Cómo saber si tienes una quemadura solar o intolerancia al sol

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Photo credit: Getty Images
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Tomar el sol (en su justa medida) es bueno, ya que “sin luz solar el cuerpo no secreta melatonina, sustancia euforizante y antidepresiva. También mejora el acné y la psoriasis, activa defensas de la piel, como el bronceado y el engrosamiento cutáneo, y fortalece los huesos, estimulando la síntesis de vitamina D”, afirma el equipo de dermatólogos de Instituto Médico Láser (IML).

Sin embargo, la doctora Natalia Jiménez señala en su libro ‘Ponte en tu piel’ (Aguilar) que a menudo ve en su consulta pacientes extremadamente bronceados que dicen que toman mucho el sol porque tienen la vitamina D baja. Ni se te ocurra hacer esto. “Suele ser suficiente con exponer zonas sin protector solar, como los brazos o las piernas, durante unos diez minutos, pero siempre sin quemarnos. Es cierto que el sol es la fuente principal de la vitamina D, pero también la obtenemos de la alimentación, como los lácteos, el pescado, el hígado o el huevo. Si a pesar de ello, mantenemos niveles de vitamina D por debajo de 30 ng/ml, los médicos solemos recomendar suplementos orales”, aclara.

Ahora bien, su abuso no sólo puede producir quemaduras solares, sino que también puede ocasionar daños a largo plazo, como manchas o arrugas (en los peores casos, cáncer de piel), e incluso hacer que la piel se vuelva intolerante o reactiva al sol. “La radiación solar que llega a la Tierra es cada vez más alta. La integridad de la capa de ozono no es la misma, y eso repercute directamente en nuestra tolerancia a la radiación. Además, están los hábitos que hemos ido adoptando como sociedad –vivimos encerrados en edificios, trabajamos en oficinas durante largas jornadas y nos exponemos al sol de manera puntual– ocasionan que nuestra piel sufra cuando recibe las primeras radiaciones: se quema y reacciona”, explica Andrea Combalía, dermatóloga y autora del libro ‘Piel Sana in Corpore Sano’.

Alergia o intoxicación solar

Al gluten, a la lactosa y ahora al sol. “La alergia o intolerancia al sol es un término muy general que engloba principalmente dos entidades principales: urticaria solar y erupción polimorfo lumínica. Existe una predisposición personal a sufrirlas, que en ocasiones tiene una base autoinmune, aunque cada vez se diagnostican más casos”, continua la dermatóloga.

¿Cómo detectar que se sufre intolerancia al sol? La doctora Cristina Ciudad, dermatóloga del GEDET (Grupo Español Dermatología Estética y Terapéutica) de la AEDV, da las claves: “La intolerancia al sol se caracteriza por la aparición de lesiones cutáneas de morfología variable tras la exposición solar, principalmente en el tórax, los brazos y en el dorso de las manos. Pueden aparecer pequeños granitos, ronchas e incluso a veces vesículas y pequeñas ampollas tras minutos u horas de la exposición. Afecta a todas las razas y más a las mujeres que a los hombres, en una proporción de tres a uno. Aún no se conoce la causa concreta de la intolerancia al sol, pero parece que es existe una respuesta anormal a la luz influenciada por factores genéticos y fotobiológicos”.

La buena noticia es que si ya has pasado la treintena, aunque no se puede decir rotundamente que estés a salvo de padecer intolerancia al sol, esta es mucho más rara: “Se suele iniciar antes de los 30 años de edad, y se manifiesta en la primavera o al principio del verano, tras las primeras exposiciones solares. Las lesiones mejoran tras un periodo de cinco a siete días y los brotes van siendo menos frecuentes a lo largo del verano porque la piel se va acostumbrando de alguna manera a la radiación solar”.

Los síntomas duran desde unas pocas horas en los casos leves hasta días en los casos más graves (lo normal es que no superen las 48 horas). Pero, ¿cuáles son estos? “Presencia de fiebre, náuseas, deshidratación y malestar general”, desvela Cristian Valenzuela, dermatólogo de Instituto Médico Ricart, que apunta que aquí “los problemas cutáneos son más frecuentes en las áreas de la piel más expuestas al sol. Los sarpullidos son repentinos y se extienden rápidamente”.

Y siempre es mejor prevenir: “Para evitar la intolerancia al sol, es necesario el uso de una adecuada fotoprotección, utilizando ropa que evite el paso de la radiación solar y fotoprotectores con alto factor de protección. En la mayoría de casos el uso de estas medidas generales de fotoprotección es suficiente para evitar el desarrollo del cuadro, y si éste se produce se pueden utilizar cremas que deben ser pautadas por el dermatólogo”, añade la doctora Cristina Ciudad.

