Rose Byrne: el éxito de la anti-estrella de Hollywood

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Photo credit: Katrina Marcinowski - Apple
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Australia le ha dado a Hollywood algunas de las estrellas vivas más fulgurantes. Nicole Kidman, Hugh Jackman y Cate Blanchett proceden del país oceánico. De allí también es Rose Byrne, pero nadie diría que ella es una estrella. A pesar de que algunas de sus películas han sido verdaderos taquillazos y ha protagonizado varias series de prestigio, y aunque forma con Bobby Cannavale una de las parejas sentimentales más establecidas de Hollywood. Byrne ha conseguido, de alguna forma, ser una actriz de éxito sin que los paparazzi la persigan y sin ser asediada por fans que le piden autógrafos y selfies. “La mitad de las veces [que me paran por la calle] es porque creen que soy otra persona. Me han confundido con todo el mundo desde Emmy Rossum a Emma Watson”, le contaba a Interview Magazine.

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Si hubiera un manual que dictara los pasos a seguir para triunfar en Hollywood seguramente descubriríamos que Byrne los ha dado todos. Ha participado en superproducciones de fantasía (‘Star Wars: Episodio II - El ataque de los clones’, ‘X-Men: Primera generación’, ‘X-Men: Apocalipsis’), en algunas de las mejores películas de terror o las más taquilleras (’28 semanas después’, la saga ‘Insidious’), en comedias muy exitosas (‘Espías’, ‘La boda de mi mejor amiga’, la saga ‘Malditos vecinos’) y en épicas aventuras de época (‘Troya’). Ha trabajado con autores como Sofia Coppola (‘María Antonieta’) y Derek Cianfrance (‘Cruce de caminos’) y ha encarnado un papel icónico de la televisión (en ‘Daños y perjuicios’, por la que fue nominada a dos premios Emmy y dos Globos de Oro). Entre sus premios está la Copa Volpi del Festival de Venecia. Tiene carisma y belleza (FHM Australia la situó en 2006 como la 16ª mujer más sexy del mundo), y cuando visita los late shows hace reír al público confesando con naturalidad que no entendió la cronología de ‘Star Wars’ hasta hace unas semanas a pesar de haber trabajado dentro de la saga.

Entonces, ¿por qué no está el nombre de Rose Byrne a la altura de otros como Jennifer Lawrence o Tom Holland, actores que han trabajado mucho menos que ella y llevan menos tiempo en la industria? Probablemente porque ella misma ha hecho todo lo posible por evitarlo. Algo así le dijo a S Moda: “Llevo tanto tiempo en esta industria, he visto todos sus lados, oído muchas historias, fracasos, éxitos… Tienes que seguir trabajando y trabajando con la cabeza baja”.

De Australia a Hollywood (con escala en Londres)

Byrne nació a finales de los años 70 en Sydney, más concretamente en el barrio de Balmain, una zona de puertos que ha descrito como un ambiente artístico y bohemio durante su infancia. “Ahora se ha gentrificado mucho. Era una zona de clase obrera, con pubs en todas las esquinas porque está justo al lado del agua y muchos de los que estaban en barcos y botes iban a beber ahí. Ahora es muy pijo”. Un poco como la Malasaña de Sydney.

A los ocho años se apuntó a clases de interpretación, algo que sus padres apoyaron porque, aunque eran ajenos a todo ese mundillo, pensaron que le vendría bien para curarle la extremada timidez. Cinco años después se estrenaba profesionalmente en ‘Dallas Doll’, su primer papel en una película. Después trabajó en la serie ‘Echo Point’, ganando una exposición que la convirtió en objetivo de atención y burlas en el instituto. “La gente se reía de mí y me tiraba cosas, y todo eso que los adolescentes hacen”.

¿Qué hizo? Claro: seguir trabajando con la cabeza baja. Al acabar el instituto intentó entrar en una escuela de Arte Dramático, pero la rechazaron. “Estaba devastada. Durante un tiempo no sabía qué hacer”, recuerda. Así que acabó estudiando literatura inglesa y estudios de género en la Universidad de Sydney. Pero no acabaría la carrera: a los 20 años se alejó de los estudios para trabajar en la película ‘Two Hands’, protagonizada por Heath Ledger. (Ese mismo año se pasó por cuatro episodios de ‘Los rompecorazones’, la serie australiana que aquí emitía La 2 y muchos recordamos con cariño.)

