Adiós, Moreno, hola, Luis Enrique: la chapuza que empañó la fiesta de la Selección

Sergio Ramos (derecha) da la mano a Robert Moreno durante el partido de ayer entre España y Rumanía. Foto: Quality Sport Images/Getty Images.

Una de las partes buenas de viajar y conocer gente es darse cuenta de que los tópicos más negativos que uno considera anclados a la propia nacionalidad en realidad son constantes humanas que, más o menos, se repiten por todas partes. Hasta los muy eficientes alemanes tienen en su vocabulario el concepto “Stümperei”, equiparable, matiz arriba o abajo, a nuestra “chapuza”. Así que no, no caeremos en el prejuicio de decir que según qué cosas “solo pasan en España”. Eso sí, aquí podemos presumir de haber elevado el esperpento a la categoría de obra de arte. Nuestro problema, sobre todo, no es que hagamos las cosas mal, sino que las transmitimos mal y damos la sensación constante de haberla liado parda.

Lo que está ocurriendo con la selección masculina de fútbol, y más en concreto con la figura de Robert Moreno, es un ejemplo excelente. Resulta difícil imaginar cómo se podría haber gestionado peor una situación que, vendida de la manera adecuada, podría haber transmitido una imagen buenísima tanto de la Real Federación Española de Fútbol (RFEF) como de las personas implicadas, y más habiendo ocurrido cuando los resultados deportivos acompañan, pero que sin embargo se ha convertido en un vodevil que hará correr ríos de tinta.

Algo muy extraordinario tiene que ocurrir para que la Roja cambie de entrenador justo al día siguiente de clasificarse como primera de grupo para la Eurocopa goleando a una de sus principales rivales y garantizarse una plaza como cabeza de serie en el sorteo. Y sin embargo, Robert Moreno, el hombre que ayer mismo estaba sentado en el banquillo del Wanda Metropolitano, no dirigirá al equipo en el torneo. En su lugar, será Luis Enrique el que se haga cargo del equipo. El mismo Luis Enrique que ya era seleccionador tras el Mundial y que se apartó del puesto debido a la tragedia familiar que sufrió hace unos meses.

En principio era de esperar; la Federación ya había dicho que, dadas las circunstancias, Luis Enrique podría volver cuando quisiera, puesto que el proyecto en el que habían apostado era el suyo y la única causa de que se marchara había sido su problema personal; el propio Robert Moreno, que formaba parte del cuerpo técnico del asturiano en su primera etapa, había ofrecido dar un paso al lado si su antecesor deseaba regresar. Lo extraño es que Moreno, ayer, se marchó del estadio entre lágrimas, sin querer comparecer ante la prensa, y sin haber acudido a la reunión a la que estaba convocado con Luis Rubiales, presidente de la RFEF, y José Francisco Molina, director deportivo de la selección,

Precisamente esta misma mañana Rubiales y Molina han dado una rueda de prensa en la que han contado su versión de los hechos, según la cual fue Moreno quien tomó la decisión de marcharse al saber que la Federación había decidido repescar a Luis Enrique. Indican también que ellos no tenían intención de hacer movimiento alguno hasta que la fase de clasificación no hubiera concluido, pero que fue este movimiento de Robert el que precipitó los acontecimientos y les forzó a volver a llamar al asturiano.

Durante esta intervención los periodistas presentes han reprochado a los directivos que el desencadenante de los hechos puede haber sido que, tras el partido del viernes pasado en Cádiz contra Malta, no confirmaron en su posición de seleccionador a Moreno de cara a la Eurocopa, lo que habría llevado al entrenador a consultar a Molina sobre su situación; Molina le contestó que iban a “valorar” la situación, a raíz de lo cual, el mismo lunes por la mañana, el entrenador comunicó que no quería seguir, y que solo en ese momento se pusieron en contacto de nuevo con Luis Enrique.

¿Las explicaciones son creíbles? Corresponde a cada uno juzgarlo, aunque hay que reconocer que resulta un poco extraña la actuación de Moreno si las cosas fueron realmente así. El seleccionador dimisionario llegó a declarar, justo antes del partido contra Rumanía, que calificaba con un 10 su trabajo al frente de la Roja y que confiaba en estar en la Eurocopa. Y cuando la prensa le preguntó por su futuro, no dudó en asegurar que se sentía respaldado.

Falta por saber la opinión del propio Moreno sobre todo este asunto, que aún no conocemos porque ayer no compareció ante los micrófonos tras el partido y hoy, dice Molina, no ha acudido a la cita a las 10 de la mañana, sino que directamente ha mandado a sus abogados. Tampoco conocemos (y Rubiales ha dicho que es un tema en el que no se va a meter porque escapa a sus competencias) si hay algún tipo de problema personal entre Moreno y Luis Enrique. No obstante, hay especulaciones que indican que la relación entre ambos está rota, puesto que el entrenador recién destituido se veía capacitado para seguir y se consideraba avalado por los buenos resultados logrados hasta ahora.

Desde la RFEF insisten en que su gestión ha sido siempre correcta y que han ido permanentemente con transparencia. Casi dan a entender que la causa de todo es una pataleta infantil de Robert Moreno, lo cual cuesta un poco de creer visto el carácter tranquilo que había mostrado durante su breve etapa al frente de la Selección. Es cierto que a lo que acudían Rubiales y Molina era a defender su actuación, pero se echa en falta algo de autocrítica.

Aceptando como real su versión, se habrían evitado muchos problemas dejando claro desde un primer momento que Moreno no era más que un interino y que, independientemente de sus resultados, su puesto tenía fecha de caducidad en el mismo momento que Luis Enrique dijera que quería volver. Alegan desde la RFEF que justo eso es lo que hicieron, pero es evidente que no les salió bien; si no, no habríamos llegado a este punto. Más si tenemos en cuenta que, con el propio Rubiales al frente, ya hay otro precedente de salida tortuosa de seleccionador: el de Lopetegui justo antes del Mundial de 2018. Además, claro, de otra serie de asuntos muy conflictivos que están salpicando a la entidad rectora del fútbol español, como la Supercopa en Arabia Saudí, la guerra eterna e irresoluble con la LFP o la situación del fútbol femenino (que ya parece haberse resuelto).

Los unos por los otros, el fútbol español está transmitiendo una imagen lamentable en el que debería ser un día de felicidad, tanto por la clasificación lograda con brillantez como por la vuelta de Luis Enrique tras la desgracia que le tocó vivir. Es una lástima porque dentro de la propia Federación hay profesionales de la comunicación de excelente valía; sin ir más lejos, las cuentas de la Selección en las redes sociales son un ejemplo de buen hacer, dinamismo y cercanía con los aficionados. Pero lamentablemente la tendencia a la chapuza nos supera.

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