Cómo Ryan Reynolds dejó atrás su fama de gafe y dio un giro a su carrera

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Ryan Reynolds está en la cima. El popular actor canadiense acaba de estrenar su nueva película en cines, Free Guy, y ha sido recibida por el público con los brazos abiertos, convirtiéndose en uno de los estrenos más taquilleros en Estados Unidos desde que comenzó la pandemia. Reynolds disfruta de las mieles del éxito desde que reinventara por completo su carrera gracias al éxito de Deadpool. Pero no siempre fue así.

Antes de interpretar al antihéroe de Marvel Comics, el actor tenía fama de veneno para la taquilla, encadenando un fracaso detrás de otro en una carrera en la que parecía imposible no levantar cabeza. Pero lejos de tirar la toalla, Reynolds continuó luchando por salir de su mala racha y en pocos años pasó de actor gafe a una de las mayores fuerzas comerciales de Hollywood. ¿Cómo lo hizo?

Ryan Reynolds como Guy en 'FREE GUY' (Alan Markfield © 2020 Twentieth Century Fox Film Corporation.  All Rights Reserved.)
Ryan Reynolds como Guy en 'FREE GUY' (Alan Markfield © 2020 Twentieth Century Fox Film Corporation. All Rights Reserved.)

Ryan Reynolds es el ejemplo vivo de que la perseverancia a veces da sus frutos. A sus 44 años, el actor originario de Vancouver se encuentra en el momento más dulce de su vida, tanto profesionalmente, disfrutando de su estatus como una de las estrellas más rentables del cine, como en lo personal, donde está casado con la también actriz Blake Lively -con quien tiene tres hijos-, una de las parejas más estables y queridas del firmamento hollywoodiense. Antes de Lively, Reynolds tuvo una relación con la cantante Alanis Morissette y estuvo casado dos años con Scarlett Johansson.

Reynolds dio sus primeros pasos como actor a principios de los 90 en series canadienses. Pronto dio el salto a Estados Unidos, donde empezó a aparecer en películas de corte juvenil como Aventuras en la Casa Blanca o Persiguiendo un sueño. Su primer papel destacado tuvo lugar en la alocada comedia universitaria Van Wilder: Animal Party. Durante la primera década de los 2000, Reynolds se convertiría en uno de los rostros habituales de la comedia gamberra en Estados Unidos, con títulos como 2 colgaos muy fumaos, Solo amigos o Hasta que la muerte los separe en su haber.

En estos años, su carrera también dio un giro hacia la acción y el thriller con films como Blade: Trinity, Ases calientes, Enterrado y La morada del miedo, tras lo cual interpretó por primera vez en 2009 a Wade Wilson, más conocido como Deadpool, que hizo su debut en la película X-Men orígenes: Lobezno. Sin embargo, dicha película no fue bien recibida y su personaje cayó en el olvido… temporalmente. Con el spin-off de Lobezno, Reynolds entraba en una etapa negra empañada por varios fracasos consecutivos de alto perfil que le granjearon la fama de actor maldito.

Sin duda, Green Lantern (Linterna verde) fue el batacazo más sonado de su carrera. Tras su paso por X-Men, el actor volvió a intentarlo en el cine de superhéroes con la propiedad de DC, en la que Warner Bros. invirtió un elevado presupuesto de aproximadamente 200 millones de dólares. Su recepción fuertemente negativa y su fracaso en taquilla cancelaron los planes de secuela, dejando a Reynolds marcado por el fiasco. Y por si eso fuera poco, dos años después, otra superproducción protagonizada por él, R.I.P.D. Departamento de Policía Mortal, volvía a pegársela en la box office.

Reynolds no levantaba cabeza, pero entonces una segunda (o tercera, o cuarta) oportunidad cayó sobre su regazo, y el actor la aprovechó. Vaya si la aprovechó. 20th Century Fox decidió recuperar al personaje de Wade Wilson para lanzar un nuevo spin-off del Universo X-Men centrado en Deadpool, y contó de nuevo con él para interpretarlo, permitiéndole conjugar su experiencia en comedia y acción en un vehículo hecho a su medida.

