Rocío Monasterio alimenta el bulo del "doble pagador" y la declaración de la renta

M. J. Arias
·4 min de lectura

Decía este jueves Rocío Monasterio que se “penaliza por tener un doble pagador” y proponía la candidata a la presidencia de la Comunidad de Madrid una “bonificación” en dicha región como promesa electoral para compensarlo. Sin embargo, la afirmación de la dirigente del partido de ultraderecha parte de un bulo, de un error relativamente extendido. No existe una penalización a quien cobra de dos o más pagadores que le hace después salir a pagar la declaración de la renta. Cuando eso ocurre es porque la retención durante el año fiscal no se ha aplicado bien.

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“Tienes que buscar más de un trabajo para llegar a fin de mes y encima te fríen a impuestos por tener dos pagadores. Si Vox gobierna en Madrid, se bonificará a los trabajadores con más de un pagador para compensar el sablazo de Hacienda”, aseveraba y prometía Monasterio. El problema de su afirmación es que parte de un dato falso.

La aspirante a presidenta autonómica recibió muchas respuestas y lecciones de fiscalidad a raíz de su tropiezo (voluntario o por desconocimiento) ante el micrófono. Una de las más claras y comprensibles fue la del periodista de economía de El Confidencial Javier G. Jorrín, que recurrió a Twitter para aclarar el asunto. “Lección básica de no tener ni idea de cómo funciona el IRPF. No se pagan más impuestos por tener doble pagador. Lo que ocurre habitualmente es que cada pagador retiene en función de lo que paga, sin tener en cuenta que si hay otra fuente de renta debería retener más”.

Porque el problema, cuando se tienen dos pagadores o más, reside ahí, en el desconocimiento del segundo y posteriores de la existencia del resto. Al no saberlo, el cálculo de la retención del Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas en la nómina que se aplica se hace en base a lo que ese pagador está pagando y no al cómputo global. Eso arroja como resultado un desajuste en el porcentaje que se compensa en la declaración de la renta.

En la web de Bankinter lo explicaban con un ejemplo práctico. Un trabajador con un único pagador y un sueldo bruto de 32.000 destina un 17% de su nómina al pago del IRPF. Dependiendo de sus circunstancias y posibles desgravaciones, la declaración de la renta debería salirle a cero. 

Otro asalariado, con el mismo sueldo pero dos trabajos se encuentra con la situación de que la primera empresa le retiene ese 17% durante el tiempo que trabaja con ellos hasta que, digamos, a mitad de año, cambia y se va a otra. Su nuevo pagador calcula que como son seis meses, el sueldo bruto son 16.000 y el IRPF a aplicar es de un 9%. Y ahí es donde está el error extendido. No se ha tenido en cuenta al anterior pagador ni el cómputo global anual. Como la retención debería haber sido del 17%, cuando se hace la declaración de la renta toca pagar la diferencia.

Monasterio hablaba del supuesto de tener que tener más de un trabajo para poder llegar a fin de mes. No es el único escenario en el que esto sucede. Pasa también como en el ejemplo anterior, cuando se cambia de trabajo dentro del mismo año o cuando se ha estado en paro y se empieza a trabajar, o a la inversa. En todos esos casos existe más de un pagador. Si se supera el mínimo exento, el contribuyente debe hacer la declaración de la renta.

La regla fiscal es que se está exento si se gana menos de 22.000 euros al año en el caso de un pagador. Cuando existen dos o más ese límite se reduce a 14.000 siempre y si “la suma de las cantidades percibidas del segundo y restantes pagadores, por orden de cuantía, no superan en su conjunto la cantidad de 1.500 euros anuales”. Si la supera, hay que declarar.

Lo que se deduce de la norma fiscal y de la realidad laboral no es que exista una penalización a quien tiene más de un pagador, sino que la retención que se aplica no es la correcta. Pasa cuando se cambia de trabajo y también cuando se está pluriempleado. Porque, en ese segundo escenario, es posible que cada pagador haga el cálculo de la retención del IRPF en función de lo que paga, sin tener en cuenta la existencia de otro que eleva el cómputo global anual. 

La solución no estaría en una bonificación como propone Monasterio. La contempla la propia realidad fiscal y consiste en pedir a los pagadores que se aplique un IRPF mayor acorde a la suma de las distintas nóminas. Haciéndolo así se cumple con el porcentaje correspondiente y la declaración no tiene por qué salir a pagar. 

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