Roberto Bautista, el "tenista maldito" que por fin encontró la gloria

Roberto Bautista celebra su victoria en la final de la Copa Davis. Foto: Óscar J. Barroso / AFP7 / Europa Press Sports via Getty Images.

“Me dormí desde las 2.30 a las 9. Yo por dentro sabía que iba a jugar la final, sin haber preguntado al capitán, Bruguera. Él me dice cómo me veo y si quiero salir a pista. He entrenado y luchado toda mi vida para tener una oportunidad de jugar una final de la Copa Davis. Fue muy emocionante, no he vivido una sensación así en mi vida. El público de Madrid siempre ha sido ejemplar y fue clave para sacar la eliminatoria. Se me pusieron los pelos de punta muchas veces. La cabeza estaba en el partido, hay que abstraerse de todo lo personal”.

Quien se expresa de esta manera es Roberto Bautista Agut, tenista de 31 años, natural de Castellón, y uno de los integrantes de la selección española que acaba de proclamarse campeona de la Copa Davis. Sus palabras son especialmente impactantes justo en este momento, porque la gloria profesional le ha llegado en uno de sus peores momentos íntimos. Bautista es un hombre con quien la desgracia se ha cebado; la muerte de su padre es solo el último episodio.

Tal como acaba de contar a la cadena COPE, los últimos tiempos han sido durísimos para él. Joaquín Bautista, el hombre que le dio la vida, llevaba desde 2016 en estado extremadamente grave debido a un accidente. “Desde aquel día hemos vivido con angustia y con los nervios a flor de piel porque sabíamos que en cualquier momento se nos podía ir. Tuvo una lesión en las cervicales y dependía al 100% de un respirador de ventilación asistida y de gente. Sabíamos que cualquier día podía pasar, no ha sido justo esta semana sino que llevo tres años y medio viviendo con una agonía constante. (...) Con la situación que estaba, casi mejor que esté ahora mismo descansando, porque estaba sufriendo demasiado”.

Si el fallecimiento de un padre tras una agonía tan larga y terrible ya de por sí es un trago difícil de superar, en el caso de Roberto las cosas son aún peores. Primero, porque ha llegado en el momento más inoportuno, y no solamente por la Davis. El castellonense lleva todo el año preparando su boda, que está prevista (y se mantiene) para este mismo fin de semana. “Me caso el sábado porque no tengo más fechas. Ana me ha dicho si quiero cambiarlo todo pero quiero seguir adelante. Yo le dije a mi padre que el mejor regalo de boda era que estuviera con nosotros ese día”.

Pero además no es la primera vez que la tragedia le golpea de la manera más cruel. Esther Agut, su madre y principal apoyo ante el estado de Joaquín, también perdió la vida como consecuencia de un infarto en 2018, poco antes de que empezara Roland Garros. El tenista, hijo único, de repente se vio solo, sin poder estar todo lo cerca que le gustaría de su familia debido a los compromisos profesionales que le obligaban a viajar casi constantemente por el mundo.

Entonces hizo lo mismo que ahora: seguir adelante. No quedarse encerrado llorando sus penas, sino sacar fuerzas de donde no las hay para continuar. Entonces, viajar a París y competir hasta donde pudo: iba como 13º cabeza de serie y cayó eliminado en tercera ronda tras plantarle batalla a Djokovic en cuatro sets. Esta vez, tras ausentarse de la convocatoria el jueves, volver a Madrid e incorporarse a los entrenamientos para ayudar a sus compañeros. No solo eso: además, en vista de que Marcel Granollers y Pablo Carreño estaban renqueantes de sus lesiones, compitió en la final y tuvo una participación destacada, al derrotar en el primer partido (7-6, 6-3) al canadiense Félix Auger-Aliassime y sumar el primero de los dos puntos que necesitó España para ser campeona.

“Yo he ganado los ocho partidos, pero os lo digo con la mano en el corazón, aquí la persona que ha sido vital ha sido él. Lo que ha hecho, para mí, es algo casi inhumano. No lo sé explicar. Es un ejemplo para el resto de mi vida”. Así de impresionado se quedó Rafa Nadal, su compañero en el equipo español, con el coraje que demostró Bautista al volver para participar en la final, en la que además fue determinante al derrotar en el primer partido (7-6, 6-3) al canadiense Félix Auger-Aliassime y sumar el primero de los dos puntos que necesitó España para ser campeona.

Roberto explicó su regreso a la final en la misma entrevista en la COPE: “Cuando recibo la llamada estaba a una hora de Madrid. Yo ya lo había decidido. Estábamos comiendo algo y el doctor llamó a Pepe [Vendrell, su entrenador] y le dijo que el equipo estaba un poco tocado, que para el domingo tal vez me necesitaban. (...) Cuando estás en el sofá de casa valoras mucho más lo que estabas viviendo, quería estar jugando la eliminatoria. Después de todo el cariño del equipo y yo quise darles una sorpresa el sábado por la tarde. No tenía pensado jugar porque no estaba en condiciones, ni anímicas ni tenísticas. Me puse a entrenar un poco como pude”.

Esta tenacidad, esta capacidad de superar las dificultades, es la característica principal de un deportista como Roberto, que no ha tenido una carrera fácil. Siempre a la sombra de otros tenistas españoles de más renombre, su trayectoria desde que debutó como profesional en 2009 ha estado marcada por la irregularidad, alternando victorias meritorias contra rivales en el top-10 con derrotas inesperadas a manos de oponentes por debajo de su nivel. Ha tenido la fortuna de que, en general, las lesiones le respetaran durante su carrera, pero aun así, por unas cosas u otras, a veces por un fallo puntual en el momento mas inoportuno, nunca ha logrado consolidarse entre los mejores de los mejores.

De hecho, su mayor logro hasta ahora es el torneo de Dubái de 2018, de categoría World Tour 500. En 2016, en el Masters 1000 de Shanghai, llegó a plantarse en la final, dejando por el camino al propio Djokovic (en aquellos tiempos número uno de la ATP) y a otros nombres ilustres como el francés Tsonga. En la final, contra Andy Murray, empezó muy bien y llegó a forzar el tie-break en el primer set, pero luego se vino abajo y acabó cayendo por 7-6, 6-1, tras cometer hasta 25 errores no forzados.

Es ahora, en su madurez y tras mucho sufrimiento, cuando empieza a recoger los frutos de tanto trabajo. Este 2019 ha sido hasta ahora su mejor año como profesional, hasta el punto de que, además de ganar la Davis con España, se ha metido entre los diez mejores del mundo (es el noveno ahora mismo) y ha conseguido sus mejores resultados en Grand Slams: semifinales en Wimbledon y cuartos en Australia.

Roberto usa la raqueta como refugio de sus problemas personales. Veremos si su progresión sigue en aumento; de momento, ya ha demostrado que tiene fortaleza mental para afrontar los golpes más duros no solo de sus contrincantes con la raqueta, sino de la vida. Porque esa es la única manera que conoce: como él mismo dice, “mi padre me habría dado un tirón de orejas si me quedo en casa”.

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