La película (olvidada) en la que Robin Williams muestra su faceta más siniestra

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Nadie toma una fotografía de algo que quiere olvidar” dice el personaje de Robin Williams en la introducción de una de sus películas. Una frase certera que casi veinte años después se antoja de lo más irónica. ¿Por qué? Porque ningún actor plasma una historia que quiera que pase al olvido, más bien todo lo contrario, y sin embargo fue justo lo que le pasó a esta película. Un thriller que incluso ahora, casi veinte años después, sigue pasando desapercibo en medio de la marea de personajes carismáticos, inolvidables y legendarios de este actor tan querido por el público.

Si, un thriller, ese género que Robin Williams tocó en muy pocas ocasiones sin recibir los mismos aplausos y reconocimientos que con sus comedias y dramas amables. Les hablo de Retratos de una obsesión, una película donde plasmaba para la posteridad lo inconmensurable que era su talento con una cara muy distinta a la que siempre nos tuvo acostumbrados.

Póster de Retratos de una obsesión (Twentieth Century Fox)
Póster de Retratos de una obsesión (Twentieth Century Fox)

Robin Williams siempre será uno de los rostros más recordados entre generaciones de cinéfilos. Un actor que supo conquistarnos con un carisma especial para hacernos reír a base de una espontaneidad alucinante, una rapidez para el humor pocas veces vista y una simpatía que traspasaba la pantalla. Y prueba de ello, de la huella que dejó en el recuerdo del mundo, es que desde 2014, cada 11 de agosto se convierte en uno de los nombres más comentados en Twitter. Es el día que se cumple el aniversario de su muerte. El día que se quitó la vida acechado por el horror de una enfermedad que estaba degenerando su mente para siempre: demencia con cuerpos de Lewy.

Su figura ha quedado tan intrínsicamente hilada a su cine que es hablar de él y recordarlo gritando los buenos días en Good Morning, Vietnam (1987), recitando frases inspiracionales en El club de los poetas muertos (1989), provocándonos lágrimas en Despertares (1990), El indomable Will Hunting (1997) o Patch Adams (1998), haciéndonos reír a carcajadas en Una jaula de grillos (1996), viviendo aventuras en Jumanji (1995) o vestido de Peter Pan o la Sra. Doubtfire. Sea como fuere, lo que intento decir es que es imposible no asociar su nombre con uno de los tantos personajes que han quedado grabados a fuego en el recuerdo del mundo. Imágenes que, cada 11 de agosto, inundan la red del pajarito con la nostalgia y cariño del público.

Sin embargo, la mayoría de esos personajes pertenecen a la comedia, cine familiar o drama. Fue a través de la risa y las historias más emotivas que se hizo un hueco en el corazón cinéfilo de miles de espectadores. Y no es para menos, su habilidad para traspasar la pantalla con una sonrisa contagiosa y una mirada amable lo convirtieron en uno de los actores más cercanos con su público. Y es que Robin no concebía la vida sin humor. Era su naturaleza y su mecanismo de defensa ante los demonios internos que le acecharon durante mucho tiempo por culpa del alcohol. No obstante, fue un actor que supo expandir su rango interpretativo en varias ocasiones, dando el salto a géneros que desafiaban esa imagen amable.

Pero ese mismo público estaba muy acostumbrado a verlo como el hombre de las risas y el señor de la lágrima fácil a través de dramas entrañables, y sus papeles de villano pasaron casi sin hacer ruido por la taquilla mundial. Fue el caso de dos películas que se estrenaron con pocos meses de diferencia en 2002: Insomnia y Retratos de una obsesión. La primera fue la película que Christopher Nolan hizo después de Memento, un drama psicológico donde Robin era un asesino que ponía a prueba a un policía veterano (Al Pacino) con un juego del gato y el ratón retorcido, oscuro e inquietante. Sin embargo, en esta historia Williams era el asesino evidente, y a pesar de hacer un trabajo magnífico retratando el acecho y amenaza de su presencia, su figura villanesca se daba por hecho en cada secuencia. La cinta fue bien recibida por la critica e hizo una taquilla decente que sirvió para colocar a Nolan en las miras del cine más comercial.

Pero hablemos de la segunda, Retratos de una obsesión, porque es aquí donde Robin Williams lograba crear un villano diferente, mareando nuestras emociones, desde hacernos sentir pena por él a de repente convertirse en un ser espeluznante.

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En esta película, que actualmente pueden encontrar en el catálogo de Disney+, el actor interpretaba a Sy, un hombre solitario y amable que conocía todos los secretos de sus clientes al ser el encargado de revelar los rollos fotográficos de un gran almacén. Su soledad lo llevaba a vivir a través de las instantáneas de los clientes, creando una obsesión patológicamente sociópata con una familia en particular.

Con un estilo casi kubrickiano, el director Mark Romanek nos adentraba en la vida de este personaje incómodo e introvertido, que acechaba a esta familia en secreto creando una realidad paralela en donde comienza a cruzar líneas invisibles altamente cuestionables. Si bien la película escondía un drama sobre las consecuencias de los traumas, el rechazo social y la soledad de toda una vida, conseguía crear un villano peligroso que, en la piel de Robin Williams, cobraba matices amables capaces de cuestionarnos nuestra propia cordura. Porque ¿cómo vamos a simpatizar con un acosador, verdad? Pues Robin lo conseguía jugando con ese rostro amable que tanto conquistó a lo largo de su carrera.

No obstante, lo que hoy destaco de esta película es el talento de Williams para crear un personaje tan siniestro. Porque más allá de la historia, es su actuación la que consigue transmitir una incomodidad bizarra con su presencia. Algo que logra al interpretar a su villano en un plano sutil, de gestos leves, de andares pausados, de diálogos con risas tímidas. Porque si en la comedia, Robin era todo gestos y energía cómica a la máxima potencia, en sus villanos potenciaba el silencio y la calma perfecta. Tan perfecta como un animal en acecho. Pausado, atento pero neutro. Y resulta de lo más inquietante y provocador.

El mundo recuerda con especial cariño su faceta maniacamente graciosa y emotiva, pero Robin nos dejó otras actuaciones que plasmaron un talento capaz de abarcar más. Mucho más. Y en vista de lo mucho que lo recordamos cada 11 de agosto, era hora de hacerle justicia.

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