Rodrigo Cortés: "Creo que hay algo casi sagrado en la ausencia de propósitos"

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Madrid, 4 jun (EFE).- Rodrigo Cortés, el director de cine español que convirtió en un éxito global la historia de un hombre metido en una caja ("Buried", 2010) es también escritor y acaba de publicar "Los años extraordinarios", una novela que a base de humor absurdo propone un recorrido alternativo por la historia del siglo XX.

Jaime Fanjul Andueza, así se llama el protagonista, es un salmantino nacido en 1902 que a lo largo de siete décadas recorre medio mundo -casi todo caminando- y asiste entre perplejo y desinteresado a fenómenos como la llegada del mar a Salamanca o una guerra civil entre Alicante y el resto de España.

"Creo que hay algo casi sagrado en la ausencia de propósitos, no esperar nada te coloca muchas veces en una posición abierta para absorber lo que Orson Welles llamaba los divinos accidentes, esta novela está escrita así por un motivo", asegura en una entrevista con Efe.

Cortés estaba inmerso en el montaje de "Blackwood" (2018), una gran producción con Uma Thurman como protagonista, en esa etapa en la que "las películas entran en una picadora de carne en la que todo el mundo tiene algo que decir".

Montaba 18 horas al día y dormía apenas cuatro, pero entre 'renderizados' y ratos muertos sacaba su Ipad con teclado y se ponía a escribir. Al cabo de una semana tenía 30.000 palabras, un tercio de la novela.

"Con el tiempo me di cuenta de que había un acto vindicativo inconsciente de libertad creadora, una necesidad de hacer algo no sometido a la opinión de nadie ni a estudios de mercado, el puro goce de la creación", dice.

Cortés (Pazos Hermos, Orense, 1972) se define como lector voraz y "desestructurado". Con 9 años leyó por primera vez a Kafka.

"No pretendo hacerme pasar por un geniecillo que comprendía la hondura de Kafka con 9 años, pero para mi era muy parecido leer las historias de Poe y ver cómo Gregorio Samsa se levantaba una mañana convertido en escarabajo, todo formaba parte para mi de una visión fantástica de las cosas".

De niño lo mismo leía "Viven", la tragedia de los Andes, que los cómics de Zipi y Zape. "Robaba libros de la estantería de mis padres, para mi era una experiencia siempre gozosa y a veces furtiva, cuando era hora de dormir me apagaban la luz y yo me metía debajo del edredón con una linterna para seguir leyendo", recuerda.

La crítica ha visto en "Los años extraordinarios" ecos de Valle Inclán y de Jardiel Poncela, de Cervantes y de Jonathan Swift.

"Los referentes son inconscientes, son bagaje, somos lo que comemos y formas parte de una tradición, esta novela no podría haberla escrito un mexicano o un belga", señala Cortés.

"Aunque recorra medio mundo, es un viaje que empieza con Cervantes y su visión indulgente de las cosas, Quevedo más agresivo, Valle, Cunqueiro, Azcona, Mendoza... es una novela arraigada en lo que somos y tiene que ver con todas esas lecturas como con Kipling, Saint Exupery o Swift".

La visión fantástica se manifiesta a través de fantasmas, gente que levita, niños que aparecen de la nada. "Es una sobrenaturalidad cercana, si un teósofo levita lo hará 5 centímetros, no más y si alguien viaja en el tiempo será a hace un par de minutos", advierte.

Como escritor, Rodrigo Cortés debutó en 2013 con "A las 3 son las 2", una colección de aforismos recopilados de su cuenta de Twitter, por aquel entonces un laboratorio creativo. "Twitter se ha oscurecido, se ha ido haciendo más denso y sometido a ansiedades extrañas y neurosis compartidas (...), hace diez años era un remanso creativo mucho más estimulante".

Su primera novela la publicó un año después, "Sí importa el modo en que un hombre se hunde" y ésta es la segunda. Pero sobre todo Cortés es conocido por su meteórica y singular carrera cinematográfica que le ha llevado a dirigir a actores como Robert de Niro, Sigourney Weaver o Ryan Reynolds.

"Mi forma de abordar los proyectos es guiarme por el miedo", afirma, "si algo te da miedo es buen síntoma, posiblemente sea ahí donde debes meterte mientras que si sabes exactamente dónde estás y cómo hacer lo que tienes delante, seguramente no sea buena idea intentarlo".

Dirigir a De Niro sin duda imponía pero lo recuerda como "una experiencia colaborativa muy afable" y un privilegio. "Probablemente sea el actor vivo más grande, lo cual te da la ventaja de que a partir de ahí, cualquier persona es menos que De Niro", bromea.

Magdalena Tsanis

(c) Agencia EFE