Photo credit: Distribuidora
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Al año siguiente tuvo su primer papel protagonista en el cine, en ‘La diosa del asfalto’. Esa interpretación le hizo ganar la Copa Volpi en Venecia, consideración que la pilló tan desprevenida que cuando lo anunciaron ya había abandonado el festival para irse al de Toronto. “Me da mucha vergüenza no haberme quedado. Recibí un e-mail cuando llegué aquí y simplemente no me lo podía creer”, contó al respecto. ¿Puede haber una actitud menos de estrella?

De protagonista de una pequeña película a casi figurante en una gran superproducción. Su primera película en Hollywood fue nada menos que ‘El ataque de los clones’, donde interpretaba a Dormé, una de las acompañantes de Padme (Natalie Portman). Tal y como está la cosa ahora, cualquier día acaba protagonizando una serie en Disney+ retomando el personaje, que no tenía más que un par de líneas.

Photo credit: Disney+
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Su carrera en Hollywood fue despegando poco a poco. Estuvo visitando Los Ángeles desde los 18 años, aunque tardó en asentarse allí. Precisamente Heath Ledger, su amigo desde que compartieron pantalla en ‘Two Hands’, le echaba una mano a menudo. “Es una ciudad abrumadora, pero tenía amigos. Heath era un muy buen amigo”, le contó a The Sydney Morning Herald. “Habíamos hecho una película juntos y fue increíblemente generoso. Se hizo cargo de mí y me echó una mano esos primeros años, siempre me acogía, me conseguía pruebas en sus películas y me dejaba quedarme en su casa”.

Donde se instaló, a los 25 años, fue en Londres, donde compró una casa con su hermana Lucy, que trabajaba por entonces en Penguin Books. Esa casa, de la que aún es dueña (por si pierde todo lo demás), está en el barrio de Hackney y está alquilada a día de hoy (hay alguien ahí fuera cuya casera es Rose Byrne). En Gran Bretaña disfrutó de algo que tienen en común los ingleses y los australianos: la afición por la bebida. “[Vivir en Londres] fue muy divertido. No hay una cultura de la bebida en Estados Unidos, no como en Gran Bretaña y Australia, así que me resulta muy familiar cuando vengo”, le dijo a la revista Red.

Su papel más importante

Por aquella época ya trabajaba en la primera línea de la industria: encadenó ‘Troya’ con ‘María Antonieta’ con dos películas estrenadas en 2007: ‘Sunshine’ de Danny Boyle y ’28 semanas después’, dirigida por el español Juan Carlos Fresnadillo. Pero ese mismo año le llegaría el papel más importante de su carrera, uno que la daría a conocer en todo el mundo y la establecería como una actriz dramática de prestigio: ‘Daños y perjuicios’, serie que coprotagonizaría junto a Glenn Close durante cinco temporadas.

Photo credit: FX
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Emitida en FX (al menos durante tres temporadas; la cadena la canceló al tercer año y tuvo dos tandas de episodios más en DirecTV), ‘Daños y perjuicios’ no era un drama legal al uso. Contaba la historia de una joven abogada, Ellen Parsons (Byrne) que cumplía su sueño de entrar en el gabinete de la abogada más legendaria de Nueva York, Patty Hewes (Close), solo para descubrir que Hewes era un verdadero monstruo. Una especie de ‘El diablo viste de Prada’ sin humor, más venenoso, tóxico y mortífero. Byrne se lució construyendo una evolución que convertía a la joven, ingenua e idealista Ellen Parsons en un tiburón cínico a la altura de su jefa. Y en lo interpretativo le plantaba cara a la legendaria actriz de ‘Atracción fatal’.

La serie le dio algo que no conocía hasta entonces y que pocos actores alcanzan a lo largo de sus carreras: estabilidad. Se instaló en Nueva York, donde vive desde entonces, y compaginó su trabajo televisivo con películas como ‘Adam’, ‘Señales del futuro’ e ‘Insidious’. Pero en algún momento le picó el gusanillo de la comedia. “Siempre me tomé muy en serio la interpretación. Quería ser una actriz seria. Y entonces me di cuenta de que quizá se me daba mejor la comedia”.

Actriz cómica por sorpresa

Su primer papel cómico fue en ‘Todo sobre mi desmadre’, trabajo que le costó conseguir. En un principio sus agentes no estaban convencidos de ese movimiento en su carrera. Su imagen de actriz grave y de peso estaba tan establecida que, según ella, muchos creían que era una amargada. “Estoy acostumbrada a que la gente me diga que parezco estar deprimida”, le confesó a The Guardian.

