Rivera acapara los focos del primer Pleno ¿Saca pecho o va de farol?

Albert Rivera ha intentado romper el ritmo del Pleno en dos ocasiones. (Photo by Angel Navarrete - Pool/Getty Images)

Arranque de legislatura. Primer día de clase. Jornada para la votación de la presidencia y la Mesa del Congreso, para la toma de posesión del cargo... y Albert Rivera ya la ha liado. Antes incluso de que la socialista catalana Meritxell Batet se familiarizara con las funciones de su nuevo cargo de presidenta, el líder de Ciudadanos ha protestado enérgicamente tras las fórmulas de acatamiento empleadas por los diputados independentistas. Concretamente, la del diputado de ERC Oriol Junqueras, que ha tomado posesión de su escaño prometiendo su cargo "por el compromiso republicano y como preso político".

Rivera ha interpelado a Batet quejándose airadamente por "permitir que se hable de presos políticos en una democracia", algo que, ha dicho, "insulta el decoro" de la Cámara. Para el líder de la formación naranja, personas que "han pisoteado" la dignidad de España han vuelto hoy a "humillar a los españoles" ante la supuesta pasividad de la presidenta del Congreso.

Ante ello, la nueva presidenta del Congreso le ha recordado que, según jurisprudencia, “ todas las fórmulas son legales” y que en ningún caso "se ha mermado la esencia del acatamiento", que es el "compromiso de respeto a la Constitución".

Rivera, sin el turno de la palabra, ha invocado de nuevo una cuestión de orden. Lo ha hecho gesticulando con vistosos aspavientos para incidir en su queja y buscando, entre otros, la mirada del líder del PP, Pablo Casado. Aunque acto seguido ha guardado la compostura ante la guinda de Batet por la que garantizaba que “esta presidencia será ejercida en todo momento para que haya respeto a la Carta Magna, respeto a la Ley... y respeto al otro”. Punto de set.

Por si las cámaras del circuito interno del hemiciclo -que reproducen todas las cadenas de televisión- no lo hubieran recogido, ha tuiteado desde su escaño lo ocurrido señalando que era “una ofensa lo ocurrido”.

Desde la bancada del PP, Casado asistía asombrado a la ‘performance’ de Rivera, pero no le dedicado ni un solo gesto cómplice. El líder popular no quería entrar al trapo de pelear por quién es el líder de la oposición. Para empezar porque el cargo, como tal, no existe; No hay ninguna punto del reglamento del hemiciclo que así lo reconozca.

Y segundo, porque el Casado que apeló al centrismo tras el batacazo del 28-M no podía hoy salirse del guion a cinco días de las elecciones autonómicas y municipales.

Esa es la gran duda que deja lo acontecido hoy en la Cámara Baja. ¿Rivera ha querido marcar el compás del marcaje férreo que le espera a Pedro Sánchez en los próximos meses? ¿O ha ido de farol para desbordar a Vox -despistado en el juego de sillas- para figurar como el verdadero candidato solvente de la derecha de cara al 26-A?

Si la respuesta correcta es la primera, a Sánchez le van a quedar pocas dudas acerca de si debe, o no, tirarse en brazos de Unidos Podemos para pactar una investidura serena y una legislatura bajo control.

Si es lo segundo, y la cosa le sale bien, Rivera tendrá el horizonte un poco más despejado ya que Casado sufrirá un serio desgaste para contener las discrepancias internas por una estrategia que, según los sondeos, le hace perder la Comunidad de Madrid. Su único gran bastión regional junto a la Xunta de Galicia.