el que almuerza cada día, cuenta sus pasos y solo hace las cosas de una determinada manera. Udall sufre un trastorno obsesivo compulsivo (TOC), una de las veinte primeras enfermedades discapacitantes y una de las cinco enfermedades mentales más comunes, según la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Tras la pandemia a algunos nos han quedado algunas taras. O ya las teníamos de antes, vete a saber. Quizás no lleguemos al caso encarnado por Nicholson en la gran pantalla, pero nuestras manías tampoco tienen por qué desdeñarse. Yo, por ejemplo, ya tenía cierta obsesión por los gérmenes antes, pero es que ahora, cuando alguien me da la mano, o me planta un par de besos, creo que hasta se oye cómo me rechinan los dientes. Resulta que esas obsesiones que catalogábamos como "peculiaridades"o "rarezas", tal vez no sean tales sino los síntomas de una enfermedad psicológica que cada día afecta a más personas.

¿Qué es exactamente el TOC?

Se trata de un problema neurológico que se traduce en un trastorno de ansiedad caracterizado por pensamientos obsesivos, es decir, ideas fijas recurrentes y persistentes que generan inquietud, temor, ansiedad o aprensión. Por lo general, son ideas que al paciente le cuesta quitarse de la cabeza. Los pensamientos obsesivos pueden ser de diferentes tipos, pueden ser impulsos, que suelen ser agresivos y producen un miedo irracional a hacer daño a otros (ganas de darle a alguien un guantazo); o temores o fobias, como el miedo a contaminarse o a enfermar o a engordar, o dudas que representan una falta de seguridad en uno mismo: dudar de si hemos cerrado la puerta de casa, o la espita del gas, o las ventanas, etc… Hay manías y obsesiones de lo más extraño que afectan a más personas de las que crees. Y luego cada una desarrolla una conducta compulsiva como forma de enfrentarse a sus obsesiones.

Obsesiones

Obsesiones sobre la salud y la apariencia física: dieta, ejercicio, estilo de vida; moda e imagen personal; obsesión con el envejecimiento; ortorexia, anorexia, vigorexia, dismorfofobia. Temor a desarrollar enfermedades mentales (alzheimer, esquizofrenia, psicosis, etc.), cáncer, infarto repentino, o temor de padecer alguna enfermedad desconocida o no catalogada (sí, ser hipocondríaco).

Obsesiones de contaminación: preocupación por los gérmenes (virus, bacterias, hongos, etc.), suciedad, polución, o sustancias químicas peligrosas; preocupación por las secreciones corporales (orina, heces, saliva, etc.); preocupación por contraer enfermedades de transmisión y venéreas (sida, hepatitis, etc.). Aunque ya no sé cuándo es obsesión y cuando es estar bien informada. Recuerdo cómo nos reíamos con condescendencia de las manías de Naomi Campbell, y al final hemos terminado haciendo casi lo mismo cada vez que nos subimos en un avión.

Obsesiones relacionadas con la sexualidad: pensamientos persistentes acerca de la realización de actos sexuales repugnantes o prohibidos, o de comportamientos tabúes; obsesión y dudas sobre la orientación sexual hasta lo patológico.

Obsesiones de contenido agresivo: temor a causar algún tipo de daño a otras personas, o a uno mismo, a autolesionarte o a incluso tirarte al metro siguiendo un impulso incontrolable. Miedo a cometer crímenes o aparecer como responsable de errores, fracasos, imprudencias, accidentes o catástrofes. A menudo se manifiesta mediante la aparición sin motivo alguno de imágenes horribles y violentas.

Obsesiones filosófico-religiosas: necesidad de confesar pecados inexistentes o ínfimos, sentimiento de culpabilidad extremo; escrúpulos de conciencia: excesivamente preocupado por la posibilidad de cometer algún acto pecaminoso o a acumular mal karma. Miedo a ser condenado al infierno, hacerse preguntas existenciales reiterativas del tipo: "¿Qué habrá después de la muerte?" o "¿Cuál es el sentido de la vida?".

