El romance secreto entre Jane Seymour y Christopher Reeve fue realmente de película

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Como una verdadera telenovela. Así fue el amor que compartieron Jane Seymour y Christopher Reeve hace más de 40 años, enamorados en secreto y viviéndolo apasionadamente mientras rodaban el drama romántico En algún lugar del tiempo. Él había tocado la cima de Hollywood dos años atrás con el éxito de Superman, mientras ella era más conocida entre el público como la chica Bond de Vive y deja morir (1973) junto a Roger Moore.

Lo que vivieron se podría definir como el típico romance de verano juvenil: libre, sin ataduras pero soñador. De esos que se viven intensamente pero llegan a su fin ante los primeras señales del otoño. Sin embargo, el final de esta historia de amor no fue culpa del regreso a la vida real, sino una noticia que nadie se esperaba.

La actriz Jane Seymour y el actor Christopher Reeve se toman un descanso en el rodaje de la película 'Somewhere In Time' en el Grand Hotel de la isla Mackinac, Michigan en mayo de 1979. (Photo by Eddie Sanderson/Getty Images).
La actriz Jane Seymour y el actor Christopher Reeve se toman un descanso en el rodaje de la película 'Somewhere In Time' en el Grand Hotel de la isla Mackinac, Michigan en mayo de 1979. (Photo by Eddie Sanderson/Getty Images).

En algún lugar del tiempo fue una película de 1980 basada en una novela de Richard Matheson, el genio de los relatos de ciencia ficción estadounidense autor de clásicos como Soy leyenda oEl hombre menguante, entre tantos otros. En esta historia, Reeve interpretaba a un dramaturgo llamado Richard que en el año 1972 recibía la extraña visita de una anciana que le entregaba un reloj y le pedía que regresara a ella. Sin embargo, el tiempo pasa y un día, durante su hospedaje en un hotel, se queda fascinado con el cuadro de una actriz de principios del siglo XX. Al investigar sobre ella, descubre que es la misma anciana que le entregó el reloj, derivando en una obsesión que lo lleva a viajar en el tiempo a través de la hipnosis, viviendo un romance intenso con ella en el año 1912.

Jane Seymour dio vida a esa joven actriz con quien vive una historia de amor intensa pero imposible, dado que Richard de repente se distrae con una moneda de 1979 que guarda en un bolsillo y rompe la hipnosis, desapareciendo de su vida para siempre.

Según contó la propia actriz, Christopher Reeve la escogió personalmente después de hacer la prueba de casting junto a otras 12 actrices. Y lo que vivieron, en sus palabras, fue “mágico”. Como el rodaje tenía lugar en el Grand Hotel de la isla Mackinac en Michigan, estaban prácticamente aislados de la vida real. Embriagados por la historia de amor y de época que interpretaban, se dejaron llevar por la química generada en el set y el aislamiento que les brindaba el lugar, para permitir que el amor fluyera a borbotones. Y como la isla tiene prohibido el uso de vehículos, se movían en bicicletas, paseando por el lugar con la libertad de las dos ruedas. “El tiempo se detuvo. Todo era más lento. Todos pudimos pasar el rato. Casi como un campamento de verano” dijo Jane Seymour en una entrevista a Ability Magazine hace tiempo.

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Reeve, que tenía licencia como piloto, había llevado su avioneta hasta el lugar y aunque era ilegal que volaran solos, se escabullían a las 5 de la madrugada cuando todavía no había amanecido. Montaban sus bicicletas hasta el aeropuerto, las dejaban bajo un árbol y se iban a volar a solas. Y así, entre dos personajes enamorados y aventuras espontáneas, nació el amor. “Fue un verano mágico. Jamás lo he olvidado” resumió Seymour en la entrevista mencionada.

Y así, el eterno Superman y la actriz que se ganaría nuestros corazones como la doctora Quinn años más tarde, se dejaron llevar. Estábamos literalmente locamente enamorados” sentenció Jane Seymour recientemente en el festival TMC Classic Film Festival (vía EW). “Cuando ven esta película ven algo real. Pero no dejamos que nadie lo supiera, solo unas pocas personas que trabajaban en la película lo descubrieron, pero fuimos tan sutiles como pudimos”.

Pero entonces la vida sacudió los cimientos de ese romance que estaban formando porque la exnovia de Christopher Reeve, Gae Exton, estaba embarazada.

