Romy Schneider, la musa de Chanel

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Photo credit: McCabe - Getty Images
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El 29 de mayo de 1982 aparecía muerta en su apartamento de París la actriz Romy Schneider. Con solo 43 años pero casi 50 películas a sus espaldas, la bellísima actriz dejaba atrás una vida de amores y tragedias que superaban a sus propias películas.

La Cinématheque francesa rinde homenaje a la intérprete con motivo del 40 aniversario de su muerte y en el Festival de Cannes se estrena 'Romy, una mujer libre', documental que no solo repasa su vida, sino que insiste en su carácter vulnerable y libérrimo.

Romy Schenider (Rosemarie Magdalena Albach 1938 -1982) nació en el seno de una familia de artistas. Sus padres, Wolf Albach-Retty y Magda Schneider, también era actores y seguramente de ellos heredó parte de su talento y belleza, o fotogenia, porque la actriz en un momento de desarmante franqueza, confesaba a un periodista: "¿Conscientes de mi belleza? Qué exageración, Si acaso fotogénica, mi padre siempre decía que yo era fotogénica". La realidad es que Romy sintió desde siempre la vocación y quiso seguir la estela familiar. Curiosamente, su abuela fue la actriz favorita del imperio austro-húngaro. Un guiño del destino, un adelanto al que sería su papel estelar, el de Sissi Emperatriz. Con solo 16 años Romy encarnó la novelesca vida de la princesa en varias películas cuya fama (y también estigma) nunca llegaría a superar.

Photo credit: Keystone-France - Getty Images
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Pero sería injusto recordarla por solo ese papel. Grandes del cine como Orson Welles, Visconti o Alain Delon pasaron por su vida, y de la imagen naif de esa niña prodigio surgió una mujer madura y sensual que interpretaba todo tipo de papeles.

Con Alain Delon formó una de las parejas más icónicas del cine, aunque sus comienzos fueron lo contrario a un flechazo. El fue a recoger a la actriz al aeropuerto durante el rodaje de Christine (1958) y la impresión que se causaron mutuamente no pudo ser peor. En ese momento Romy ya era una estrella y Delon solo un debutante. Pero pronto surgiría el amor y la actriz llegó a dejarlo todo y a subirse a un avión para estar junto a él (recalco lo de sola y con 20 años porque estamos en los años 50, de nuevo Romy pura rebeldía). Juntos se subieron al escenario en la obra Lástima que sea una puta, que se representó en París en el momento álgido de la pareja.

La relación se rompió cuando a Romy le surgió la oportunidad de alcanzar 'el sueño americano' pero supieron mantener esa buena conexión que luego quedaría patente en La Piscine.

Photo credit: ullstein bild - Getty Images
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El star system americano no convenció a Romy, que volvió a Europa y se refugió un tiempo junto a sus padres. Fue entonces cuando conoció a Henri Meyen, un hombre casado y mayor que ella, del que se enamoraría profundamente y con el que tendría un hijo. Años felices llegaron para Romy, que nunca perdió de vista su vocación ni su ritmo de trabajo. La actriz llegó a rodar veces 3 o 4 películas al año, consiguiendo una prolífica carrera en la que se llevaría dos veces el premio César; el primero en 1974 por Lo importante es amar , con una actuación que los expertos en cine definen como la mejor de su carrera, y el segundo en 1978 por Une histoire simple.

La belleza y la tragedia la acompañarían siempre; con su segundo marido, Daniel Biasini, perdió un hijo antes de nacer. Y en 1981, la fatalidad llegaría a su vida con el accidente de su hijo David, de 14 años, que murió intentando saltar la verja de su casa. Romy nunca se recuperaría de este durísimo golpe. La prensa tampoco ayudó. En su última película Testimonio de mujer. Romy pidió que apareciera la dedicatoria: “Para David y su padre”. Este último se había suicidado en 1979.

Esta tragedia marcaría el declive de la actriz, que acabó sus días sumida en una depresión que le llevaría a la muerte a la edad de 43 años. Nunca se aclararon las circunstancias pero algunos datos apuntan a un tipo de miocardio conocido como el 'síndrome del corazón destrozado' que puso final a una vida de luces y sombras.