Trastorno obsesivo-compulsivo relacional (TOCR): síntomas centrados en las relaciones muy cercanas, sobre todo, la pareja. El problema no es la relación en sí misma, sino lo que se piensa que está ocurriendo o podría ocurrir. La persona que lo sufre, se cuestiona cosas como si su pareja es realmente la persona adecuada; o si la querrá, si la engañará, si la va a dejar. Vamos, una agonía.

Photo credit: CBS Photo Archive - Getty Images
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Info-obsesivos (acumuladores): obsesión por acumular, acaparar, controlar y ordenar la mayor cantidad de información posible; estar siempre enterado de las últimas tendencias y avances; en todos los campos del conocimiento o en alguno en particular, volviéndose muy compulsivos y ansiosos por su necesidad de control. Comprar, almacenar y clasificar de manera compulsiva revistas, periódicos, libros, enciclopedias, acumulación de archivos digitales (cuánta gente tiene almacenadas más horas de lectura de las que les quedan de vida). Los que padecen este tipo de TOC normalmente no tienen tiempo suficiente ni ningún método para organizar y asimilar la información, por lo que muchas veces tienden a la procrastinación.

Otros: adictos al trabajo (trabajólico), ludópatas.

Compulsión

Para aliviar la ansiedad que generan los pensamientos obsesivos, la persona que las sufre desarrolla conductas compulsivas que, a menudo, se transforman en rituales o reacciones exageradas: lavarse las manos compulsivamente, incluso si no hemos tocado nada (esa soy yo), o contar números, o ordenar objetos de una cierta manera. Comprobar las puertas repetidamente para asegurarnos de que están cerradas o tocarte el bolsillo una y otra vez para constatar que no nos hemos dejado el móvil en casa. Revisar la cocina repetidamente para asegurarnos de que está apagada. Abrir la puerta del microondas cuando falta un segundo para no escuchar la dichosa campanita.

Todo eso son compulsiones, son conductas repetitivas, generalmente "caprichosas", que se realizan según determinadas reglas de forma estereotipada y cuya principal función es reducir la ansiedad provocada por la obsesión. El que sufre el trastorno puede reconocer que son actos absurdos, pero aun así, no hacerlos le produce ansiedad.

¿Cómo saber si sufro un TOC?

Hay niveles de obsesión. Que te laves las manos frecuentemente o que ordenes las latas de conservas para que la etiqueta siempre esté adelante, no significa que necesariamente sufras este trastorno. Hay una diferencia entre ser perfeccionista (por ejemplo, alguien que busca resultados perfectos o un rendimiento impecable) y tener un trastorno obsesivo compulsivo.

La plataforma de psicología online Therapy Chat tiene un test online gratuito en español y la británica Patient un cuestionario en inglés, que pueden servir de ayuda para saber si lo tuyo es perfeccionismo o trastorno compulsivo obsesivo. Una vez hecho el test, Tharpy Chat por ejemplo te da cuatro claves para empezar a combatir tus manías.

Claves para vencer tus obsesiones

Ten determinación para vencer el problema: tu voluntad será la que te pueda ayudar a empezar a ejercitarte frente a los pensamientos irracionales y absurdos que tu mente te plantea para, posteriormente, poder descartarlos.

Convéncete de la irracionalidad de tus preocupaciones: tómate tu tiempo para analizar tus preocupaciones para saber cuáles debes considerar y cuáles puedes descartar porque son absurdas e irreales. Debemos ser conscientes de que esto no será un proceso de dos días y de que tendremos que aprender a mirar desde fuera cómo trabaja nuestra mente para no dejarnos arrastrar por las compulsiones.