Una vez más, la inflamación es la culpable. Cuando te quemas la piel se inflama (eso es lo que causa el enrojecimiento y la sensibilidad), pero las quemaduras más graves también causan inflamación sistémica en todo el cuerpo: “Cuando la piel se quema a consecuencia del sol se liberan mediadores inflamatorios, que son responsables de la fiebre y de comprometer del estado de salud, en general”, recalca Valenzuela.

Quemaduras vs. erupción por intolerancia al sol

Antes de que experimentes estos síntomas más graves, como fiebre o vómitos, debes ponerte en alerta si notas que estás sufriendo la peor quemadura solar de su vida. Probablemente será una erupción, que no hace falta que esté muy extendida, sino que puede aparecer solo en las áreas en las que has sufrido las quemaduras más graves. A diferencia de la incomodidad y el enrojecimiento típicos que sientes cuando te has pasado con el sol, notarás picor y desazón y también es probable que te salgan ampollitas diminutas que parecen urticaria.

El problema que tiene la intolerancia es que puede aparecer repentinamente y desarrollarse en cualquier parte del cuerpo expuesta al sol durante un tiempo suficiente como para que se produzca una quemadura. “A pesar de que a medida que nos hacemos adultos nuestra piel aprende a defenderse, es durante la adolescencia y la edad adulta cuando se están diagnosticando más alergia al sol”, declara Combalía.

Si este verano notas que algo va mal en tu piel, “evita la sobreexposición al sol, enfría gradualmente tu dermis, hidrátate con abundante líquido y, en caso de presentar fiebre con malestar general, ingiere algún medicamento de uso común, como paracetamol”, aconseja el dermatólogo. No dudes en acudir al médico si “presentas fiebre superior a 38 grados o no puedes hidratarte de forma suficiente por vía oral. Y solicita cita en el dermatólogo si las áreas quemadas tienen ampollas”, concluye el experto.

Además, a partir de ese momento te tocará “usar una protección solar tópica intensa alta o muy alta, incorporar protección solar oral con antioxidantes, buscar la sombra y realizar exposiciones muy cortas y graduales, en horas de baja intensidad. De esta manera tu piel aceptará poco a poco la radiación solar de los meses más calurosos”, finaliza la experta.

El doctor Agustín Buendía, director de la Fundación Piel Sana de la AEDV, es concluyente con las consecuencias de tomar demasiado sol: “Cabe destacar que tanto la radiación ultravioleta UVB como la UVA inducen daño en la piel, dando lugar a un proceso fisiopatológico que juega un papel importante en el desarrollo de cáncer de piel y en el envejecimiento prematuro. Por tanto, evitar la quemadura es crucial, ya que el riesgo de melanoma en la edad adulta se duplica si en la infancia o adolescencia se sufrieron quemaduras”.

Gestos ‘beauty’ después del sol

Después de tomar el sol siempre debes cuidar tu piel, ya que “los efectos de su radiación son perjudiciales tanto a corto como a largo plazo. El eritema o quemadura solar es la consecuencia más inmediata de la exposición solar sin la protección adecuada, pero no es la única”, recuerda Rocío Franco, farmacéutica especialista en dermocosmética. A nivel facial los efectos del fotoenvejecimiento cutáneo son de aparición rápida: manchas, arrugas, tono apagado y flacidez; y en el cuerpo a corto plazo se reflejan en sequedad y enrojecimiento, y flacidez cutánea a medio plazo. De ahí que sea superimportante que trates tu dermis tras la exposición al sol, “con productos que tengan alta capacidad hidratante y propiedades reparadoras, especialmente si te hemos quemado”, añade la farmacéutica, quien también te regala estos consejos para después de un día de playa o piscina:

  • No es lo mismo un ‘body milk’ que un ‘after sun’, por lo que es mejor que uses un cosmético específico para después del sol, que esté especialmente formulado para reparar la piel tras su exposición y no solo hidratarla.

  • Fíjate en que tus cosméticos para después del sol proporcionen un efecto calmante, que reduzca la irritación de la piel (enrojecimiento y dolor).

  • Busca fórmulas con efecto refrescante, que te facilitarán tanto la bajada de temperatura como el nivel de inflamación de la piel.

  • Prioriza activos antiinflamatorios, como fitoesteroles, que te ayudarán a suavizar las molestias del eritema.

  • El sol produce una importante cantidad de radicales libres, que provoca fotoenvejecimiento. Por ello es importante que incluyas en tu rutina de belleza diaria antioxidantes, que neutralizan el daño provocado por los radicales libres.

  • Olvídate de depilarte, al menos durante unos días después de la exposición solar, ya que la piel estará muy sensible y el uso de cuchillas y/o cera puede empeorar la irritación. Y evita también la exfoliación facial y corporal.

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