Hoy la recordamos como una figura imprescindible del cine, y una mujer con un estilo impecable que encarnaría como nadie los diseños de Coco Chanel y el estilo de la jet set de los 60.

Musa de Chanel

Photo credit: Sunset Boulevard - Getty Images
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En la película Bocaccio 70 lució los diseños de Gabrielle Chanel y rompió definitivamente con aquella imagen de niña cándida. La intérprete llegó a confesar que Gabrielle Chanel ' le había enseñado todo' y sin duda, fue una de las personas más influyente de su vida junto con Lucciano Viconti que la lanzó al estrellato y Alain Delon, su gran amor.

Photo credit: Sunset Boulevard - Getty Images
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Burgois Burguese

Encarnó como nadie el estilo aburguesado francés; perlas, trajes de tweed, canotiers y minivestidos negros. Una imagen imagen impecable bajo la que escondía una personalidad libre y marcada, la esencia misma del estilo burgeois burguese de una librepensadora de la Rive Gauche que nunca deja atrás su bolso 2.55. Aunque no lo olvidemos, Romy, aunque parisina de pro, había nacido en Austria.

Photo credit: Louis GOLDMAN - Getty Images
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Photo credit: ullstein bild Dtl. - Getty Images
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Con un abrigo en tono pastel, el actual butter yellow y diadema coronando su melena siempre perfectamente peinada.

Photo credit: Moore - Getty Images
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La Piscine

Sus looks en la película La Piscine, de Jacques Deray que protagonizó con Alain Delon y Jane Birkin, otro icono de estilo, marcarían cada verano el estilo que no pasa de moda.

Photo credit: Sunset Boulevard - Getty Images
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Con con vestidos túnica, pañuelos a la cabeza o minivestidos de lino, Romy es la imagen de un eterno y feliz verano.

Photo credit: Sunset Boulevard - Getty Images
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Epítome de lo cool

Sus looks sencillos con vaqueros y camisa, sus manos sosteniendo un cigarro, las imágenes de una joven Romy abrazada a Alain Delon... Las fotografías de la actriz en los 60 y 70 nos lleva a un glamour extinto de aquella jet set. Los paparazzi la perseguían pero ella solo quería vivir tranquila e interpretar. Su trágica vida y belleza atraían como atraen las chicas tristes. "No hagan fotos por favor, soy una actriz". Esa frase con la que comienza la película Lo importante es amar, se diluye entre el guión y su propia vida.

Photo credit: Gianni Ferrari - Getty Images
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Con Alain Delon formó una de las parejas más icónicas del cine. Sus fotos juntos, tan guapos, tan jóvenes, tan despreocupados... siguen siendo inspiradoras. Incluso lo son más las de su reencuentro para rodar la Piscine, cuando ya no eran pareja pero la complicidad entre ellos era innegable.

Photo credit: Sunset Boulevard - Getty Images
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De negro, con turbante y collares largos. Romy parece una extensión del estilo Chanel en versión ultra sofisticada. Una imagen fuerte que le sirvió para enfrentarse a sus orígenes. En esta ocasión, la actriz concedía una entrevista a la televisión alemana en la que hablaba de su rodaje Le Train, película en que interpretaba a una judía alemana. Romy, cuyos abuelos fueron cercanos al régimen nazi, se redimía ante su pasado.

Photo credit: Peter Bischoff - Getty Images
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Con su marido Daniel Biasini, en una noche de glitter y champagne.

Romy se enamoró de él a los 36 años, un auténtico flechazo y un amor bajo el que ella se sentía protegida. Recientemente, un periodista le había preguntado "Tengo la impresión de que usted sufre en el escenario tanto como en la vida, ¿no es así?". Con Biasini, la actriz había encontrado un refugio.

Photo credit: ullstein bild - Getty Images
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Junto a él y su hijo pasaría veranos de felicidad, sin maquillaje, sin paparazzi, libre. Romy y un eterno verano feliz, así la recordaremos.

Photo credit: charles biasini - Getty Images
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