Yalitza Aparicio cuenta que experimentó racismo incluso tras ser nominada al Óscar por 'Roma'

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La vida de Yalitza Aparicio cambió de la noche a la mañana tras protagonizar la película que rompió todos los esquemas de la temporada de premios de 2019: Roma, un largometraje en blanco y negro, rodado en español y mixtec (uno de los 68 dialectos que se hablan en México) y con una trabajadora del hogar indígena como centro de la historia. Y, para poner la guinda, era una apuesta de Netflix. A primera vista, lo tenían difícil para llegar a los galardones más prestigiosos de Hollywood, sin embargo, la calidad de la producción traspasó fronteras llegando a ser la gran favorita al Óscar de 2019.

Yalitza pasó de ser una campesina desconocida, aspirante a maestra de su comunidad, a fenómeno mediático y político tras haber interpretado a Cleo, un personaje que puso de relieve la discriminación sobre los aborígenes mexicanos, despertando en ella a una activista que incluso es embajadora de buena voluntad de la UNESCO para personas indígenas. Y sin tener experiencia como actriz. Sin embargo, no todo fue color de rosa.

Crédito: Instagram/alitzaapariciomtz
Crédito: Instagram/alitzaapariciomtz

En un ensayo escrito para The New York Times sobre la importancia del arte, la joven de 26 años recuerda el impacto que la película mexicana tuvo en su vida, cómo despertó la conciencia social en su país y abrió las puertas al camino para el cambio, pero también la discriminación que sufrió mientras el público aplaudía su trabajo.

Yalitza destaca que tras el estreno de Roma, la gente de mi país de repente estaba hablando de problemas que siempre habían sido tabú aquí -racismo, discriminación hacia comunidades indígenas y especialmente los derechos de las trabajadoras domésticas, un grupo que históricamente fue privado de sus derechos en la comunidad mexicana”.

Recuerda que hace cuatro años asistió al casting de Roma en su ciudad de Tlaxiaco, en Oaxaca, al sur de México, a pesar de que estuvo a punto de no hacerlo porque “la gente que veía en las pantallas de cine, los actores y actrices no eran nada como la gente que conocía, y sus historias se centraban en mundos muy lejanos al mío. Como adulto, estudié para ser maestra y no tenía pensamientos de ser actriz”.

Pero fue, con su hermana, y consiguió el papel de Cleo. El reconocimiento comenzó a llegar cuando la película inició su andadura por festivales del mundo. Certámenes de cine, premios, entrevistas, alfombras rojas, campañas publicitarias… todo ello le abrió el camino para que pudiera tener voz propia más allá del personaje, encontrando una vía para convertirse en una de las activistas más importantes de México para las mujeres y comunidades aborígenes. Pero mientras sus discursos, portadas de revistas y fotografías vestida de gala circulaban por el mundo, lo cierto es que eran una fachada de una realidad que seguía viviendo.

En el ensayo, Yalitza se sincera contando que siguió sufriendo discriminación incluso después de estar nominada al Óscar a la mejor actriz (que perdió contra Olivia Colman por La Favorita).

“Después de ser nominada, comenzaron a circular comentarios racistas en redes sociales. Los comentaristas cuestionaban por qué estaba nominada, haciendo referencias a mi origen social y étnico. Una mujer indígena no era digna representante del país, dijeron algunos” relata.

Confiesa que no fue fácil para ella leer y ser consciente de que ese tipo de opiniones racistas seguían haciéndole sombra, sin embargo, reconoce que a través de la existencia de esos comentarios es que comenzaron las “conversaciones reales”, llevando a que tomaran protagonismo en “discusiones que destacaron la importancia cultural y política de la diversidad en la sociedad, el arte y los medios de comunicación”.

Si hacemos memoria, recordaremos la entrega del personaje de Cleo a la familia para la que trabaja. Su tiempo libre es escaso, allí vive, limpia, cocina y cuida de la madre de familia, de sus problemas personales y sus hijos. Tanto que sus propias vivencias, Cleo las vive en silencio, completamente en segundo plano, por muy dolorosas que fueran. Un cuadro que ya vimos de forma más animada en producciones latinoamericanas. Un mensaje recurrente en telenovelas al que nunca se le dio mayor importancia. Pero en el caso de Roma el mensaje llegó y lo cambió todo.

Yalitza asumió el rol de representante del mensaje, dando charlas y discursos sobre los derechos de los indígenas mexicanas, y el 14 de mayo de 2019 llegó el cambio. Apenas unos meses después de la ceremonia de los Óscar, el Congreso del país aprobó de forma unánime una ley que reconoció a los dos millones de trabajadores domésticos mexicanos sus derechos de protección social, como tener un contrato de trabajo escrito y beneficios laborales como vacaciones remuneradas, paga extra de Navidad y días libres.

Al ver que el cambio era posible, Yalitza continúa con su misión intentando construir un mundo mejor – uno en donde no seamos juzgados por nuestra apariencia o encasillados para ciertos papeles, donde no estemos limitados por lo que vemos, leemos y oímos”. Ella quiere cambiar el mensaje de representación que la comunidad del cine envía, y pide que cuando no nos sintamos representamos por los personajes que vemos en la pantalla, entonces “nos levantemos y demandemos representación y no permitamos que otros critiquen nuestra cultura”.

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Imagen: Instagram/alitzaapariciomtz