Pero se ganó su primer papel cómico (sacando carcajadas de los que estaban en su prueba de casting) y poco después se asentó en ese género coprotagonizando ‘La boda de mi mejor amiga’. En la exitosa película de Paul Feig se “batió en duelo” con algunas de las más grandes del humor contemporáneo: las integrantes de ‘Saturday Night Live’ Kristen Wiig, Maya Rudolph y Melissa McCarthy. Dicen que una de las escenas más descacharrantes de la película, en la que Byrne y Wiig se pelean por demostrar cuál es la mejor amiga de Rudolph, fue en gran parte improvisada. De hecho Seth Rogen, su marido en ‘Malditos vecinos’, dice que tiene una gran capacidad para la improvisación. En 2014, The Hollywood Reporter la llamó “la actriz de reparto de comedia más demandada”.

Photo credit: Universal Pictures
Photo credit: Universal Pictures

Para ella, su giro hacia la comedia no era sino una evolución lógica. Fan desde pequeña de series como la británica ‘Fawlty Towers’ y ‘Seinfeld’, asegura que su familia nunca fue de tomarse en serio a sí misma, una característica inherentemente australiana. “Siempre quise hacer comedia. Vengo de una familia que se ríe mucho y los australianos tenemos un sentido del humor muy sano. Pero las primeras cosas que hice en Estados Unidos fueron muy densas y dramáticas, así que me costó un poco convencer a la gente que podía hacerlo”.

Con ‘La boda de mi mejor amiga’ aprendió como mínimo dos lecciones. La primera: una comedia tienes que verla con público. “Fui a una proyección en la que solo había publicistas y periodistas, y todo el mundo estaba mirando al teléfono todo el rato y nadie se estaba riendo salvo un par de tipos en las primeras filas. Salí de ahí pensando: ‘Vale. A nadie le gusta esta película’”.

La segunda: que el cliché de que las mujeres no son graciosas está muy extendido, algo que quedó claro en la gira de promoción y en el centenar de entrevistas que el reparto hizo antes del estreno. “Creo que ser gracioso conlleva una autoridad que a la gente le cuesta darles a las mujeres en general. El poder para hacer una broma, para tener el colofón gracioso, puede ser muy competitivo y atraer una energía muy masculina. Creo que en muchas comedias comerciales estadounidenses las mujeres siempre son las de la bajona. Esas películas son un poco misóginas”.

Quizá por ello a mucha gente le sigue sorprendiendo que Rose Byrne sea graciosa, aunque su carrera ya lleva más años dentro de la comedia que fuera. Algo que se ha notado en su relación con los premios: aunque tiene una Copa Volpi y fue nominada en los Emmy y los Globos de Oro por ‘Daños y perjuicios’, no ha vuelto a sonar para ningún gran premio desde hace unos 15 años (aunque sus papeles en ‘Mrs. America’ y ‘Physical’ bien lo valen).

Madre, productora y currante

Eso sí, ella sigue trabajando y trabajando con la cabeza baja. Ha fundado una productora liderada por mujeres, The Dollhouse Collective, que ha estrenado en el Festival SXSW en 2022 su primer largometraje, ‘Seriously Red’, en el que Byrne interpreta un papel. Inspirada por la experiencia como productoras de Reese Witherspoon, Nicole Kidman y Drew Barrymore, la actriz se juntó con otras mujeres australianas (Krew Boylan, la directora Shannon Murphy, la guionista y directora Gracie Otto y la productora y publicista Jessica Carrera) para impulsar historias creadas por y para mujeres, porque a los 36 años constató que sobre todo le llegaban papeles de esposa, madre o amiga. “Aún leo muchos guiones en los que pienso: ‘¿Sabes qué? Preferiría interpretar el papel del hombre’”.

Photo credit: Amanda Stronza - Getty Images
Photo credit: Amanda Stronza - Getty Images

Ahora vive en Brooklyn, que considera su hogar, con Cannavale y dos hijos. Le gusta tanto ser madre que tiene miedo a ser un cliché. Adora ir de compras y se ha enamorado de Acción de Gracias, esa celebración que no tenía en Australia. Suele acostarse a las 20:45h. Es tan normal que en muchas entrevistas destacan precisamente esa cualidad. En Red la definieron como “notablemente no brillante”.

No, Rose Byrne no es una estrella. Ella es una mujer normal, que no se toma demasiado en serio a sí misma, y a la que le gusta trabajar en lo suyo. “No me gusta hablar de mí misma. Me gusta hablar de mi trabajo pero no me interesa revelar todo sobre mí”, le dijo al Telegraph. “No es que haya mucho que saber, de todos modos”. A Hollywood le iría mejor si hubiera más Rose Byrnes allí.

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