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Este Deadpool era muy distinto al que conocimos en la película de Lobezno, más irreverente, más violento, más divertido, una versión salvaje y para mayores de 18 años que hacía la peineta a las reglas que había impuesto la más familiar Marvel Studios desde Disney. La película se estrenó en 2016 con un éxito apabullante en todo el mundo, redibujando con éxito al personaje y relanzando la carrera de Reynolds, que en los siguientes años alcanzaría la estratosfera. Lo que viene siendo una remontada épica.

Deadpool no solo le ayudó a recuperarse de sus anteriores fracasos, sino que gracias a ella impuso un estilo y una voz personal que sería esencial en sus próximos trabajos y en su impresionante escalada en Hollywood. Desde entonces, Reynolds no solo actúa en sus películas, sino que también si involucra creativamente en ellas para imprimirles su sello, un estilo reconocible con el que ha encontrado la fórmula del éxito.

Más allá de Deadpool y su secuela, el actor ha triunfado con otra comedia de acción, El otro guardaespaldas (que también tuvo segunda parte), la cinta de Michael Bay para Netflix 6 en la sombra (una de las más vistas de la plataforma) y en menor medida, Pokémon: Detective Pikachu, donde ponía voz y movimiento al pequeño personaje amarillo, convirtiéndolo en una especie de Deadpool Jr.

Ahora, Reynolds se encuentra inmerso en la escritura de la tercera entrega de Deadpool, que por primera vez formará parte del Universo Marvel del Capitán América y Spider-Man gracias a la compra de Fox por parte de Disney. Dice mucho que de cara a los medios y el público sea el actor (y no el director o los guionistas) la principal fuerza creativa del proyecto, pero tiene sentido teniendo en cuenta que su aportación personal ha sido clave en el triunfo de sus últimas películas, y en especial del Mercenario Bocazas de Marvel.

Su estreno más reciente, Free Guy, que llegó a las salas españolas el pasado 18 de agosto, es un ejemplo perfecto de esto. La película es una comedia de acción y ciencia ficción protagonizada por un cajero del banco que descubre que es un personaje no jugable en un videojuego y se embarca en una aventura para ayudar a una jugadora del mundo real (Jodie Comer) a derrotar al creador del juego, que le robó su software. Pues bien, la película es 100% Reynolds, un trabajo donde su voz queda muy patente en todo momento; ese humor autoconsciente, ese carisma de andar por casa, esa simpatía cercana pero irreverente que tanto gusta al público. En resumen, Free Guy tiene el toque mágico Reynolds.

Y parece mentira que estemos hablando de su buen ojo para levantar proyectos, cuando hace unos años hablábamos de su mal de ojo para enterrarlos. Pero así es como Ryan Reynolds ha dado un vertiginoso giro de 180 grados a su carrera. Y atención, porque con Deadpool 3 en desarrollo, otra aventura de ciencia ficción con el director de Free Guy (Shawn Levy) en marcha, The Adam Project, y el ambicioso thriller de Netflix Red Notice, con Dwayne Johnson y Gal Gadot, tiene asegurado su lugar privilegiado en la mesa de Hollywood durante mucho más tiempo.

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Hace apenas cinco años, Ryan Reynolds parecía abocado a una carrera de proyectos de segunda fila, pero desde que Deadpool lo catapultara a la fama mundial, el actor ha protagonizado una de las reinvenciones más sorprendentes del cine. Y no solo eso, su éxito entre el público no se debe únicamente a sus películas, sino también a que ha sabido explotar su carisma, su sentido del humor, sus amistades famosas (Hugh Jackman, Chris Evans) y su admirada relación con Blake Lively -con la que suele deleitar en redes sociales con bromas geniales a costa el uno del otro- para construir todo un universo propio lleno de momentos virales divertidos.

Reynolds cae muy bien y se le da genial hacer promoción, aprovechando su tirón con la audiencia para realizar buenas campañas de marketing para sus estrenos. En otras palabras, desde que nos conquistara como Deadpool y en cierto modo se convirtiera en una extensión del personaje en la vida real, Reynolds ha sabido venderse como nadie y el público ha caído rendido a sus pies, comprando todo lo que nos quiera ofrecer. Lo suyo es imparable.

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