La relación terminó el mismo día que Reeve conoció la noticia que, a su vez, fue el mismo día que debían rodar la escena en que Elise pierde a Richard para siempre en la película. Al llegar al set, Seymour recibió la comunicación de que su compañero necesitaba hablar con ella y entonces le hizo la revelación. “Iba a tener un bebé, su exnovia no se lo había dicho, pero ella acababa de anunciarlo al mundo”.

Para Seymour fue un jarro de agua fría que incluso quedó captado para la posteridad en la película. Y es que después de revelarle la noticia tuvieron que rodar la secuencia en que la pareja hace el amor apasionadamente para luego vivir le la separación abrupta. “Me tuve que poner los pantalones de adulta […] Cuando veo esa escena, puedo ver las lágrimas queriendo brotar de mis ojos. Yo solo me repetía ‘no puedes llorar, no puedes llorar, no puedes llorar. Elise está muy feliz ahora mismo”.

Al momento de iniciar el rodaje ambos estaban solteros y sin ataduras. Y solo con leer las descripciones que fue haciendo Jane Seymour en diferentes entrevistas podemos imaginarlos como si fuera una telenovela de tarde en toda regla. Montando en bicicleta bajo la luz de la luna, escabulléndose para ver el amanecer desde el aire mientras vivían el romance con la intensidad añadida que aporta el secretismo, para luego romper la ilusión con un golpe de realidad.

Exton, que era una ejecutiva que trabajaba en el mundo del modelaje, se había quedado embarazada del primer hijo de ambos, Matthew Exton Reeve, justo antes de la ruptura. El actor volvió con su ex y reanudaron la relación, teniendo un segundo bebé, Alexandra, en 1983 aunque se separaron amigablemente cuatro años más tarde.

A pesar de la ruptura inesperada tras vivir un romance tan mágico ambos lograron transformar ese amor en una amistad eterna. Siguieron siendo grandes amigos durante el resto de sus vidas hasta la muerte de Reeve en 2004 a los 52 años a raíz de un ataque cardíaco, consecuencia del deterioro que su organismo estaba sufriendo desde el accidente de equitación que lo dejó sin movilidad física en 1995.

Jane Seymour y Christopher Reeve durante la gala 'Celebrity Sports Invitational Awards Dinner And Auction To Benefit The American Paralysis Foundation' en el Resort Westin Rio Mar Beach en San Juan, Puerto Rico. (Photo by Ron Galella/Ron Galella Collection via Getty Images)
Jane Seymour y Christopher Reeve durante la gala 'Celebrity Sports Invitational Awards Dinner And Auction To Benefit The American Paralysis Foundation' en el Resort Westin Rio Mar Beach en San Juan, Puerto Rico. (Photo by Ron Galella/Ron Galella Collection via Getty Images)

Ambos se mantuvieron muy cercanos el uno al otro, hasta el punto que el hijo menor de Seymour se llama Kris en honor a Christopher Reeve que, además, fue su padrino. Incluso fueron amigos de sus respectivas parejas. Pero no fue hasta poco antes de morir que Reeve contó la historia a sus hijos. Así lo compartió la actriz, asegurando que en esos últimos días tuvieron una larga conversación, contándole que todos habían recibido bien la revelación. “Fue una relación mágica, de verdad, hasta el día que lo perdimos. Tuve largas conversaciones sobre la vida con él. Había un lado bueno, si es que se puede ver un lado bueno a su discapacidad, y es que tenía todo el tiempo del mundo para pensar y realmente expresarse. No tenía tiempo para tonterías. Hablaba en profundidad de todo tipo de temas, así que era una persona maravillosa con la que hablar. Era brillante y gracioso”.

Seymour llegó a adaptar su casa con rampas para que su amigo pudiera visitarla en su silla de ruedas, e incluso terminó involucrándose en la fundación del actor y su esposa Dana, dedicada a buscar tratamientos y cusa para la parálisis causada por lesiones de la médula espinal y otros trastornos neurológicos.

Reeve tuvo tres hijos, el tercero con su segunda esposa Dana, mientras Seymour tuvo cuatro retoños fruto de dos de sus cuatro matrimonios. Pero en el medio siempre mantuvieron ese amistad nacida de un amor de verano mágico e inolvidable.

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