Los riesgos de la automedicación

Los medicamentos ayudan a tratar y curar enfermedades. De eso no hay duda. Pero no hay que olvidar que tienen aplicaciones específicas para tratar determinados síntomas o procesos, que necesitan de unas dosis correctas, ni más ni menos de lo necesario, y tienen un ritmo y un tiempo de aplicación para que sean eficaces. Todas estas circunstancias hacen que su indicación y utilización deba ser prescrita por una persona experta en la materia, ya sea médico, farmacéutico o sanitario con conocimientos y experiencia suficientes para valorar la evolución de un síntoma o de una enfermedad.

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Y es que los medicamentos pueden actuar de forma diferente en unas y otras personas con más o menos sensibilidad o resistencia a ellos. Además, todos tienen efectos colaterales o secundarios. En ocasiones se acumulan, otras veces se potencian y en otras pueden perder eficacia. Por tanto, no hay que perder de vista que los medicamentos son eficaces y beneficiosos cuando se utilizan bajo prescripción y control médicos. Sin embargo, pueden resultar muy peligrosos si se utilizan por iniciativa propia sin consejo médico.

En definitiva, la automedicación representa un grave riesgo para la salud. Tomar una medicina porque a alguna persona allegada le sentó bien o por que se ha oído que ‘va bien’ es un tremendo error. Veamos por qué.

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¿Qué es un Medicamento?

Una medicina o un medicamento es un preparado farmacológico que se presenta de diferentes formas (viales, comprimidos, supositorios, óvulos, pomadas, jarabes, gotas, aerosoles, etc.) para poder acceder a nuestro organismo por la vía más adecuada. Está formado, fundamentalmente, por el fármaco, que es el principio activo que va a ejercer la función terapéutica, y por otras sustancias que lo acompañan y que son necesarias para una correcta administración y eficaz absorción.

Su indicación, aplicación, dosis, vía de administración, acción, duración del tratamiento, efectos secundarios y tóxicos deben ser regulados y conocidos por la persona que los recomienda y, en muchos casos, por el paciente que los utiliza.

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Medicamentos más frecuentes en la automedicación

La automedicación es un problema de grandes proporciones en nuestro país. Los españoles gastan una fortuna en automedicación. De hecho, según anunció la Sociedad Española de de Medicina Familiar y Comunitaria (semFYC), una de cada tres españoles la practican y, gastan una media de 31,20 euros en medicamentos sin receta, generalmente, para el constipado y la tos. Según la consultora Statista, el gasto anual ronda los 1.449 millones de euros.

Los medicamentos de los que más se abusa son los analgésicos, los antibióticos, los antiinflamatorios y los tranquilizantes.

Todos ellos tienen riesgos para la salud, sobre todo, si se toman sin control médico. Pueden dar origen a reacciones adversas, toxicidad, resistencias, reacciones secundarias no deseadas, intoxicación y, en algunos casos, dependencia.

Analgésicos

El ácido acetilsalicílico (aspirina), el paracetamol y el ibuprofeno son los fármacos más utilizados. Además de analgésicos, son todos ellos antitérmicos. El dolor de cabeza, el dolor de espalda, el cansancio y los dolores articulares son las patologías en las que más se utilizan. Pero, aunque son eficaces si se administran correctamente y cuando es necesario, pueden ser muy peligrosos si se abusa de ellos o si los pacientes presentan alguna patología previa que los contraindique.

La aspirina, por ejemplo, tiene como riesgo principal la alteración de la mucosa gástrica (gastritis erosiva) con sangrado agudo. Además, puede producir hipoglucemia (bajada de azúcar) y disminución de la coagulación de la sangre. Está desaconsejada en niños pequeños, por el riesgo de potenciar el Síndrome de Reye.

El ibuprofeno también puede afectar al aparato digestivo, aunque en menor grado que la aspirina. El paracetamol, por su parte, es el mejor tolerado, aunque su hiperdosificacion puede alterar la función hepática.

Antibióticos

Los problemas más frecuentes en la automedicación con antibióticos son el de la indicación y la duración del tratamiento. Su abuso, sin indicación médica, suele realizarse en los procesos febriles que tienen un origen vírico, para los que no son efectivos y, por lo tanto, innecesarios.

La toma de antibióticos debe durar, al menos, siete días. La interrupción prematura del tratamiento es un error frecuente que da lugar a resistencias bacterianas, un fenómeno que perjudica al paciente y a futuros usuarios de ese mismo fármaco.

Antiinflamatorios

Las enfermedades reumáticas, los traumatismos y los dolores musculares y articulares son las indicaciones más frecuente de este tipo de medicamentos.

Aunque su eficacia está probada, la mayoría de estos fármacos tienen un efecto lesivo sobre la mucosa gástrica. El uso indiscriminado de estos preparados puede alterar el aparato digestivo, retener líquidos y alterar la función hepática y renal. Su uso debe ser controlado y dirigido por un especialista.

Tranquilizantes

Los tranquilizantes, ansiolíticos y los antidepresivos son los fármacos más utilizados en nuestra sociedad y entorno. Su uso abusivo e indiscriminado crea graves problemas personales y sociales. Producen dependencia cuando se toman durante un largo periodo de tiempo y sin el control de un especialista. Además, pueden dar lugar a graves alteraciones del sueño, del comportamiento y de la personalidad.

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