Rodrygo pone la samba en el Bernabéu

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Zinedine Zidane volvió a confiar en el joven Rodrygo como titular, cumpliendo su cuarto partido consecutivo desde el inicio a sus 18 años, y el chico no le falló. Si ante el Betis se el vio retraído y no muy participativo, en su debut en un partido de Champions League en el Santiago Bernabéu, el brasileño fue un torbellino desde el primer minuto. Sabía que algo bueno estaba por llegar.

Firmó un doblete antes del minuto diez, y de haber lanzado el penalti que finalmente se quedó Sergio Ramos, podría haber pulverizado quién sabe cuantos récords: hat-trick en 15 minutos, en su debut en el coliseo blanco, con sólo 18 años...

Rodrygo no lanzó el penalti que significó el 3-0 contra el Galatasaray, pero él siguió a lo suyo. Mordiendo, bailando, sonriendo.


Antes del descanso le birló un saque de banda a los turcos y puso un pase medido al corazón del área pequeña para que anotara Benzema. El francés lo celebró como si el gol fuera del ex del Santos, y eso que significaba su número 49 en Europa con el Real Madrid, con el cual empataba al legendario Alfredo Di Stefano.

Pero el delantero francés acabaría haciendo algo mejor que celebrar la asistencia del brasileño. El veterano delantero devolvería una pared perfecta en el minuto 92 de partido para que Rodrygo, con toda la tranquilidad del mundo, tocara de puntera por debajo de Fernando Muslera para firmar, finalmente su hat-trick.

No hubo récord de ningún tipo, pues Raúl —un jugador con quien al brasileño ya están comparando en el club y en la prensa— era 100 días más joven que él cuando le marcó tres goles al Grasshopper suizo en 1995; bestial. Pero a Rodrygo pareció importarle poco. Celebró su tercer gol como los otros dos, como si esto fuera un día más en la oficina. Ese sentido funcionarial del fútbol y del gol era quizás lo que le faltaba al Real Madrid desde que se fue Cristiano Ronaldo a la Juventus

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Se han cumplido dos semanas desde que Rodrygo debutara como titular en el Real Madrid y la mejor noticia no son sus goles —que son muy bienvenidos— sino la alegría que imprime al juego del equipo cuando está en el campo.

Sus compañeros confían en él, algo importantísimo para un chico de 18 años que está empezando. Pero es que si existe esa confianza es porque el brasileño se lo ha ganado. Su juego no ofrece dudas, pues aunque sea joven es arriesgado, valiente y ganador. No se pierde en florituras innecesarias, ni juega para la grada. Será por eso, por no desentonar, que casi ni celebra los goles que marca.

Su cara denota una seriedad inaudita en todo lo que hace, de mucha concentración, pero eso no quita que su fútbol se divertido, diferente. Su forma de ser contrasta con la Vinicius Jr., mucho más extrovertido el carioca, todo sonrisas, siempre buscando la cámara. A la vez, también es mucho menos efectivo que su amigo Rodrygo. Pocas veces hemos podido comprobar la famosa dicotomía brasileña Sao Paulo (Rodrygo) - Rio de Janeiro (Vinicius) de una manera tan clara en un mismo equipo europeo.

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El brasileño volvió a disputar los 90 minutos del partido y dejó claro que no es una figura efervescente. Su fútbol es constante, oportuno, es un jugador necesario para el equipo, que cuando no está con el balón en los pies seguramente está trabajando para el grupo. Se esfuerza en defensa, cubre las subidas de Dani Carvajal y apoya en la presión a Benzema. Trabaja tanto que no paró hasta que encontró su tercer tanto ya en el tiempo de descuento.

Más allá de Fede Valverde, que también parece totalmente asentado en el equipo, Rodrygo es la mejor noticia de lo que llevamos de temporada para el Real Madrid. Zizou ha encontrado en él la mezcla perfecta entre magia, efectividad y seriedad que le encanta en sus jugadores y que quizás no tenía en la plantilla desde la irrupción de Marco Asensio en 2016.

El brasileño ha devuelto la alegría al Bernabéu con su aparición, ha traído la samba de nuevo, y eso ya es mucho decir para un estadio que llevaba demasiados meses como sin vida. Nadie puede vaticinar si la progresión del jovencito seguirá siendo a partir de ahora exponencial, pero de momento ya ha levantado a muchos de sus asientos y demostrado que los 45 millones de traspaso pagados por él hace ya más de un año al Santos fueron una gran inversión. Por ahora, poco más se le puede pedir


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