Roger Federer prefiere pasar por cojo a mostrar su lado humano

Guillermo Ortiz
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MELBOURNE, AUSTRALIA - JANUARY 30: Roger Federer of Switzerland walks off court after losing the Australia Open men's singles semifinal match against Novak Djokovic (not seen) of Serbia in Melbourne, Australia on January 30, 2020. Djokovic advanced to final after beating Federer 3 to 0. (Photo by Recep Sakar/Anadolu Agency via Getty Images)
Photo by Recep Sakar/Anadolu Agency via Getty Images

Cuando, dos meses antes de la celebración del Open de Australia, Roger Federer insinuó que su recuperación de la rodilla no iba a suficiente buen ritmo, muchos nos quedamos de hielo. Si un año después de su lesión, la cosa iba tan mal como para borrarse con tanta antelación del único grande que ha ganado dos veces en los últimos ocho años, ¿qué pasaba de verdad con esa rodilla? De Federer sabemos que lleva desde febrero de 2020 con molestias y que se ha operado un par de veces, pero no tenemos un parte médico como tal, nos ha faltado información precisa de su evolución y así los meses han ido pasando entre vaguedades del tipo “pues ahora estoy un poco mejor”, “pues aún noto un poco de dolor”, sin que sepamos muy bien la gravedad exacta de la cuestión.

De hecho, las insinuaciones de noviembre tuvieron que matizarse poco después, y su equipo técnico declaró que, bueno, igual sí que daba tiempo al final... probablemente presionados por la propia organización del torneo que Federer ha ganado seis veces ante el miedo de perder patrocinios aún en negociación. Hasta navidades, Roger no confirmó definitivamente que no iba a participar en Australia y que quizá se podría plantear participar en Rotterdam o directamente en la primavera estadounidense Indian Wells-Miami... caso de que dichos torneos vayan a celebrarse y además en esas fechas, algo que no está nada claro. De hecho, perderse la gira oceánica, con su burbuja, su control absoluto de cada detalle y sus autoridades velando porque ningún Zverev se ande con chorradas, supone posponer la vuelta a las canchas sine die. Es fácil hablar de Roland Garros como si estuviéramos en 2005, pero ahora mismo es imposible saber si se celebrará Roland Garros ni si se jugará Wimbledon y mucho menos si habrá unos Juegos Olímpicos.

Como decía antes, muy mal tenía que estar la rodilla de Federer para arriesgarse a dar ese salto al vacío... y los aficionados se preocuparon con toda la razón del mundo. El asunto es que, al parecer, la rodilla no tenía nada que ver con la decisión. Según se filtró desde su entorno más cercano, Federer había decidido no participar en Melbourne por una cuestión puramente familiar. Según las palabras que abrieron todos los titulares: “Tengo 39 años, 20 Grand Slams, cuatro hijos y no me voy a pasar cinco semanas lejos de mi familia”. Federer, acostumbrado a viajar a los grandes torneos con toda su familia, a menudo padres incluidos, y un amplio equipo técnico, tendría que reducir mucho su séquito y es normal que no esté dispuesto a ello. La legislación australiana es muy estricta en todo lo que tiene que ver con el virus y por eso han conseguido prácticamente eliminarlo de su cotidianeidad. Ahí no hay atajos.

Desde luego, Federer tiene todo el derecho del mundo a quedarse en Dubai o en Basilea. Mucho más si coincide con una cierta sensación de que no es aún competitivo. Siendo realistas, si Federer llega algún día a ganar un vigésimo primer grande, lo más probable es que sea en Wimbledon, donde se quedó a un punto en 2019. Ahora bien, ¿por qué no lo dice abiertamente?, ¿por qué prefiere afirmar en público que no está recuperado de una lesión y filtrar en privado que la familia es ahora mismo su prioridad? Es curioso porque Federer no ha sido un tipo que haya regateado elogios a su vida privada. Siempre ha dejado claro que sus cuatro hijos -que se dice pronto- y su mujer son lo más importante y que toda decisión en torno a su futuro sería consensuada con Mirka, ¿por qué ahora prefiere pasar por cojo a mostrar su lado humano?

Es difícil contestar. De nuevo, puede que haya intereses económicos de por medio. Puede que la ATP o el propio Open de Australia prefieran vender que Federer quiere pero no puede a que directamente no quiere. Quizá lo consideraban un “reclamo” para que otros jugadores también se negaran a viajar y confinarse y pasar un test cada día, y por eso hablaron con el suizo para consensuar una versión alternativa. Imposible saberlo. Raro es que a estas alturas Federer se haya prestado a ello, desde luego, pero todo es posible dentro del secretismo que ha rodeado a esta ausencia desde su inicio. La duda, ahora, es, ¿exactamente qué va a disputar Roger durante la pandemia? En los torneos estadounidenses es probable que apelen también a burbujas estrictas porque ya estamos viendo en la NBA lo que pasa cuando no se hace así. ¿Se limitará a competir solo en torneos europeos y que pase lo que pase?

2021 será el año en el que Federer cumpla 40. Su retirada es inminente por una cuestión de edad, de competitividad, de lesiones y de familia. La pandemia no está ayudando, ni mucho menos. Probablemente, en su cabeza tuviera pensada una especie de despedida por el mundo en la que no podrían faltar los cuatro grandes, Basilea, Dubai, Roma, Halle, Indian Wells, Miami... y por supuesto los Juegos Olímpicos, la competición en la que conoció a su esposa allá por 2000. No está nada claro que eso vaya a ser posible en la situación actual. Tal vez, curiosamente, eso le anime a seguir un poco más, a esperar a que amaine y la normalidad sea algo más que un eufemismo. Mejor padre de familia que lesionado de gravedad, eso está claro. Por qué el mismo se empeñó en dar la imagen pública inversa tendrá una explicación, pero es difícil encontrarla.

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