Comprueba que puedes vencer la ansiedad sin rituales: puedes poner en práctica, con la ayuda de tu terapeuta, distintas formas para relajarte y tratar la ansiedad cuando aparece un pensamiento obsesivo. Pon en práctica, con la ayuda de tu terapeuta, distintas formas de relajarte y tratar la ansiedad cuando aparece un pensamiento obsesivo. Al principio tendrás que estar muy atento para detectarlos, analizarlos, centrar tu atención en ellos y saber por qué aparecen. De esta forma irás aprendiendo a relajarte cada vez que tu mente requiera la atención sobre un pensamiento erróneo y serás capaz de dejarlo pasar sin una respuesta absurda.

Acepta tus obsesiones en lugar de resistirte a ellas: en muchas ocasiones tu mente no te dejará en paz y los pensamientos obsesivos volverán una y otra vez. No te dejes vencer por la frustración y el agotamiento emocional que esta lucha te produce. Relájate y deja que la mente vuele una y otra vez sin que tenga consecuencias sobre tu ansiedad. Poco a poco, los pensamientos irracionales irán desapareciendo ante la falta de “alimentación” por parte de tu voluntad.

Estos son los primeros pasos, pero si se te hacen un poco cuesta arriba, no dudes en acudir a ayuda profesional, a un psicólogo experto.

El TOC ya no es tabú

En la historia ha habido multitud de personajes que han sufrido TOC. Por ejemplo, Nikola Tesla podría haber padecido una obsesión de tipo numerológico. Llevaba a cabo gran cantidad de conductas y rituales compulsivos, generalmente vinculados con el número tres y sus múltiplos. San Ignacio de Loyola escribió: «Después de haber pisado una cruz formada por dos pedacitos de paja, o tras haber dicho, pensado o hecho una determinada cosa, me vienen pensamientos de haber pecado, pero por otra parte me parece que no lo he hecho. Sin embargo, siento ansiedad sobre el asunto, dudo y no dudo, es el verdadero recelo y la tentación que marca el enemigo». Definitivamente TOC.

Charles Darwin ya que era "patológicamente" modesto y autocrítico, con una conciencia bastante prepotente. Se sentía feo, y el reconocimiento de incluso una modesta pizca de vanidad en sí mismo era objeto de angustia. Se cuenta (pero faltan pruebas) que Katharine Hepburn estaba obsesionada con la limpieza y llegaba a tomar hasta 18 duchas en un día. Se rumorea que una vez, estando en un rodaje, acudió a una casa cercana y le pidió a la dueña si por favor de dejaba darse una ducha rápida en su cuarto de baño.

Hoy en día no niegan que sufran este trastorno celebridades como Woody Allen (un TOC de libro de texto, está profundamente obsesionado con la muerte), Martin Scorsese o Leonardo DiCaprio (se le desarrolló aún más después de interpretar a otro obsesivo, Howard Hughes, en El aviador). Tiene por ejemplo la obsesión de no salir con mujeres mayores de 25 años, pero ese merece seguramente otro tipo de enfoque psicológico.

Photo credit: © D.R.
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La española Adriana Ugarte que ha confesado que vive obsesionada con la limpieza. Andrés Iniesta, que en muchas ocasiones ha hablado de sus problemas de ansiedad, estaba obsesionado con el orden y su conducta compulsiva eran los estrictos rituales de ejercicios físicos repetitivos que realizaba mientras practicaba fútbol. En su discurso de despedida del Barça hizo una emotiva alusión a las personas que como él, sufren TOC.

¿Cuál es el tratamiento del TOC?

El TOC sin controlar es agotador física y mentalmente, y disminuye drásticamente la calidad de vida de quien lo padece. Los síntomas de ansiedad y las conductas compulsivas que los acompañan suponen en muchos casos un impedimento para el desarrollo del día a día en el trabajo o en el ámbito social.

Por fortuna, el trastorno obsesivo compulsivo (TOC) se puede controlar de forma eficaz en el 75% de los casos con el tratamiento adecuado que generalmente contempla el uso de psicofármacos y/o de psicoterapia. En casos muy graves puede ser necesario recurrir a otras técnicas, como es la neurocirugía o la psicocirugía.

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